La Princesa Irene de Grecia, hermana de la Reina Sofía, ha fallecido esta mañana en La Zarzuela a las 11.40 de la mañana. Se encontraba en un estado grave, tras la enfermedad de alzheimer que padecía desde hace años. Doña Sofía canceló su agenda esta mañana para estar al lado de su hermana. Según informa la Casa del Rey, próximamente detallará información acerca del entierro y el funeral.
A sus 83 años de edad, la hermana de la madre del Rey padecía una enfermedad neurodegenerativa, la “enfermedad del olvido”, un alzhéimer que le obligaba a desplazarse en silla de ruedas. Según informan fuentes de la Casa del Rey, Doña Sofía no se ha movido del lado de su hermana, y la ha acompañado hasta el último momento. Por su parte, aseguran que los Reyes han estado pendientes minuto a minuto la evolución de su estado de salud. “Doña Irene era un miembro de la familia de Su Majestad el Rey muy querido por todos ellos, que ya han expresado su profundo pesar por la pérdida de una persona dedicada a ayudar a los más necesitados a través de sus proyectos solidarios”, informan.
El deterioro de la enfermedad
En la última semana de julio, la salud de la tía de Felipe VI comenzó a empeorar. Debido a ello, por primera vez en años la Reina Sofía no se ha desplazado a Palma de Mallorca para pasar el calendario estival junto a Felipe VI y sus nietas. El pasado verano, la Familia Real, Irene de Grecia y Tatiana Radziwill -prima segunda de la Reina Sofía y de su hermana Irene por rama paterna- salieron a cenar, quedando una imagen de unidad familiar, con las hijas de los Reyes empujando las sillas de ambas ancianas. Una estampa que se ha repetido durante los veranos en Palma.

Principal confidente de la Reina Sofía
Irene de Grecia ha sido durante más de cuarenta años su principal confidente y apoyo. En 1981 llegó a Madrid para estar con su hermana tras la muerte de Federica de Grecia, y desde entonces nunca volvió a vivir de manera permanente en su país, sino que se instaló en el Palacio de la Zarzuela, en la residencia de la Reina Sofía. La escasa diferencia de edad entre ambas-apenas tres años hay de diferencia entre ella y su hermana- y la intensa vida que vivieron de pequeñas, ha fomentado ese vínculo inquebrantable durante tanto tiempo.
Una infancia intensa marcada por el exilio
La Reina Sofía ha perdido a la única hermana que le quedaba. Su hermano Constantino murió en 2023, un rey que nunca reinó.
Su madre, Federica de Hannover, era nieta del emperador Guillermo II de Alemania, y su padre, el rey Pablo, era el tercer hijo de Constantino I de Grecia, hijo de la Gran Duquesa Olga Constantinovna de Rusia. El nacimiento de Constantino fue un alivio para la Familia Real, tras una vida marcada por los exilios. Constantino significaba el futuro.
Cuando apenas tenía un año de edad y su hermana mayor, la Reina Sofía, dos, la Familia Real griega tuvo que huir tras la entrada de los nazis. La pequeña Irene aún no había nacido. Creta fue su primer destino, después huyeron a El Cairo (Egipto). En aquella época cualquier persona podía ser sospechosa. El pequeño Constantino contrajo apendicitis, y se sospechó que el médico podía ser un espía.
Marcharon a Ciudad del Cabo (Sudáfrica), donde nació la pequeña Irene. Al término de la Segunda Guerra Mundial, la Familia Real helena volvió a Grecia -apenas tenía 4 años-, y al cabo de casi 20 años, tras la muerte del Rey Pablo de cáncer, Constantino se convirtió en Rey con apenas 23 años de edad.

Le duró poco, ya que las fuerzas simpatizantes del dirigente liberal Georges Papandreu provocaron un golpe de Estado que provocó nuevamente la salida de la Familia Real griega en 1973. Que se instaló en Londres.
No ha sido hasta 2013 que la Familia Real griega ha podido disponer de una cómoda estancia en Grecia, en Porto Heli, frente al mar. Allí se reúne la familia de vez en cuando, incluidas la Reina Sofía y la Princesa Irene.
La Princesa Irene, una pianista muy interesada por la filosofía hindú
La pasión de la Reina Sofía y de su hermana por la música viene de su juventud. La pianista Gina Bachauer le enseñó a la Princesa Irene a tocar el piano, quien llegó a debutar en 1969 en el Royal Festival Hall de Gran Bretaña, donde interpretó el Concierto n.º 2 de Bach, que mereció un aplauso de tres minutos. Los periódicos del momento titularon de esta manera: “Princesa o no, toca más que bien”.
Además de la música, la Princesa helena reservó a lo largo de su vida una parte muy importante a la espiritualidad. Al abolirse la monarquía griega en 1973, se mudó a la India con su madre, y se interesaron por la filosofía hindú y budista. En alguna ocasión, ha llegado a afirmar que en el mundo no habría guerras si calara más en la sociedad los pilares del budismo. Su estancia en la India le marcó hasta el punto de llegar a embarcar a un centenar de vacas en un avión cuando la UE las mandó sacrificar para limitar la producción de leche. La Princesa Irene se indignó por la decisión y removió conciencias al recordar cuántos niños hindúes estaban desnutridos.

Ayuda a los más desfavorecidos
A través de su fundación “Mundo en Armonía”, la Princesa Irene ha contribuido a través de numerosos proyectos a ayudar a los demás, como en la erupción volcánica de La Palma, la lucha contra la drogodependencia, o las víctimas en pandemia.
Sin descendencia
La Princesa Irene nunca llegó a casarse. Apodada cariñosamente “tía Pecu” -por su carácter peculiar-, dicen de ella que era bohemia, divertida, y que no le daba importancia a los lujos. Se rumorea que recibió clases de noruego dado que la Reina Federica quiso casarla con Harald de Noruega, pero que éste escogió finalmente a Sonja Haraldsen.


