CONTRACRÓNICA

Sánchez marcha un café largo para Junqueras (y no acaba bien)

El presidente del Gobierno entrega una fotografía y una promesa a su fiel aliado de ERC, pero no cierra el círculo con Junts

Sánchez y Junqueras, ayer jueves, en el Palacio de la Moncloa
Efe

La historia de la España de las Autonomías va estrechamente ligada a una expresión de Manuel Clavero Arévalo, ministro de las Regiones con la UCD (1977 – 1979), que popularizó el “café para todos” como metáfora del autogobierno por arrastre. El sistema parecía simple pero acabó siendo endiablado: si el Estado concedía tal o cual competencia a una comunidad, podía venir otra a pedir lo mismo y, así, se ahuyentaba el fantasma del privilegio territorial.

El modelo —cuestionado casi desde su puesta en marcha y señalado como pecado original de la España de las Autonomías— sobrevive desde hace casi 50 años después de haber sufrido todo tipo de asaltos, maleficios y confabulaciones. No goza ni de buena salud ni de buena fama, pero permite la multirreincidencia y la vista gorda, que son las claves del invento. No clarifica ni armoniza la España invertebrada, pero por momentos lo parece.

Su socio más fiel

Oriol Junqueras apareció ayer, jueves, en el Palacio de la Moncloa diez años después de haberla visitado como vicepresidente de la Generalitat en 2016. Han pasado muchas cosas en esta década que sobra recordar, pero hay una que no ha cambiado: sigue a los mandos de ERC y sigue empeñado en elevar a Cataluña por encima del “café para todos”.

Tras varios meses de negociación intermitente, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, recibió por la puerta grande al líder de ERC, acaso su socio más fiel en esta atribulada legislatura. La idea de Sánchez era atender a uno de sus mejores clientes como merece, así que cumplió el guion y le prometió un café nunca visto. Algo así como el famoso doble espresso cremoso que sirven en la cafetería Sant’Eustachio de Roma, resultado de una receta secreta de tostado y mezcla. Tan secreto que no lo conocen ni en el PSOE.

“Pero para todos”

Junqueras salió satisfecho porque lo prometido por el barista de Moncloa, según sus cálculos, significará una inyección extra de 4.700 millones de euros anuales para la Generalitat, es decir, un incremento del 12% de su capacidad financiera. Pero, sobre todo, porque pondrá fin al albedrío del barista, ya que estará obligado a respetar el principio de ordinalidad, según el cual Cataluña será la tercera comunidad que más recursos reciba del Estado porque es la tercera que más aporta.

Es decir que, según lo prometido, el barista enviará a las tragaperras al cliente que pida más café de la cuenta o bien tendrá que comunicarle una de las grandes tragedias de nuestra sociedad narcotizada: “He cerrado la máquina”.

Junqueras, en cambio, podrá disfrutar de su espresso doppio e incluso soñar con un croissant de pistacho. Pero tendrá que despertar en breve, porque lo que le han prometido tiene que recibir la validación del Congreso de los Diputados y no hay suma posible mientras Junts vea que no hay nuevo modelo, sino que simplemente se promete “más café, pero para todos”. Es decir, que tampoco habría solución si Moncloa cambiara el café por calimocho o por leche de pantera. El problema seguiría siendo que el descorche fuera “para todos”.

Imagen de suscripción a newsletter Pilar Gómez

Suscríbete a nuestra newsletter

Recibe en tu correo electrónico, los artículos de la directora Pilar Gómez.

TAGS DE ESTA NOTICIA