En una reciente conversación en el salón de su casa, en el bohemio barrio de Lavapiés, la política y activista feminista Lidia Falcón recordaba con envidiable lucidez a sus 90 años la campaña del referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN de 1986 como uno de los episodios políticos más intensos de su vida. “Participamos en esta campaña de manera muy activa”, relataba mientras mostraba libros y recortes de prensa acumulados tras décadas de militancia.

Tenía entonces 50 años y muchas ganas de revolución, tantas que hasta el Partido Comunista le parecía burgués. “Por eso, cuando algunos me insistieron en que me integrara en el PSOE, me negué rotundamente. No quería ser cómplice de decisiones con las que no estaba de acuerdo, como la continuidad en la OTAN. Opté por el feminismo, que era la verdadera opción política para las mujeres”. Al frente del Partido Feminista de España, organización que había fundado, participó en actos públicos, plataformas cívicas y campañas de movilización que defendían el voto negativo en la consulta, combinando argumentos antimilitaristas, sociales y feministas para movilizar a las mujeres.
Un país ante una decisión histórica
El referéndum se celebró el 12 de marzo de 1986 y preguntaba si España debía permanecer en la OTAN, alianza militar en la que había ingresado cuatro años antes. El resultado fue 56,85% a favor y 43,15% en contra. La campaña previa reunió a organizaciones pacifistas, sindicatos, asociaciones civiles y partidos de izquierda, especialmente tras el giro político del gobierno socialista de Felipe González, que había prometido “OTAN, de entrada no” pero defendió la permanencia durante la legislatura. “Para muchos sectores de la izquierda -reflexionó Falcón- se trataba también de una disputa sobre el rumbo político de la democracia española”.

Falcón defendió el “no” desde una perspectiva feminista en un debate dominado por expertos militares y políticos. En un artículo del 10 de marzo de 1986 en El País, titulado “Las mujeres y la OTAN”, afirmaba: “Los argumentos utilizados en el debate sobre la OTAN en nada afectan a las mujeres. Olvidadas en los discursos, sólo cuenta su voto”. Denunciaba que la política internacional ignoraba las consecuencias sociales de las decisiones militares, y buscaba cambiar ese enfoque.
Prioridades sociales
Uno de los puntos clave fue el gasto militar. Los recursos destinados a armamento debían invertirse en bienestar social, como pensiones para ancianas sin recursos, ayudas a amas de casa, residencias para personas con discapacidad o apoyo a mujeres víctimas de violencia. Desde esta perspectiva, el referéndum no era solo una cuestión estratégica, sino una cuestión de prioridades sociales.
Falcón compartía la crítica del movimiento pacifista europeo frente a la carrera armamentística y la confrontación entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Participó en actos públicos del movimiento anti-OTAN, incluido uno en Madrid pocos días antes del referéndum, que reunió a unas quinientas mujeres, con la presencia de intelectuales como Fanny Rubio, Marta Bizcarrondo e Isabel Vilallonga. Estos encuentros defendían que la militarización tenía consecuencias directas sobre el gasto social y que las mujeres debían intervenir como sujeto político propio.
La campaña contra la OTAN reunió a plataformas pacifistas como la Coordinadora Estatal de Organizaciones Pacifistas o el Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad, además del Partido Comunista de España, dirigido por Gerardo Iglesias. Intelectuales como Manuel Vázquez Montalbán, Fernando Savater o Rafael Sánchez Ferlosio intervinieron en el debate público. Hubo tensiones dentro del feminismo: algunas activistas participaron activamente en la campaña del “no”, mientras otros sectores vinculados al gobierno socialista preferían concentrarse en reformas internas de igualdad legal o derechos laborales.
Movimientos ecologistas y pacifismo verde
Durante el referéndum emergieron también movimientos ecologistas que se sumaron al “no”, articulando un pacifismo verde que vinculaba la oposición a la militarización con la protección del medio ambiente. Estos colectivos locales denunciaban los riesgos de bases militares, ejercicios bélicos y posibles armas nucleares en España. Organizaron manifestaciones, charlas y materiales informativos que conectaban defensa de la naturaleza y lucha contra la guerra.

El resultado del referéndum supuso una derrota para el movimiento anti-OTAN, pero el 43% de votos contrarios representaba más de siete millones de personas, una base social significativa a la izquierda del PSOE. Falcón interpretó el referéndum como el inicio de una reorganización política que ese mismo año daría lugar a la coalición Izquierda Unida, uniendo al Partido Comunista, organizaciones sociales y sectores de la izquierda alternativa.
“El movimiento había perdido, pero había recogido siete millones de votos, y se creyó que con ese apoyo se podía renovar una izquierda de verdad”. Falcón llevó la perspectiva feminista a un debate dominado por expertos en defensa, cuestionando qué significa la seguridad desde la vida cotidiana de las mujeres. Aunque no cambió el resultado del referéndum, su intervención amplió los límites del debate político de la época.
