Generación conectada

Aprender a hablar con la IA para no quedarnos atrás

La integración de ChatGPT en la vida cotidiana abrirá una nueva exigencia: saber formular preguntas precisas para obtener respuestas funcionales de la inteligencia artificial

Hace unos días, Apple y ChatGPT anunciaron un acuerdo que pasó desapercibido, pero que tendrá importantes repercusiones económicas y sociales. Al integrar la inteligencia artificial más usada en sus dispositivos, Apple llevará esta tecnología a más de mil millones de bolsillos. Una democratización de la IA que resultará definitiva para las masas, aunque la mayoría no sepa aún cómo usarla.

Correos electrónicos, móviles, redes sociales: cada avance tecnológico nos exigió un aprendizaje silencioso y paciente. El que no supo actualizarse, se quedó fuera de onda rápidamente. Las personas mayores fueron las primeras en tirar la toalla y depender de sus hijos para realizar sus gestiones habituales.

Hoy, sin embargo, se abre una nueva forma de brecha digital. No entre quienes tienen acceso a ella y quienes no, sino entre quienes han aprendido a comunicarse con ella y quienes no. Porque darles instrucciones a los ordenadores ya no es únicamente emitir una orden o pulsar botones. Se trata de aprender su idioma y adaptar nuestros mensajes.

ChatGPT - Sociedad
Un fondo de pantalla con el logo de ChatGPT.
Wallpapers

El nuevo idioma cotidiano

Si no tienes aún ChatGPT (u otra herramienta de IA), quizás la lectura de este artículo sea la motivación definitiva. Una vez instalada una de esas apps, ahorrarás mucho tiempo y dolores de cabeza.

Te darás cuenta también de que hablar con la inteligencia artificial no es lo mismo que hablar con una persona. Las distintas IA funcionan como sistemas que interpretan el lenguaje natural humano y responden en función de “lo que creen que queremos”.

Por eso, uno de los primeros errores cometidos es tratarla como algo que resuelve cualquier problema sin dedicarle la atención mínima. Por prisas o desconocimiento, formulamos preguntas vagas y luego nos sorprendemos recibiendo unas respuestas imprecisas.

Repensar nuestra forma de expresarnos

Aprender este nuevo lenguaje es relativamente sencillo y, a la vez, algo que nos llevará a cuestionarnos un poco. ¿Nos expresamos correctamente cuando hablamos con nuestros amigos?, ¿no evitaríamos malentendidos siendo más claros y precisos?

Preguntar adecuadamente a la IA pasa precisamente por ahí. Las máquinas pueden “imaginarse” lo que quieres, pero el resultado suele ser menos interesante de lo esperado.

El primer paso es entender que las máquinas no saben nada de ti, ni de tu pasado, ni de tu presente ni del entorno que te rodea. Hay que darles un contexto detallado, así como asignarles un rol en ese momento concreto (“actúa como una economista, una historiadora, una especialista en política, etc.”), según tu objetivo marcado. Si tienes un problema legal en la vida real: ¿lo consultarías con un abogado o un fontanero?

Por fin, acabarás pidiendo el tipo de formato en el cual quieres ver devuelta la respuesta. Podría ser un texto en Word o un ranking en Excel. Podrías también pedirle una infografía a modo de resumen.

La IA, por muy complicada que parezca, no lo es tanto, pero nos obliga a hacer el esfuerzo de expresarnos mejor. En este aspecto, tener algo de sentido común siempre resulta positivo.

Prompts: la nueva palabra de moda

Como lo fueron antes palabras tales como like o follower, la palabra prompt invadirá pronto nuestras conversaciones. Hoy denomina la solicitud o instrucción que le das a tu ordenador. Un buen prompt no debe ser una frase ingeniosa o poética, sino una estructura mental que deberás adoptar en tu comunicación del día a día.

