Ozempic, Wegovy y Mounjaro se han convertido en España, como también ocurre en otros países, en un fenómeno social, alimentando la idea de que adelgazar rápido es, ante todo, una cuestión de dosis ajustadas y tarjeta de crédito a punto. En 2024, se vendieron en nuestro país más de 5,5 millones de unidades de agonistas de GLP-1, generando una facturación de unos 484 millones de euros. Las cifras sonrojarían a cualquier dieta mediterránea. Si el sector mantiene el mismo ritmo de crecimiento, se prevé que para 2027 más de 940.000 personas consuman este tipo de medicamentos, según la consultora Lantern.

El entusiasmo, sin embargo, vino acompañado de desabastecimientos, tensiones en el sistema sanitario, obsesión por conseguir receta, un mercado paralelo fuera de la ley y efectos no controlados. Mientras tanto, el debate crece: ¿tratamiento médico o atajo estético?, ¿salud o negocio?, ¿solución duradera o moda farmacológica?
La ciencia responde
Una investigación viene a aguar la fiesta confirmando el efecto rebote que ya se temía. No solo no desaparece al dejar estos fármacos, sino que puede regresar más rápido que después de finalizar un programa de peso conductual. Es la conclusión de un grupo de investigadores del departamento de Ciencias de la Salud de Atención Primaria Nuffield de Oxford, publicado el jueves en The BMJ.
La información es oportuna en un momento en el que se conoce que aproximadamente la mitad de las personas interrumpen el tratamiento con agonistas del receptor GLP-1 dentro de los 12 meses. Los autores revisaron 37 estudios que incluyeron a 9.341 adultos. Al suspender loa semaglutida y la tirzepatida, la recuperación fue de un promedio de 0,8 kilos al mes. Se prevé que el retorno al peso inicial se produzca en aproximadamente 18 meses. Seis meses antes que con otros programas de pérdida de peso. Los participantes perdieron una media de alrededor de 15 kilos, pero recuperaron 10 kilos en los doce meses siguientes.
El problema no son solos los kilos, también la salud. Los marcadores cardiometabólicos, incluidos HbA1c (hemoglobina glicosilada), glucosa en ayunas, presión arterial, colesterol y triglicéridos, mejoraron durante el tratamiento, pero se estima que volverán a los niveles basales aproximadamente 16 meses después de suspender los medicamentos.
El riesgo de no modificar los hábitos
“Estos medicamentos están transformando el tratamiento de la obesidad y pueden lograr una pérdida de peso significativa. Sin embargo, nuestro análisis muestra que las personas tienden a recuperar peso rápidamente después de suspenderlos, más rápido que con los programas conductuales”, explica el doctor Sam West, autor principal. El motivo no es, en su opinión, una deficiencia de los medicamentos, sino que la obesidad es una enfermedad crónica y recurrente. Quienes los consumen tienden a considerar que no necesitan cambios en sus hábitos, por lo que no desarrollan estrategias prácticas que ayudarían a mantenerse. Esto constituye una advertencia para el uso a corto plazo sin un enfoque más integral para el control del peso”, indica West.

No obstante, los autores señalan que estos resultados no restan importancia a la valiosa utilidad de estos medicamentos, sino que respaldan el enfoque de cualquier sistema de salud de priorizar a las personas con obesidad grave y compleja, que son las que tienen más probabilidades de beneficiarse. La profesora Susan Jebb , coautora principal, añade: “La obesidad es una enfermedad crónica y recurrente, no un problema a corto plazo con solución rápida. Cuando las personas pierden peso mediante cambios en su dieta y actividad física, están practicando las habilidades que ayudan a mantener esa pérdida. Es posible que con la medicación se pierda peso sin que necesariamente se desarrollen esas habilidades. Estos hallazgos subrayan la necesidad de un enfoque más holístico y a largo plazo para el control del peso y de un mayor énfasis en la importancia de la prevención primaria del aumento de peso”.
La pregunta, por tanto, no sería si estos medicamentos funcionan. Claramente lo hacen, dicen los investigadores. “La pregunta es cómo utilizarlos de la forma más eficaz y sostenible dentro de nuestro sistema de salud. Estos hallazgos sugieren que tratar la obesidad requiere un compromiso a largo plazo, no solo de los pacientes, sino también de los sistemas de salud”. No obstante, quienes adelgazaron con estos fármacos cambiando de paso su estilo de vida también lo recuperaron, aunque a un ritmo mucho más lento. En este caso, es previsible que vuelvan a sus niveles iniciales en un plazo de cuatro años .
La obesidad, un problema serio
En el Reino Unido, los médicos de cabecera utilizan cada vez más las inyecciones, que cuestan al NHS 110 libras (126 euros) cada una, para ayudar a las personas a perder peso. En Escocia, con un tercio de la población obesa, se entiende como una forma de ahorro al sistema sanitario, ya que la obesidad le cuesta al país más de 5.000 millones de libras (unos 6.000 millones de euros) al año en muertes prematuras y mala salud. Un 3% del PIB. Un estudio con 700 pacientes del NHS ha descubierto que las vacunas para bajar de peso pueden reducir los días de baja por enfermedad a la mitad. El Instituto Tony Blair para el Cambio Global calcula que sería más barato para el sistema sanitario recetar una inyección para bajar de peso a todas las personas con sobrepeso que tratar las enfermedades y afecciones que causan.

La carga de la obesidad para España ronda los 130.000 millones de euros anuales, un impacto socioeconómico que incluye costes directos (sanitarios), indirectos (pérdida de productividad) e intangibles (calidad de vida), según un estudio reciente de la Fundación Weber para Lilly. Esto ha llevado a una mayor comprensión en consulta de los graves efectos de la obesidad.
Hasta ahora, los medicamentos para bajar de peso solo estaban disponibles en forma de inyecciones. Hace solo unas semanas, la danesa Novo Nordisk, fabricante de Wegovy, ha conseguido la aprobación de una píldora por parte del organismo regulador estadounidense. Esto da la compañía farmacéutica danesa una ventaja sobre su rival Eli Lilly en la carrera por desarrollar una versión del medicamento más fácil de tomar en un mercado global en auge.
No será tampoco un atajo y la investigación sobre el efecto rebote debería servir de advertencia. De momento, hay demasiada confusión, como lo prueba el hecho de que muchos usuarios han sustituido las comidas tradicionales por tentempiés sanos, más ligeros y con menos aditivos. Así lo ha descubierto la cadena de alimentos Waitrose: las inyecciones para bajar de peso, inhibidoras el apetito, están animando al 57% de sus clientes a cambiar las comidas completas por picoteo. ¿Mantendrán estos pequeños placeres naturales cuando abandonen los fármacos y ya no se sientan saciados después unos pocos bocados?


