Salud femenina

Aprender RCP en maniquíes sin pechos pone en riesgo la vida de las mujeres

En caso de parada cardiorrespiratoria, una práctica que puede triplicar la supervivencia, las mujeres reciben un 14% menos de reanimación en público por temor a tocar los senos

Cuando una persona cae al suelo por un paro cardíaco, el cuadro es inequívoco: no hay pulso. Por tanto, no hay ni tiempo ni margen para la duda. La reanimación cardiopulmonar (RCP) practicada por un transeúnte de manera inmediata puede triplicar las probabilidades de supervivencia. Y, sin embargo, la evidencia acumulada en distintos países muestra que si quien se desploma es una mujer, las probabilidades de recibir esa intervención rápida disminuyen.

Cada día, 100 personas fallecen en España por una parada cardiorrespiratoria, lo que equivale a una muerte cada 5 minutos. En total, se producen 30.000 paradas al año, y el 84% de ellas ocurre fuera de los hospitales, en domicilios, centros deportivos o en plena calle. Solo el 49-55% de paradas en mujeres son reanimadas, frente al 55-65% en hombres.

Un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Duke, publicado en el Journal of the American Heart Association, analizó más de 309.000 casos de paro cardíaco extrahospitalario entre 2013 y 2019 en 47 estados de Estados Unidos. El hallazgo fue claro: las mujeres tenían un 14 % menos de probabilidades de recibir RCP y desfibrilación por parte de testigos que los hombres. La desigualdad persistía independientemente de la composición racial del barrio. “Esta disparidad es asombrosa”, afirmó Audrey Blewer, investigadora del equipo. La crudeza del dato se agrava con otro. Fuera del hospital, apenas el 10 % de las personas sobrevive a un paro cardíaco.

“Preocupación por tocar los senos”

Investigaciones previas en Australia, publicadas en la revista Resuscitation, ya habían mostrado que las mujeres tienen menos probabilidades de recibir RCP tras un paro cardíaco y, en consecuencia, menos probabilidades de sobrevivir. . En el Reino Unido, una encuesta de St John Ambulance apuntó sin rodeos a la “preocupación por tocar los senos” como freno para actuar. El temor al contacto físico inapropiado, incluso en una emergencia vital, se impone sobre la urgencia clínica.

Ese miedo, más cultural que jurídico, es una de las razones más citadas para explicar la inacción. Exponer el tórax para colocar correctamente las manos o aplicar un desfibrilador automático implica manipular un cuerpo que la mirada social ha sexualizado de manera persistente. La duda paraliza. Y la parálisis, en estos casos, puede matar.

Pero el problema empieza en la formación. El 95 % de los maniquíes utilizados en entrenamiento carecen de senos. Un estudio dirigido por la doctora Rebecca Szabo, del Royal Women’s Hospital de Melbourne, y publicado en Health Promotion International, analizó todos los modelos de maniquíes de RCP para adultos disponibles en el mercado mundial. De 20 modelos identificados, todos tenían el torso plano. Solo uno ofrecía una superposición de pecho. Ocho estaban explícitamente identificados como masculinos; siete no especificaban género.

La mujer tiene peores tasas de supervivencia en caso de parada cardiorrespiratoria
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La investigación calificó el hallazgo como un problema de equidad con implicaciones en el derecho humano a la salud. No se trata de una cuestión estética. La técnica de compresión no cambia entre hombres y mujeres, subraya Szabo. Pero entrenar exclusivamente sobre torsos planos naturaliza un cuerpo estándar, el masculino, como referencia universal. Cuando el aprendizaje omite la diversidad corporal, el primer contacto con un sostén, con senos, con implantes mamarios o con un pecho voluminoso puede generar vacilación. Y en una emergencia, la vacilación es decisiva.

Un pecho similar al de una artista drag

Szabo inició su estudio al no encontrar maniquíes con pechos para entrenar al personal sanitario en casos de paro cardíaco durante el embarazo, en plena ola de la variante Delta de la COVID-19 en Melbourne en 2021. Ante la ausencia de modelos adecuados, el equipo compró por internet una placa de pecho, similar a la que usaría una artista drag, y la colocó sobre el maniquí para simular un torso femenino.

En el Congreso Europeo de Medicina de Urgencias (EUSEM 2023) se presentaron datos que refuerzan esa constatación. La enfermera investigadora Sylvie Cossette, del Instituto Cardiológico de Montreal, y el médico de urgencias Alexis Cournoyer, del Hospital del Sagrado Corazón de Montreal, analizaron cerca de 40.000 casos de paro cardíaco extrahospitalario ocurridos entre 2005 y 2015 en Canadá y Estados Unidos. La edad promedio de los pacientes era de 67 años, una etapa de elevado riesgo cardiovascular.

Un 3% menos por cada década

Solo el 54 % de los pacientes recibió RCP por parte de un transeúnte. Es decir, casi la mitad no obtuvo ninguna intervención inmediata antes de la llegada de los servicios de emergencia. En términos generales, las mujeres tenían ligeramente menos probabilidades de recibir RCP que los hombres (52 % frente a 55 %). Pero la brecha se ensancha cuando el análisis se limita a los espacios públicos. En la calle u otros lugares abiertos, el 61 % de las mujeres recibió RCP, frente al 68 % de los hombres. Siete puntos de diferencia explicados únicamente por el hecho de ser mujer.

En entornos privados, como el domicilio, la variable que más pesó fue la edad. Con cada aumento de diez años, los hombres tenían alrededor de un 9 % menos de probabilidades de recibir RCP; en las mujeres, la reducción era de aproximadamente un 3 % por década. El envejecimiento disminuye la intervención en ambos sexos, pero no elimina la desigualdad de base cuando el escenario es público. Los propios investigadores apuntan a un factor persistente, el contacto físico. “Podría ser que las personas estén preocupadas por lastimar o tocar a las mujeres”, señaló Cournoyer.

No requiere certificación, solo decisión

Algunas iniciativas intentan corregir el sesgo desde el diseño. La empresa JOAN Creative desarrolló el “Womanikin”, un accesorio de pecho adaptable a maniquíes estándar para entrenar con anatomía femenina. La paradoja es que la RCP es técnicamente simple. Avisar a emergencias, comprimir fuerte y rápido en el centro del pecho y usar un desfibrilador si está disponible.

La técnica para reanimar un corazón es sencilla
Fundación Española del Corazón

No se requiere certificación, solo decisión. Y, sin embargo, en esa decisión se filtran el miedo a una acusación, la percepción de fragilidad y la idea errónea de que las mujeres sufren menos paros cardíacos o sobreactúan síntomas. Menos RCP y menor supervivencia. Que ese corazón tenga senos alrededor no debería alterar el gesto que puede devolverle el ritmo.

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