El acné después de la adolescencia

En algunas personas el acné puede persistir incluso hasta los 50 años de edad

El acné es una afección que podría parecer que solamente se vive en la adolescencia. Sin embargo, algunas personas pueden padecer esto hasta cuando llegan los 40 o 50 años, según los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU. (NIH, por sus siglas en inglés).

Tanto hombres como mujeres pueden experimentar este tipo de acné. No obstante, cuatro de cada diez mujeres que consultan a un experto, tienen más de 25 años de acuerdo con la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV).

Según explica la doctora Montserrat Salleras, jefa del Servicio de Dermatología del Hospital Universitari Sagrat Cor, el problema no solamente es “tener grasa”, sino que existe una alteración del folículo pilosebáceo en la que se combinan obstrucción, inflamación y, en muchas pacientes, una mayor sensibilidad del folículo a los cambios hormonales. “No significa necesariamente que exista un trastorno hormonal, pero sí que el folículo reacciona con más facilidad”, recalca.

¿Qué es el acné adulto?

El acné aparece cuando el folículo piloso se obstruye por la combinación de cebo y células muertas, lo que favorece la inflamación. Pero después de los 25 años, es más común que se concentre en la parte baja del rostro (mandíbula y mentón).

Se puede manifestar de diversas maneras: como brotes repetidos en el mentón, mandíbula o cuello, nódulos dolorosos, puntos negros persistentes, manchas después de las lesiones o como piel grasa combinada con sensibilidad.

También es común que se combine con una piel con tendencia grasa con sensibilidad, irritación o tirantez.

Esto de produce debido a cambios hormonales que se relacionan con el ciclo menstrual, el embarazo o la llegada de la menopausia; el estrés mantenido estimula la actividad sebácea; el uso de cosméticos o fármacos inadecuados y el tabaquismo.

Uno de los errores más comunes es tratar el acné adulto de la misma manera que el adolescente: secar, exfoliar y “arrasar” la piel, agrega la experta. “Cuando la barrera cutánea se irrita, aumenta la inflamación y se vuelve más difícil controlar el brote”, asevera.

¿Cómo se diagnóstica?

El diagnóstico se basa en la exploración y en la historia del paciente ya sea a través de analíticas hormonales o una revisión de la medicación habitual.

Cuando hay sospechas de un componente endocrino ya sea por irregularidades menstruales, el especialista puede valorar pruebas complementarias y un abordaje coordinado. “En consulta buscamos el ‘fenotipo’ del acné: si predominan comedones o inflamación, si hay lesiones profundas, si el patrón es mandibular, y si existen datos que sugieran un componente hormonal relevante. Solo entonces tiene sentido decidir si hay que ampliar estudio o ajustar el tratamiento”, apunta la especialista.

También hay un análisis de la rutina cosmética, pues existen varios productos que pueden empeorar el cuadro.

¿Cuándo acudir al dermatólogo?

Es importante ir al dermatólogo cuando el acné aparece por primera vez en la edad adulta y es doloroso, deja manchas o no mejora tras varias semanas de cuidados. “Escuchar a la paciente, desarrollar un tratamiento adaptado y explicarle cada paso del proceso es tan importante como el tratamiento que se indica”, dice Salleras.

Los tratamientos se adaptan a cada mujer e incluyen tópicos con retinoides o ácido azelaico; antibióticos en fases inflamatorias; terapias hormonales, cuando existe un componente endocrino; isotretinoína oral en casos seleccionados y procedimientos dermatológicos para mejorar marcas y textura.

Formas de prevención

Es importante mantener rutinas sencillas y constantes que respeten la barrera cutánea. Utilizar cosméticos que se adapten a la piel sensible, evitar manipular las lesiones, fotoprotección adecuada, limpieza suave sin exfoliaciones, descanso y estrategias para manejar el estrés. “Cuando una piel con acné se irrita por exceso de productos, lo que vemos es más inflamación, más marcas y peor tolerancia a los tratamientos médicos. A veces, el primer paso terapéutico es ordenar la rutina y hacerla sostenible”, finaliza la experta.