La moción de censura que desalojó a Mariano Rajoy de La Moncloa en junio de 2018 pasó a la historia como uno de los grandes terremotos políticos de la democracia española. Fue la primera y única moción de censura exitosa desde la Constitución de 1978 y abrió una nueva etapa política encabezada por Pedro Sánchez.
La iniciativa prosperó tras la sentencia del caso Gürtel, considerada el detonante decisivo que precipitó la caída del Gobierno del PP. El debate parlamentario se celebró los días 31 de mayo y 1 de junio de 2018 y terminó con 180 votos a favor, 169 en contra y una abstención.
Un asunto entre hombres
Ocho años después de aquel debate que fue presentado como un momento excepcional, conviene preguntarse quiénes ocuparon realmente el centro. La respuesta, observada desde una perspectiva de género, resulta reveladora. Tanto el presidente censurado como el candidato alternativo eran hombres. También lo eran los líderes de los principales partidos, los protagonistas mediáticos y las figuras alrededor de las cuales se construyó posteriormente el relato político de aquella crisis.
De los 19 oradores que participaron en el debate, únicamente cuatro fueron mujeres. Y, lo que resulta aún más significativo, el tiempo total de intervención femenina apenas alcanzó 32 minutos de un total aproximado de 666 minutos de debate parlamentario. Es decir, solo el 4,8 % del tiempo de palabra correspondió a mujeres. Ana María Oramas intervino durante nueve minutos; Marian Beitialarrangoitia, otros nueve; Lucía Martín, seis minutos; y Margarita Robles, ocho.

Robles desempeñó además un papel relevante dentro de la estrategia parlamentaria del PSOE, pero no fue la principal figura visible del debate. Como portavoz socialista, registró físicamente la moción en el Congreso el 25 de mayo de 2018 y figuró entre sus firmantes oficiales. La exposición principal de la moción recayó en José Luis Ábalos, entonces secretario de Organización del PSOE, una decisión que volvió a dar el protagonismo político del momento a figuras masculinas. La política española de aquel momento seguía una lógica de poder jerárquica y masculinizada, en la que las grandes decisiones y la autoridad giraban principalmente alrededor de hombres. Y eso ocurría en un país donde las mujeres representan más de la mitad de la población, donde la igualdad formal está reconocida constitucionalmente desde hace casi medio siglo y donde existe desde 2007 una Ley Orgánica de Igualdad que obliga a los poderes públicos a promover una igualdad “real y efectiva”.
Ninguna moción con voz de mujer
Cuando llega uno de los momentos culminantes de la vida política española, cuando se decide quién gobierna, quién cae y quién asciende al poder, las mujeres continúan apareciendo en posiciones secundarias. No se trata de un problema exclusivo de la moción de censura de 2018 ni de un único partido político. La serie histórica completa de las seis mociones de censura de la democracia española muestra un patrón persistentemente masculino.

Todos los presidentes sometidos a moción de censura han sido hombres. Todos los candidatos alternativos también. Desde Felipe González y Antonio Hernández-Mancha hasta Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Santiago Abascal o Ramón Tamames, ninguna mujer ha encabezado jamás una candidatura de moción de censura en España.
Las mociones posteriores de 2020 y 2023 introdujeron una presencia femenina más visible en los escaños y en algunas portavocías, pero el núcleo del poder continuó reservado a hombres. El presidente, el candidato alternativo y los líderes que monopolizan la atención.
La última moción de censura, celebrada en 2023, volvió a evidenciar esa dinámica. Vox eligió como candidato a Ramón Tamames, economista e histórico exmilitante del Partido Comunista, que entonces tenía 89 años. Aunque el protagonismo masculino siguió siendo dominante, varias mujeres adquirieron relevancia política y mediática durante el debate.
De Yolanda Díaz a Cuca Gamarra, en 2023
Yolanda Díaz fue probablemente la figura femenina más destacada de aquella sesión. Aprovechó la moción para reforzar su liderazgo político y el lanzamiento de Sumar. Cuca Gamarra intervino en nombre del PP para justificar la abstención de su partido y marcar distancias tanto con Vox como con el Gobierno. Meritxell Batet desempeñó un papel institucional clave como presidenta del Congreso, mientras que Inés Arrimadas utilizó su intervención para reivindicar el espacio liberal de Ciudadanos. Irene Montero, aunque con menor protagonismo parlamentario, también mantuvo una importante presencia política y mediática durante el debate.

A diferencia de la moción de 2018, la de 2023 no estaba concebida realmente para ganar el Gobierno, sino como una operación política y comunicativa de Vox. Eso hizo que el protagonismo se repartiera más entre portavoces y líderes parlamentarios, aunque sin alterar el patrón de centralidad masculina en las posiciones máximas de poder simbólico.
Las democracias enseñan constantemente quién puede ejercer el poder y quién aparece legitimado para protagonizar los grandes momentos históricos. Las imágenes institucionales, los debates parlamentarios y los liderazgos visibles tienen un enorme efecto pedagógico sobre la sociedad. Que haya más mujeres ocupando escaños no basta si las posiciones de máxima relevancia política continúan siendo sistemáticamente masculinas.
España suele presentarse internacionalmente como un referente de igualdad formal y de legislación avanzada en derechos de las mujeres. Sin embargo, cuando se examinan los espacios de poder político más decisivos, la igualdad aparece todavía incompleta. Ocho años después de la moción de censura que llevó a Pedro Sánchez a La Moncloa, las mujeres siguen sin aparecer como protagonistas naturales del poder ejecutivo.

