Temperaturas extremas

La menopausia, el factor de riesgo descuidado en las alertas por calor

La caída de los estrógenos modifica el funcionamiento del termostato cerebral y reduce la tolerancia a las altas temperaturas. Sin embargo, las mujeres en esta etapa suelen quedar fuera de cualquier plan de prevención

CÓRDOBA, 23/06/2026.- Un turista se protege del sol mientras cruza el Puente Romano de Córdoba, este martes. El Ayuntamiento de Córdoba ha puesto en marcha este martes las medidas extraordinarias por altas temperaturas ante la activación del aviso rojo por calor extremo entre las 13.00 horas y las 21.00 horas, franja en la que se prevé "riesgo extremo". El Ayuntamiento de la capital cordobesa ha informado de que la activación de este nivel implica la puesta en marcha de actuaciones excepcionales, entre ellas la apertura de los refugios climáticos en horario de 9.00 a 21.00 horas, así como la suspensión de las actividades al aire libre durante la franja horaria en la que la Agencia Estatal de Meteorología ha decretado el nivel rojo. EFE/Rafa Alcaide
Un turista se protege del sol mientras cruza el Puente Romano de Córdoba.
EFE/Rafa Alcaide

La ventana abierta durante la noche, el ventilador apuntando directamente a la cama y una botella de agua en la mesilla. A las tres de la madrugada se destapa y a las cinco se levanta empapada en sudor sospechando que la calefacción se ha activado en pleno junio. Es la pesadilla que viven estos días los más de cinco millones de españolas entre los 45 y los 64 años, la franja de edad la que se concentra la transición menopáusica. La menopausia les modifica literalmente el funcionamiento del termostato cerebral y a la ola de calor impulsada por las masas de aire africano suman otra que nace dentro del propio cuerpo.

Sin embargo, cuando las autoridades sanitarias emiten alertas por calor extremo mencionan a los mayores, los niños pequeños, las embarazadas o las personas con enfermedades cardiovasculares. Rara vez aparecen en sus recomendaciones las mujeres menopáusicas, a pesar de ver claramente afectada su capacidad para tolerar las altas temperaturas.

Las altas temperaturas conviven mal con los sofocos y la sudoración menopáusica

En un artículo publicado en la revista Temperature, la investigadora estadounidense Naomi Rance, profesora de Neurología de la Universidad de Arizona y una de las mayores expertas mundiales en sofocos, advertía de que el calentamiento global puede convertirse en un factor agravante de los síntomas menopáusicos debido a las alteraciones que la caída de los estrógenos provoca en los mecanismos de regulación térmica del organismo.

El organismo se prepara para apagar un incendio

Detrás de los sofocos existe un complejo mecanismo neurobiológico. Las investigaciones de Rance y su equipo han demostrado que la disminución de estrógenos altera la actividad de un grupo específico de neuronas del hipotálamo conocidas como neuronas KNDy. Estas células participan en la regulación de la temperatura corporal y, cuando dejan de recibir la influencia hormonal habitual, pueden desencadenar respuestas exageradas ante cambios mínimos de temperatura.

La consecuencia es que la llamada zona termoneutral se estrecha drásticamente. Mientras una persona joven tolera variaciones amplias de temperatura sin apenas percibirlas, una mujer menopáusica puede reaccionar a una elevación mínima activando sus mecanismos de enfriamiento de emergencia. Vasodilatación, sudoración intensa y sensación súbita de calor. El organismo se comporta como si estuviera intentando apagar un incendio, aunque solo haya subido ligeramente la temperatura ambiente.

Otro de los trabajos que relaciona clima y sofocos es un estudio publicado en la revista Menopause dirigido por Nancy Avis, profesora de Ciencias Sociales y Políticas de Salud de la Universidad Wake Forest. Su equipo siguió durante varios años a miles de mujeres dentro del proyecto Study of Women’s Health Across the Nation (SWAN) y observó que la frecuencia de los sofocos mostraba una clara variación estacional. Los síntomas aumentaban durante los meses más cálidos y disminuían en los periodos fríos. 

Dos fuentes de estrés térmico

En sus recomendaciones dirigidas a pacientes durante los meses de verano, el Instituto Palacios de Salud y Medicina de la Mujer advierte de que muchas mujeres experimentan sofocos más frecuentes y más difíciles de controlar cuando aumentan las temperaturas ambientales. La explicación coincide con la literatura científica internacional. Durante la menopausia, el hipotálamo, que es la región cerebral encargada de regular la temperatura corporal, se vuelve mucho más sensible a pequeñas variaciones térmicas. Si a esa vulnerabilidad fisiológica se suma una ola de calor, el organismo debe enfrentarse simultáneamente a dos fuentes distintas de estrés térmico, el calor exterior y la alteración interna provocada por los cambios hormonales.

La Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM) también considera los sofocos y los sudores nocturnos uno de los síntomas más característicos y limitantes de esta etapa. Sus guías clínicas recuerdan que estos síntomas afectan de forma importante al descanso, la concentración, el rendimiento laboral, la salud mental y la calidad de vida. 

Deterioro del sueño

El calor agrava especialmente el insomnio, uno de los problemas más incapacitantes. Según datos publicados en The Lancet Diabetes & Endocrinology por un equipo liderado por la profesora australiana Susan Davis, de la Universidad de Monash, los sofocos y sudores nocturnos constituyen el síntoma menopáusico más frecuente y uno de los principales responsables de la pérdida de calidad del sueño.
Cuando a esos despertares se añaden noches tropicales de 25 o 30 grados, el resultado puede ser devastador. El investigador danés Kelton Minor analizó siete millones de registros de sueño procedentes de pulseras inteligentes en 68 países. Sus resultados, publicados en One Earth, mostraron que las temperaturas nocturnas elevadas reducen significativamente el tiempo de descanso y afectan especialmente a las mujeres y a las personas mayores.

El aumento de las temperaturas deteriora el sueño humano a nivel mundial

Los climatólogos prevén que Europa siga experimentando episodios cada vez más frecuentes e intensos de calor extremo y España es uno de los países europeos más expuestos al aumento de las temperaturas y a olas de calor prolongadas. Millones de mujeres sufrirán esa combinación de envejecimiento hormonal y calentamiento global. Para ellas no se trata únicamente de pasar calor, sino de una desventaja biológica que altera la capacidad del organismo para regular su temperatura en condiciones cada vez más extremas.

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