A partir del 18 de enero, una borrasca Mediterránea amenaza con descargar fuertes lluvias, nieve y viento extremo

El invierno no da tregua y una compleja configuración atmosférica puede desencadenar un nuevo episodio de lluvias, nevadas y temporal

Previsión del tiempo para el domingo 18 de enero de 2026 - Sociedad
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El invierno vuelve a apretar el acelerador. Tras varios días de frentes atlánticos, los modelos meteorológicos empiezan a dibujar un escenario mucho más inestable a partir del domingo 18 de enero, con la posible llegada de una borrasca Mediterránea que podría marcar un antes y un después en este episodio de tiempo adverso. Aunque aún hay incertidumbre en los detalles, los principales escenarios apuntan a un giro claro hacia un ambiente plenamente invernal.

La clave está en la circulación atmosférica. El chorro polar va a describir grandes meandros. Esto favorecerá el descuelgue de una masa de aire muy frío desde latitudes altas hacia la Península. Ese proceso es el que puede acabar dando forma a una borrasca Mediterránea con capacidad para generar lluvias intensas, nieve a cotas relativamente bajas y un temporal marítimo complicado.

Una configuración atmosférica muy favorable al temporal

En la recta final de la semana se formará una potente cresta anticiclónica entre Azores y el Atlántico norte. Mientras que otro bloqueo se instalará al oeste de Rusia. Entre ambos sistemas se abrirá un auténtico pasillo por el que se colará una vaguada cargada de aire polar directamente hacia España. Esa es la antesala perfecta para la formación de una borrasca Mediterránea.

Si se cumple el escenario actual, esa vaguada se convertirá en una depresión en altura, con temperaturas cercanas a los -32 ºC a unos 5.400 metros. Esa bolsa de aire extremadamente frío cruzaría la Península de norte a sur durante el fin de semana, generando una atmósfera muy inestable, capaz de disparar chubascos, tormentas y fenómenos convectivos.

A partir del 18 de enero, una borrasca Mediterránea amenaza con descargar fuertes lluvias, nieve y viento extremo
Una fotografía de dos personas bajo la lluvia.
EFE

El paso de esa masa de aire frío hará que las nubes giren en sentido antihorario sobre España. Una circulación típica asociada a la inestabilidad en altura. En este contexto, la borrasca Mediterránea podría canalizar la humedad hacia el este peninsular y Baleares, donde los chubascos tenderían a ser más persistentes e intensos.

Aún es pronto para concretar la cota de nieve. Pero los escenarios actuales sitúan ese nivel entre los 800 y los 1.200 metros en buena parte del país. Si la bolsa de aire frío se asienta sobre la Península, no se descartan desplomes térmicos puntuales que permitan ver granizo, nieve granulada o nevadas más bajas de lo previsto asociadas a la borrasca Mediterránea.

El Mediterráneo, en el punto de mira

A partir del domingo, todos los focos se dirigen al Mediterráneo occidental. Allí podría desarrollarse una auténtica ciclogénesis, una profundización rápida de una baja en superficie como respuesta al aire frío en altura. Es en ese punto donde la borrasca Mediterránea puede adquirir un protagonismo mayor.

Los modelos sitúan su posible núcleo entre Baleares, Argelia y el entorno de Córcega y Cerdeña. Dependiendo de dónde termine anclándose y de lo profunda que llegue a ser, sus efectos sobre España podrían variar mucho. Si se acerca lo suficiente, las precipitaciones ganarían intensidad en Cataluña, Aragón, Comunidad Valenciana, Baleares, Región de Murcia y el este de Andalucía, con nevadas destacables en cotas medias.

Una borrasca en el Mediterráneo
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Otro de los grandes riesgos asociados a esta borrasca Mediterránea es el viento. Un flujo persistente de norte o nordeste podría generar un temporal marítimo muy duro en el Mediterráneo, especialmente si la baja se profundiza y se acerca a la Península o al archipiélago balear. Oleaje fuerte, rachas intensas y condiciones complicadas para la navegación serían un escenario perfectamente posible.

Además, en altura seguiría llegando aire frío desde latitudes altas, e incluso algunos modelos plantean la formación de otra baja al noroeste, lo que podría extender las lluvias y nevadas a otras zonas del oeste y norte peninsular.

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