Cuando un hijo o una hija se va del hogar familiar, se encuentran dos sentimientos. Por un lado, el orgullo de que la crianza ha ido bien. Y por el otro, el silencio tras su marcha.
Este fenómeno, cuando se encuentra con sentimientos como la pérdida o la soledad, se conoce como síndrome del nido vacío. Para algunas mujeres, cuando su papel de madre ha sido muy importante para ellas, es casi un duelo.
No obstante, al igual que para el hijo, es una nueva etapa para ella. Por ello, es importante lidiar con este síndrome y avanzar hacia una nueva fase en la vida, como lo hacen los hijos.
Qué es exactamente el síndrome del nido vacío, y cómo lidiar con él

El Instituto Europeo de Psicología Positiva (IEPP) describe el síndrome del nido vacío a nivel psicológico como “una respuesta emocional ante la ausencia del hijo adulto que abandona el hogar.”
Como conjunto de emociones, indican que lo más importante es permitirse sentir todas ellas. Sentir la ausencia, incluso llorar, es parte del proceso. De nada sirve negar la tristeza y no aceptar la desaparición de las dinámicas y rutinas que había con los hijos.
Es probable que te preguntes quién eres realmente sin ser una madre activa. Su marcha es una buena oportunidad para trabajar en muchos aspectos propios: retomar pasiones, aprender algo nuevo, trabajar en las demás relaciones (amistad, pareja, familia…) y un sinfín de posibilidades en las que, hasta ahora, no podías dedicar tanto tiempo.
En este nuevo recorrido, y con todas las posibilidades que ofrece la tecnología hoy en día, piensa que puedes seguir estando ahí para ellos. Dejando ciertos límites saludables entre ambos, eso sí.
Trata de no agobiarlos o sobreprotegerlos. Permite que vayan creando sus espacios y aumenten su independencia, pero hazles saber que sigues ahí para lo que necesiten. Tanto por tu bien como por el suyo.
En pocas palabras, combate los sentimientos deprimentes poniendo el foco en ti, y alegrándote genuinamente del nuevo rumbo en sus vidas.
Estrategias para el día a día de tu nueva vida

Algunos expertos recomiendan ciertas acciones para reducir el impacto emocional causado por el síndrome del nido vacío.
Cuando estés preparada, puedes reorganizar el espacio donde estaba tu hijo. No estás borrando su rastro, estás ayudando a tu mente a no ver su habitación “detenida en el tiempo”, y aprovechando un espacio de tu casa para otro fin.
Ante los síntomas de ansiedad o depresión de este síndrome, empezar a practicar ejercicio físico (o dedicarle más tiempo) es una gran idea. Te ayudará a liberar endorfinas y en múltiples aspectos de tu salud mental y física.
Si eres una madre con instinto del cuidado y no eres capaz de redirigirlo, puedes pensar en participar en mentorías o voluntariados. Tu conocimiento, experiencia y ganas pueden ayudar a otras personas, y también puedes aliviar tus instintos durante un tiempo.
En el caso de que te cueste aceptar este cambio, no dudes en acudir a un profesional de la salud mental que te ayude a dar con una versión de ti más consciente, plena y autocompasiva.
Y ten presente que tu maternidad no ha acabado ni has desaparecido de la vida de tus hijos. Simplemente, se ha transformado, y les puedes seguir ayudando de otras maneras.


