España ha aprendido a hablar de salud mental con una naturalidad impensable hace unas décadas. La depresión y la ansiedad han dejado de ser un secreto vergonzante y cada vez son más los jóvenes que se atreven a pedir ayuda. Sin embargo, detrás de esta mayor conciencia social lo cierto es que los problemas de salud mental no afectan por igual a toda la población y los recursos sanitarios siguen sin responder adecuadamente a la demanda.
La desigualdad se aprecia especialmente entre mujeres y hombres. Según los últimos datos disponibles de la Encuesta de Salud de España, elaborada por el Ministerio de Sanidad y el INE, el 35,1% de las mujeres presenta sintomatología depresiva, frente al 24,4% de los hombres. Tener síntomas depresivos no significa padecer una depresión diagnosticada, pero tampoco es un malestar ocasional. La misma encuesta identifica un cuadro depresivo activo en el 14,6% de la población mayor de 15 años, y un cuadro severo en el 8%.
Más de mil millones sufren trastorno mental
En su comunicado del 8 de octubre, con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, que se celebra este sábado, la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM) sitúa en torno al 29% la proporción de españoles que padecen algún trastorno mental, con especial presencia de la ansiedad y la depresión. La preocupación no es exclusivamente española. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que más de mil millones de personas viven con algún trastorno mental en el mundo. En septiembre de 2026 actualizó su información sobre ansiedad y estimó que estos trastornos afectan a 470 millones de personas, con una incidencia especialmente elevada entre las mujeres.

La desigualdad se vuelve todavía más evidente cuando se examinan los registros de atención primaria. El Informe Anual del Sistema Nacional de Salud contabiliza 143,3 casos de trastornos de ansiedad por cada 1.000 mujeres, frente a 77,9 por cada 1.000 hombres. La diferencia persiste después de ajustar las cifras por edad. Entre los 40 y los 79 años, aproximadamente el 17% de las mujeres tiene registrado un trastorno de ansiedad. Es una etapa vital que puede reunir responsabilidades profesionales, económicas y familiares, con hijos que todavía necesitan apoyo, padres mayores que empiezan a perder autonomía y una vida laboral que no siempre permite conciliarlo todo.
Precariedad, cuidados, violencia…
Las diferencias hormonales y determinados factores biológicos pueden intervenir, pero también influyen las condiciones materiales de vida, las experiencias traumáticas, las desigualdades económicas y las distintas formas de buscar asistencia sanitaria. El propio Plan de Acción de Salud Mental 2025-2027 del Ministerio de Sanidad reconoce la precariedad, la pobreza, los cuidados no remunerados, la discriminación y la violencia de género como factores relevantes para comprender el sufrimiento psicológico.
La violencia constituye otro factor de enorme importancia. La Macroencuesta de Violencia contra la Mujer, publicada en diciembre de 2025 por la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género, revela que el 26,7% de las mujeres que han sufrido violencia física o sexual de alguna pareja ha tenido pensamientos suicidas en algún momento de su vida, frente al 4,2% de aquellas que nunca han padecido violencia de pareja. Además, el 20,4% de las víctimas de violencia física o sexual había consumido antidepresivos durante el año anterior a la encuesta, frente al 8% de las mujeres que nunca habían sufrido violencia de pareja.

No hace falta esperar a la madurez para encontrar esta brecha. El estudio internacional HBSC, desarrollado en España por el Ministerio de Sanidad y la Universidad de Sevilla bajo el auspicio de la OMS, reveló que el 51,2% de las chicas experimentaba al menos dos malestares psicosomáticos más de una vez por semana, frente al 25,2% de los chicos. Se trata de manifestaciones como dificultades para dormir, dolores de cabeza, irritabilidad o nerviosismo. La distancia aumenta con la edad. Entre los 17 y los 18 años, el porcentaje alcanza el 60,3% entre las chicas, mientras que entre los chicos se sitúa en el 28,4%.
Casi nueve de cada diez jóvenes siente soledad
El Barómetro Juventud, Salud y Bienestar 2025, elaborado por Fad Juventud y Fundación Mutua Madrileña, señala la soledad como uno de los grandes problemas de esta generación permanentemente conectada, pero no siempre acompañada. El 87,5% de los jóvenes encuestados aseguró haber sentido soledad no deseada durante el último año, y un 26,5% la había experimentado con frecuencia.
El mismo barómetro revela que el 34,7% se había autolesionado alguna vez y que el 43% había experimentado pensamientos suicidas a lo largo de su vida, una proporción inferior al 48,9% registrado en 2023.

