Escuchar en medios de comunicación hablar de financiación autonómica es algo habitual desde hace ya muchos años.
Una de las premisas que los socios independentistas llevan exigiendo al Gobierno desde el primer momento es el de establecer un sistema de financiación singular para Cataluña.
Las propuestas que siempre han estado sobre la mesa provocaban el quiebre de la equidad y la solidaridad entre las comunidades autónomas, rompiendo el principio de igualdad establecido en nuestra Constitución.
Es simple: que Cataluña se quede más, implica que muchos se quedarán menos. O lo que es lo mismo, habrá españoles de primera y de segunda.

Afrontar este debate planteando nuevas propuestas, a poco más de un año de las próximas elecciones autonómicas y tras el mazazo que se ha llevado el PSOE en Extremadura es, por decirlo de alguna manera, “valiente”.
La idea planteada por el Gobierno, y apoyada por algunos de sus socios, ofrece la ilusión de un mayor volumen de dinero, utilizando un “trampantojo” para hacer ver que nadie pierde y que todos van a estar un poquito mejor.
Si nuestro sistema de financiación autonómica fuese una tarta, podríamos decir que hoy cada comunidad autónoma tiene un trocito; y si alguien quiere una porción mayor, es evidente que el resto serán más pequeñas. Una situación que se le atraganta al PSOE, porque si no cambia el volumen de la tarta pues no hay alternativa: da para lo que da.
¿Pero qué sería del mundo político sin la creatividad? La ministra María Jesús Montero necesitaba una fórmula para que cada uno pensara que con el nuevo modelo se lleva lo mismo, o un poquito más; y la única manera sería aumentando el tamaño del pastel.
Con una tarta más grande se puede crear la ilusión de que el tamaño de tu trozo aumenta y, salvo que mires el conjunto con perspectiva, podrías no darte cuenta de la picaresca. Una tarta más grande es más cara, y en un país que lleva años sin presupuestos se presume muy complejo que el dinero se siga multiplicando como los panes y los peces de cierto libro sagrado.
Lo más significativo es la posición de uno de los interesados, Oriol Junqueras, que intenta convencernos de que nadie pierde con un sistema teóricamente más justo y que, más o menos, todos se llevarían lo mismo. En cuanto al cómputo global, no deja de ser un traje a medida para que los diputados independentistas apoyen un poquito más al Gobierno.
La mayoría pierde recursos a costa de los más ricos. Una frase que podría ser una proclama de Sumar, de Podemos o de cualquier partido de izquierdas; salvo por el detalle de que, si los más ricos son amigos nuestros, entonces la mayoría ya no importa tanto.
Todas las CCAA (incluyendo las gobernadas por el PSOE) han dejado claro su “NO” a la propuesta de Montero, a pesar del argumento extendido que es mejor aceptar esto que nada. Definitivamente no han convencido.
Un fracaso más y otra nueva página. La financiación autonómica seguirá siendo el gran asunto pendiente, junto con la vivienda, que desde hace años nadie ha sido capaz de solucionar.



