Tragedia ferroviaria

Encontrado Boro, el símbolo involuntario de un dolor a veces incomprendido

El perro, símbolo de la esperanza, ha sido rescatado gracias a los bomberos forestales y ya se encuentra con su familia

Rescate de Boro
Boro ya se encuentra con su dueña tras tres días desaparecido
PACMA

Boro, no ha sido una anécdota en medio de la tragedia, sino uno de sus protagonistas. Su pérdida nos hizo caer en la cuenta de la dependencia absoluta de un ser querido que, además, no entiende la ausencia. Se coló en esta trágica crónica del accidente ferroviario a primera hora del lunes 19 de enero, cuando ya empezábamos a conocer la dimensión de lo ocurrido en Adamuz (Córdoba). Nos conmovió el relato de Ana García Aranda, una joven de 26 años que viajaba con su hermana Raquel, embarazada de cinco meses, y su cuñado cuando el tren se salió de la vía y descarrilló. Con lágrimas y llena de magulladuras, contó cómo habían logrado sobrevivir, aunque les faltaba Boro. Lo cogió en brazos, pero estaba tan asustado que se escapó. Llevaba un collar brillante con una placa azul.

Ana, víctima de los trenes descarrilados en Adamuz y dueña de Boro

Después de varios días de búsqueda incansable y algunos bulos, fue localizado con vida en la tarde del miércoles por el Partido Animalista Contra el Maltrato Animal (PACMA), en una zona próxima al lugar del accidente. Este jueves los bomberos forestales han confirmado que ha sido rescatado y ya se encuentra con sus dueños.

 

PACMA solicitó formalmente al Ministerio del Interior un permiso excepcional para acceder al área del siniestro, una zona catalogada de alto riesgo con acceso restringido. A la búsqueda se sumaron voluntarios de varias asociaciones, vecinos de Adamuz y brigadas de bomberos voluntarios.

Un dolor incómodo

Boro, un perro mestizo negro, mezcla de schnauzer y perro de aguas, es ya un símbolo involuntario del drama vivido. También del daño que queda en esos otros animales que seguirán descolocados esperando en la puerta de casa a alguien que ya no volverá. Su orfandad añade una capa más de dolor, aunque a veces nos incomode reconocerlo.

Culturalmente hemos aprendido a jerarquizar el dolor, y en esa jerarquía el sufrimiento humano ocupa, lógicamente, el lugar más alto. Pero reconocer en público la importancia de un animal en una tragedia con víctimas humanas no resta gravedad. Ana, la dueña de Boro, se vio obligada a justificar su tristeza: “Los animales son parte de la familia”, expresó. Es un vínculo que se forja con la convivencia, la lealtad, el cuidado cotidiano y los afectos. En un contexto tan dramático como el de Adamuz, este tipo de amor a algunas personas en las redes sociales le ha parecido casi infantil, como si no pudiesen convivir la empatía y el sufrimiento por los seres humanos con la desolación por un animal extraviado, un miembro más en el hogar.

La historia de Boro ayuda a humanizar este fatal accidente porque muestra hasta dónde pueden llegar los lazos rotos de los pasajeros de los trenes que descarrilaron el domingo pasado. Pedir ayuda en voz alta, como hicieron Ana y también su padre, exige una valentía emocional que no siempre estamos preparados para asumir.

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