Preguntar bien a una inteligencia artificial no es tan distinto de pedir ayuda a una persona experta. Primero hay que sugerirle desde qué lugar debe responder (¿abogado o fontanero?) y luego explicarle con claridad lo que queremos, en qué tono y a quién irá dirigida la respuesta. Por último, concretar cómo queremos recibirla: breve o extensa, en forma de texto, lista o esquema. Cuanto más claro el encargo, más fiable la entrega.

¿Qué son los patrones de prompts?

También va a ser recurrente la referencia a los distintos patrones de prompts. No porque sean fórmulas mágicas, sino porque son unos esquemas para preguntar adecuadamente las cosas.

Existen varios tipos de patrones de prompts. Pueden ser prompts para buscar la información más completa y detallada posible. Otros prompts en los cuales le pedirás ir filtrando todo lo recabado y centrarlo en lo que realmente importa.

Aprender estos patrones no será una habilidad reservada a expertos en informática. Será una competencia universal que deberemos adquirir en cualquier etapa creativa, educativa, o en la toma de decisiones personales o profesionales en nuestras vidas. Ya son muchos los que le piden consejos a ChatGPT como si fuera su mejor consejera. En este aspecto, quién pregunte mejor obtendrá respuestas más acertadas.

ChatGPT compras - Sociedad
La aplicación de ChatGPT para móviles.
Shutterstock

Cuando los resultados no acompañan

Uno de los chismes más habituales es culpar a la inteligencia artificial cuando el resultado no nos convence, la respuesta tiene cierto sesgo o no nos conviene. Pero en la mayoría de estas situaciones, el problema no es la herramienta, sino la interacción que generamos con ella.

Si la tratamos como un oráculo, nos devolverá respuestas planas y generalistas. Si, al contrario, la usamos como un asistente al que le damos todo el contexto necesario y la retroalimentación adecuada, el resultado final mejorará. Ajustar, corregir, pedir otra visión, matizar o mejorar algunos aspectos, hará que el futuro de la relación vaya a más.

La IA aprende de ti en cada una de vuestras conversaciones. Esto cambia radicalmente tu relación con la tecnología. Ya no se trata de charlar de vez en cuando, sino de dialogar habitualmente con ella. Irá aprendiendo sobre tus gustos, forma de expresarte, para refinar juntos el resultado. Pero claro, eso exigirá cierta curiosidad y mucha paciencia.

¿Cómo debemos tratar a las máquinas?

La frontera entre comunicación humana y “cibernética” es cada vez más fina. Existen cibermascotas con las cuales podemos mantener una relación afectuosa o convertir la IA en nuestro médico de cabecera.

El caso es que el tono con el cual nos dirigimos a un elemento (antes considerado como un amasijo de hierro) se parece cada vez más a una relación íntima. Muchos expertos realizan ensayos para testear cómo la forma condiciona el fondo en estas nuevas relaciones tecnológicas. ¿Debemos ser exigentes y emplear unas expresiones autoritarias para que las máquinas resulten más eficientes?

Aunque las máquinas no tengan (aún) sentimientos, la forma en la cual pedimos las cosas podría influir en los resultados. En este caso, hablar con educación, respeto y claridad ya no es una cuestión moral, sino práctica.

Cuando discutimos con alguien, solemos mezclar reproches, causas y efectos. Con la inteligencia artificial pasa un poco lo mismo, con la diferencia de que tú serás el que siempre acabarás perdiendo.

Debemos aprender una nueva habilidad clave para nuestro futuro: saber dialogar con sistemas inteligentes sin delegar completamente, y de forma ciega, en su criterio. No rendirse a ellos, mantener el control de ese entorno digitalizado, pero ser consciente de que ya no es una herramienta pasiva, sino una nueva interlocutora.

Habrá quien se resista, como pasó con la adopción de los móviles, quien se sienta abrumado o lo vea como una moda pasajera. Pero la historia demostrará lo contrario. Obviar el aprendizaje de este nuevo lenguaje podría tener un coste personal, emocional y social elevado. La inteligencia artificial no nos pide que sepamos más (para eso está ella), sino que preguntemos mejor. Y eso, paradójicamente, es una habilidad profundamente humana.