La visita que los reyes don Felipe y doña Letizia harán este martes a la ciudad autónoma de Ceuta llega en un momento más que enrarecido en las relaciones entre Marruecos y España. Tres días después de que, con ocasión del discurso de apertura del Parlamento, el rey Mohamed VI tildara de “obsoleto” el modelo de cooperación migratoria con España que el Gobierno de Pedro Sánchez ha ponderado una y otra vez como un éxito y pilar de la “mejor fase en la historia de las relaciones bilaterales”, ayer trascendía en información de ‘El País’ que varios buques de guerra de la Armada de Marruecos invadieron, sin pedir autorización, aguas de Ceuta en pleno asalto a la frontera del Tarajal los días 30 y 31 de julio pasados.
Unos hechos que el presidente del Gobierno, siempre cauto en sus intervenciones públicas sobre Marruecos -al que ha evitado siempre atribuir responsabilidad alguna no sólo sobre la invasión civil de la ciudad autónoma española sino sobre cualquier otro punto de fricción en las relaciones con Rabat-, admitía ayer durante un encuentro con los periodistas acreditados en el acto central de la Fiesta Nacional celebrado en Madrid. Sánchez también confesó otra información ocultada a la opinión pública: una “interlocución al más alto nivel” con las autoridades marroquíes que habría conducido a que las fuerzas navales del país vecino hubieran desistido de su actitud.
En todo caso, el presidente del Gobierno restó ayer importancia a la incursión de buques marroquíes, que calificó de “hechos puntuales” enmarcados en “días intensos”. Según Sánchez, desde entonces “no ha vuelto a suceder nada parecido”. Por último, Sánchez, que no acompañará ni hoy ni mañana a los reyes a Ceuta y Melilla, recordó que España y Marruecos son “vecinos geográficos” con relaciones bilaterales “muy importantes desde distintos puntos de vista”, incluidas materias tan sensibles como terrorismo y narcotráfico. “Tratamos de construir, no de destruir, como hacen otros”, zanjó el presidente del Gobierno.

“Según la legislación internacional y española, Ceuta tiene mar territorial, 12 millas náuticas”, recuerda a Artículo14 el juez Ángel Llorente. “El problema”, reconoce quien fuera primer magistrado de enlace de la Embajada de España en Rabat, “son los solapamientos con otros territorios de Marruecos y cuando ello ocurre hay que encontrar la línea media, equidistante”. “Me inclino por pensar que si las autoridades de la Armada española consideran que ha habido una incursión, así habrá sido, pero al no conocer exactamente las coordenadas me resulta imposible determinar si se llevaron a cabo”, admite Llorente a este medio.
A falta de conocer la información sobre las coordenadas exactas donde se produjo la incursión, la única posibilidad que justificaría el tránsito se enmarca en el llamado paso inocente. Reconocido por la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (1982), el citado paso debe ser continuo y rápido, y no puede perjudicar la paz, el buen orden o la seguridad del Estado ribereño, un extremo aparentemente incompatible con los momentos de máxima tensión que se vivían a pocos kilómetros de allí con la entrada de más de 70.000 personas de manera ilegal. La información de ‘El País’ niega que se tratase de “un mero tránsito o de una entrada accidental”, y define lo ocurrido, citando a sus propias fuentes consultadas, de “vulneración intencionada y repetida del mar territorial” de Ceuta.
En este sentido, desde Marruecos, el consejero diplomático marroquí Samir Bennis defiende que, aunque Ceuta pueda disponer de mar territorial, “el derecho internacional reconoce el derecho de paso inocente, también a los buques militares”. “La mera presencia de buques de guerra en aguas territoriales extranjeras no constituye automáticamente una infracción”, asegura a Artículo14 el especialista en relaciones hispano-marroquíes.

Pero Marruecos no admite la soberanía española sobre Ceuta y Melilla -a las que considera “presidios ocupados”-, así que tampoco reconoce que las citadas aguas ceutíes sean españolas, Con todo, de facto Rabat sí respeta el statu quo toda vez que, en la práctica, incursiones protagonizadas por buques de guerra marroquíes en aguas españolas son más que infrecuentes. La otra gran cuestión que se plantea en estos momentos es si la invasión de las aguas ceutíes se produjo de manera coordinada con la invasión humana en el paso del Tarajal o si se trató de una mera coincidencia temporal de los dos hechos en las fechas del 30 y 31 de julio pasado.
Silencio marroquí
Entretanto, Marruecos guarda silencio sobre lo sucedido y no se espera reacción oficial alguna, máxime en un momento de transición gubernamental tras la celebración de las elecciones legislativas el pasado 23 de septiembre. Para encontrar, al margen de declaraciones individuales del ministro de Justicia saliente, una comunicación oficial procedente del gabinete real marroquí hubo que esperar más de un mes después de los hechos de Ceuta, concretamente al 10 de septiembre, hasta la breve nota emitida por el Ministerio de Exteriores.

Entonces la Cancillería marroquí se limitó, sin mencionar Ceuta ni detallar su versión sobre lo sucedido, a calificar la avalancha humana de “lamentables acontecimientos” y negó cualquier “implicación” de las autoridades magrebíes. La nota del Ministerio marroquí de Exteriores acusó a “determinados sectores políticos y mediáticos españoles” de instrumentalizar lo sucedido con fines políticos internos.
Hubo que aguardar hasta el pasado día 9 para que, en su discurso de apertura de la nueva legislatura, el rey Mohamed VI se refiriera a los “grandes desafíos vinculados con determinadas disposiciones legales superadas y decisiones judiciales alejadas de la realidad” que, a juicio del monarca alauí, enfrenta la cooperación migratoria entre su país y España. “Lamentablemente, (aquellas) impiden la repatriación de menores y de personas que adoptan actitud de refugiados, alimentando así las codicias de las redes criminales”, concluía el jefe del Estado marroquí en alusión
Tampoco se espera reacción oficial de protesta a la visita de don Felipe y doña Letizia a Ceuta y Melilla por parte de las autoridades marroquíes a diferencia de lo ocurrido la última vez que los reyes, entonces don Juan Carlos y doña Sofía, se trasladaban, 5 y 6 de noviembre de 2007, a las dos ciudades autónomas. Entonces, en un contexto muy diferente al actual, la visita de los monarcas provocó una breve crisis bilateral.

