En primera persona

Conchi Fernández, ocho años atrapada en la anorexia: “Si voy a sacar la enfermedad de mi vida, necesito saber qué poner en su lugar”

Nutricionista y escritora, sufrió anorexia nerviosa desde los doce hasta los veinte años. Ahora reflexiona sobre lo que significa recuperarse y la necesidad de ser escuchada sin prejuicios

Día Salud Mental
La joven Conchi Fernández
Cortesía Conchi Fernández

Conchi Fernández contaba calorías con la misma facilidad con la que contaba las sílabas de un endecasílabo. La primera contabilidad formaba parte de la anorexia nerviosa que padeció durante ocho años; la segunda era su manera de contar lo que le ocurría sin que nadie terminara de descubrirlo. Escribía poemas desde los doce años y escondía en sus metáforas un sufrimiento que ni siquiera ella sabía explicar. La enfermedad había comenzado con una depresión en el umbral de la adolescencia. Perdió el apetito, empezó a adelgazar y, mientras a su alrededor crecía la preocupación por su alimentación, ella sentía que nadie reparaba en lo que realmente estaba pasando por su cabeza. Gracias a la ayuda especializada en trastornos de la conducta alimentaria, consiguió una primera recuperación. Una recaída que prolongó durante años aquel sufrimiento.

Autora de Sobrevivir a mí, vivir conmigo, Conchi transformó aquella experiencia en una historia que pudiera ayudar a otras personas. Después de superar la enfermedad, estudió Nutrición y Dietética y cursó un máster especializado en trastornos de la conducta alimentaria. Actualmente estudia también Psicología.

Con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, conversamos con ella. Desde la distancia que proporciona el tiempo y una mirada más serena sobre su propia historia, habla de la importancia de sentirse escuchada, del peligro de banalizar los diagnósticos y de una forma de recuperación que no consiste únicamente en dejar atrás la enfermedad, sino en aprender a vivir con uno mismo.

-Mientras todos se preocupaban por cuánto comías, tu sufrimiento emocional quedaba en segundo plano. Mirando atrás, ¿qué tipo de ayuda necesitabas realmente y qué echaste de menos en quienes intentaban cuidarte?

-Alguien que entendiese cómo me sentía quizás no es lo que más necesitaba, porque ni yo misma sabía bien cómo me sentía… Lo que sí necesitaba es alguien que me escuchara sin decirme “cómo debería sentirme o por qué no debería sentirme como me sentía” o “pero si tienes una vida maravillosa y mucha gente que te quiere”. Necesitaba esa escucha libre de juicio, que me preguntara desde la curiosidad y me acompañase a sostener mi respuesta (no la que el otro cree). En un entorno de ayuda profesional, sí añadiría que se me ayudase a entenderme en lugar de solo darme pautas de conducta.

-La salud mental ha pasado del silencio a ocupar un lugar central en las conversaciones y las redes sociales. ¿Estamos aprendiendo a comprender mejor el sufrimiento psicológico o corremos el riesgo de convertirlo en una cuestión de moda?

-No… Es maravilloso que podamos hablar de salud mental, algo que hasta no hace mucho estaba totalmente estigmatizado y silenciado. Pero como todo lo que llega a redes sociales, estamos en un punto en que siento que ahora está más de moda reconocer un problema de salud mental y casi estigmatizado decir que no tienes ni un poquito de ansiedad, insomnio, TCA, neurodivergencia. En realidad, estamos distorsionando lo que es realmente un problema de salud mental y restando importancia, gravedad o la propia visibilidad a casos reales o que no encajan en los estereotipos que hemos construido para cada categoría de salud mental.

“Estamos en un punto en que casi está estigmatizado decir que no tienes ni un poquito de ansiedad o neurodivergencia”

-En tu historia aparecen la sensibilidad, el perfeccionismo y una enorme autoexigencia, cualidades que pueden ser fortalezas, pero también convertirse en fuentes de sufrimiento. ¿Cómo influyeron en tu enfermedad?

-Definitivamente sí, hay rasgos de personalidad que si bien nos permiten sentir o hacer cosas maravillosas (sensibilidad, perfeccionismo, perseverancia…), se pueden volver en nuestra contra. A veces los explico (para las personas de mi generación) como los poderes de las protagonistas de la serie de H2O, esas sirenas que podían calentar, enfriar o mover el agua. Al principio, en los primeros episodios, no sabían usar sus poderes y se metían en un montón de problemas y situaciones peligrosas; a medida que la serie fue avanzando esas habilidades/cualidades seguían siendo las mismas, pero ahora las entendían. Conocían sus riesgos y sus virtudes. Ser sensible, perfeccionista… es algo que sigo siendo; pero el cómo lo soy y cómo me relaciono con ello ha cambiado totalmente. En parte por la desnutrición, no recuerdo nada muy claro salvo una gran angustia en el pecho, garras por dentro y no poder escapar de los latidos de mi corazón bombardeándome la cabeza.

Conchi Fernández

-Durante años la poesía fue tu refugio, pero también una forma de expresar lo que no te atrevías a reconocer abiertamente. ¿Cómo se transformó aquella escritura, que en cierto modo te protegía, en una herramienta para comprenderte y avanzar en tu recuperación?

-La poesía me permitió expresarme protegiéndome de ese juicio externo (o miedo al juicio externo). A través de las metáforas podía decir lo que ni siquiera en mi cabeza me atrevía a decir, sentir que lo sacaba de mí pero protegido en cierta forma. El arte en general nos permite hacer esto, que es un primer paso muy importante para empezar a sanar. Como cuento en el libro, primero estabilice mi salud mental guardando en un cajón fuera de mi vista todos los síntomas, pero sin resolver nada. Hasta años después que empecé a estudiar un máster en TCA, a leer ciencia e investigaciones al respecto… y también a leer todos esos poemas y diarios. La poesía me permitió sacar de mis cosas que luego poder mirar y entender, en mi caso fue años después estudiando, pero podría ser también sin esperar tanto, incluyendo la expresión a través del arte en un proceso de terapia. Entender lo que siento o lo que está pasando es la mayor sensación de alivio que creo haber sentido nunca.

“A través de las metáforas podía decir lo que ni siquiera en mi cabeza me atrevía a decir”

-Tu experiencia cuestiona una idea bastante extendida: que superar un trastorno alimentario consiste, fundamentalmente, en normalizar la relación con la comida. ¿Qué diferencia hay entre dejar atrás los síntomas y reconstruir una vida en la que la enfermedad ya no ocupe el centro de todo?

-Entenderme, y antes de eso, mirarme sin juicio y dispuesta a aceptarme con mis luces y mis sombras. También es clave para que una enfermedad deje de ocuparlo todo, ir haciendo sitio a más cosas. Es decir, si voy a sacar la enfermedad de mi vida, necesito tener al menos alguna idea de que poner en su lugar, y eso pasa por no tener solo el foco en quitar síntomas, sino en meter vida: intereses y hobbies, conectar con tus valores, conectar con personas que sientas que te ven y valoran…

-Han pasado varios años desde que decidiste contar públicamente tu historia. ¿Cómo ha evolucionado tu relación contigo misma y qué significa hoy para ti cuidar tu salud mental, especialmente cuando aparecen nuevas dificultades?

-La primera palabra que me viene a la mente es “paz” y la segunda “confianza”. Estoy en paz conmigo misma porque confío en que ante las adversidades intentaré salir adelante lo mejor que pueda y buscaré aprender de ello, tratarme con compasión… Ojo, la confianza no está en sentir la certeza de que superaré cualquier cosa, solo que lo intentaré acompañándome con compasión.

-Ahora que amplías tu formación con estudios de Psicología, además de tu experiencia como nutricionista y como paciente, ¿qué te gustaría aportar a quienes atraviesan un sufrimiento tan intenso?

-Cuando uno está sufriendo mucho parece que todo proceso para estar mejor, pensar en el futuro y tratar de tener esperanza… todo se te viene grande, angustia, presiona… pero podemos concentrarnos en un día a un día, de pasito en pasito… Quizás no nos vemos capaces de agarrar la esperanza de un futuro de recuperación o pensar en grandes logros como volver a tener ilusión por un proyecto, poder hacer cosas que ahora no… pero ¿podemos agarrarnos al día presente y a superar un día más? Y mañana, lo mismo. Y pasado. Y así… pasamos de una meta que suena imposible a tres retos superados.

TAGS DE ESTA NOTICIA