La SEPSM insiste en los riesgos asociados al uso problemático de las redes sociales. La comparación constante, la búsqueda de aprobación, los modelos corporales idealizados y el miedo a quedarse fuera pueden agravar las dificultades emocionales de adolescentes vulnerables. Sin embargo, la propia sociedad científica reconoce que los estudios disponibles muestran asociaciones moderadas y que todavía no se ha establecido completamente la dirección de esa relación.
También alerta sobre la banalización del cannabis. Su vicepresidente, Josep Antoni Ramos Quiroga, recuerda que consumirlo durante la adolescencia, especialmente de manera intensa y frecuente, se asocia con mayor riesgo de depresión, conductas suicidas y problemas psicóticos posteriores.
Maternidad, menopausia y envejecimiento
La salud mental femenina presenta, además, necesidades específicas en determinadas etapas vitales. Una de las menos visibles es el periodo posterior al nacimiento de un hijo, cuando buena parte de la atención se concentra en el bienestar del recién nacido y la recuperación física de la madre. Un estudio de las investigadoras Carmen Míguez y Belén Vázquez, de la Universidad de Santiago de Compostela, publicado en Midwifery en 2023, siguió a 561 mujeres durante el primer año después del parto. Mediante entrevistas clínicas estructuradas identificó depresión mayor en el 10,3% a los dos meses, el 10,9% a los seis meses y el 14,8% al cumplirse un año.
La transición a la menopausia merece también atención, aunque sin convertir una etapa natural de la vida en una enfermedad. Un metaanálisis publicado en Journal of Affective Disorders en 2024 encontró una mayor vulnerabilidad a síntomas o diagnósticos depresivos durante la perimenopausia respecto a la etapa anterior. El riesgo, sin embargo, no es universal y depende de los antecedentes personales y de otras circunstancias vitales. En las edades avanzadas aparecen factores como el duelo, el dolor crónico, la pérdida de autonomía o el aislamiento. Según el INE, los cuadros depresivos severos afectan al 10,5% de las personas de 65 o más años.

En el extremo más grave del sufrimiento psicológico, las estadísticas ofrecen una imagen diferente. Según los datos del INE, en 2024 fallecieron por suicidio 3.953 personas: 2.902 hombres y 1.051 mujeres. Los datos provisionales de 2025 reducen el total a 3.808 fallecimientos, un descenso del 3,7%. La mayor mortalidad masculina por suicidio recuerda que también hay que considerar las adicciones, las conductas de riesgo, la búsqueda de ayuda y las dificultades de acceso al tratamiento.
Según la SEPSM, España dispone de aproximadamente 12 psiquiatras por cada 100.000 habitantes, frente a una media europea situada entre 18 y 20. El envejecimiento de las plantillas y las jubilaciones previstas añaden presión a un sistema que ya afronta una demanda creciente. “La demanda asistencial creciente no puede asumirse con los medios con los que contamos actualmente. Se requieren recursos humanos y materiales acordes con esta realidad”, advierte su presidenta, Marina Díaz Marsá.
La SEPSM introduce una última advertencia que resulta pertinente en una sociedad donde la palabra ansiedad se utiliza para describir situaciones muy distintas: es necesario aprender a diferenciar el sufrimiento cotidiano de los trastornos mentales que requieren intervención sanitaria. No toda tristeza es depresión, ni toda preocupación constituye un trastorno de ansiedad. Pero tampoco el agotamiento persistente de una mujer que cuida a sus padres, las dificultades emocionales de una adolescente o el aislamiento de una persona mayor deberían despacharse como simples problemas de carácter.

