Salud física

Cáncer de útero: el sangrado vaginal no es tan normal

Tan solo en 2022 hubo 320.000 muertes por cáncer uterino a nivel mundial

El cáncer de cuello uterino es el cuarto tipo de cáncer más frecuente entre las mujeres, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS). Según la institución, en 2022 hubo aproximadamente 660.000 casos nuevos y 350.000 muertes a nivel mundial.

Pero esta enfermedad se puede prevenir mediante la vacunación frente al virus del papiloma humano (VPH). Y, en caso de padecerlo, el riesgo mortal puede disminuir de manera significativa si se hacen pruebas de detección periódicas.

La doctora Arancha Moreno Elola-Olaso, jefa del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario Ruber Juan Bravo, explica que cuando decimos cáncer de útero, técnicamente nos referimos al cáncer de endometrio. “Es el revestimiento interno del útero. Este tumor es el más frecuente entre los ginecológicos en los países desarrollados, por delante del de ovario y del de cérvix”, explica.

Doctora Clara Olier

Por ello, sus estrategias de prevención son diferentes. Mientras el cáncer de cérvix puede prevenirse en gran medida mediante vacunación y citologías, el cáncer de endometrio no cuenta con un programa de cribado poblacional.

La buena noticia es que suele dar una señal temprana muy clara: el sangrado vaginal anómalo.

El sangrado que no es normal

El sangrado vaginal puede formar parte de distintas etapas de la vida de una mujer, pero hay situaciones en las que nunca debe considerarse normal. “En la postmenopausia, cualquier manchado —aunque sea leve o de color rosado o café— tras un año sin menstruación debe ser motivo de consulta inmediata”, advierte Moreno Elola-Olaso.

También en mujeres en edad fértil hay signos que requieren valoración médica, como los sangrados entre reglas, menstruaciones excesivamente abundantes que no mejoran o el sangrado tras las relaciones sexuales.

Después de la menopausia, el endometrio debería estar en reposo. “Un sangrado indica que algo está estimulando ese tejido para que crezca y se desprenda”, explica la especialista. Aunque no todos los sangrados se deben a un tumor, alrededor del 90% de los cánceres de endometrio se presentan con este síntoma.

El sangrado es la señal más frecuente en las fases iniciales, pero no es la única. “En estadios más avanzados pueden aparecer flujo vaginal anormal, a veces maloliente o purulento, dolor pélvico o incluso pérdida de peso inexplicable”, señala la ginecóloga. Estos síntomas suelen aparecer cuando la enfermedad ya está más avanzada.

Dra Arantxa Moreno

Qué pruebas realizar

Ante un sangrado anormal, la primera prueba suele ser una ecografía transvaginal. “Con ella medimos el grosor del endometrio. Si supera los 4 o 5 milímetros en una mujer posmenopáusica. O presenta irregularidades o vascularización sospechosa, es necesario estudiar el tejido”, explica Moreno Elola-Olaso.

El siguiente paso suele ser una biopsia endometrial mediante aspiración con una cánula, un procedimiento rápido que puede realizarse en consulta. Si el resultado no es concluyente, se recurre a una histeroscopia, que permite visualizar el interior del útero con una pequeña cámara y tomar muestras dirigidas.

Tras el diagnóstico, se realizan pruebas de imagen como resonancia magnética, TAC o gammagrafía ósea para determinar si el tumor se ha extendido.

Perfiles con más riesgo

Se ha determinado que muchas de las personas con más riesgo son quienes han tenido una exposición prolongada a estrógenos sin la acción compensadora de la progesterona, señala Moreno Elola-Olaso.

Entre los factores de riesgo más relevantes se encuentran: la obesidad, la diabetes y la hipertensión, la nuliparidad (no haber tenido hijos) o determinados antecedentes genéticos, como el síndrome de Lynch. Además de que la mayoría de los casos se diagnostican entre los 55 y los 75 años.

Qué pasa si hay cáncer

Cuando el diagnóstico se confirma, el primer paso es determinar la extensión de la enfermedad. “Se realizan estudios de imagen como resonancia magnética pélvica, TAC de tórax y abdomen o PET, dependiendo del grado tumoral y de la sospecha de extensión”, explica la doctora Clara Olier Gárate, jefa del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Ruber Juan Bravo, perteneciente a One Oncology Madrid Quirónsalud. Los resultados ayudarán a decidir la estrategia de tratamiento para cada paciente.

El tratamiento depende de varios factores: el estadio del tumor, el grado de agresividad, la extensión de la enfermedad y también las características moleculares del tumor.

El papel de la inmunoterapia

Uno de los avances más importantes ha sido la incorporación de la inmunoterapia. “Fármacos como pembrolizumab o dostarlimab han demostrado mejorar la supervivencia en enfermedad avanzada o recurrente, especialmente en pacientes con alteraciones en los mecanismos de reparación del ADN”, explica Olier Gárate.

Mantener la calidad de vida

Además de controlar el tumor, los especialistas trabajan para preservar la calidad de vida de las pacientes durante todo el proceso. “El abordaje debe ser multidisciplinar, porque la enfermedad y sus tratamientos pueden provocar dolor, fatiga, neuropatía, disfunción urinaria o gastrointestinal, menopausia precoz o alteraciones sexuales”, subraya la especialista.

El seguimiento incluye rehabilitación física, apoyo psicológico y derivación a especialistas en salud sexual o menopausia cuando es necesario.

Tasa de supervivencia

El pronóstico del cáncer de endometrio suele ser favorable cuando se detecta en fases tempranas. “La mayoría de las pacientes se diagnostican en estadio I y tienen una supervivencia a cinco años cercana al 95% con cirugía exclusiva”, resalta la oncóloga.

La mejora de las técnicas quirúrgicas, la radioterapia y los tratamientos sistémicos ha contribuido a mejorar aún más los resultados en los últimos años.

Reaparición del cáncer

Cuando el cáncer aparece en fases avanzadas o reaparece tras el tratamiento inicial, las opciones terapéuticas han aumentado en los últimos años. “Las nuevas combinaciones de tratamientos han mejorado la supervivencia en enfermedad avanzada o recurrente”, concluye, “por ello, la elección del tratamiento dependerá del tipo de tumor, su perfil molecular y la situación clínica de la paciente”.

En cualquier caso, las especialistas insisten en que la clave sigue siendo la atención a las señales del cuerpo. A diferencia de otros tumores que pueden avanzar durante años sin síntomas claros, el cáncer de endometrio suele dar una alerta temprana. Por eso, ante cualquier sangrado vaginal anómalo —especialmente tras la menopausia— consultar con el ginecólogo de forma precoz puede marcar una diferencia decisiva en el pronóstico.

La buena noticia es que, cuando se detecta a tiempo, este tipo de cáncer tiene altas tasas de curación y cada vez más opciones terapéuticas. La combinación de diagnóstico precoz, tratamientos más personalizados y un enfoque que también cuide la calidad de vida permite que muchas mujeres no solo superen la enfermedad, sino que lo hagan con el mayor bienestar posible. Porque, en salud femenina, escuchar al cuerpo y no normalizar ciertos síntomas sigue siendo una de las mejores herramientas de prevención

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