De la tragedia en Santiago de Compostela al metro de Valencia: los peores descarrilamientos de la historia de España

Un recorrido por las mayores tragedias sobre raíles que ha vivido nuestro país y que cambiaron la forma de viajar en tren

Accidente de tren en Santiago - Sociedad
Una fotografía de archivo del accidente de tren en Santiago.
Agencias

El descarrilamiento registrado en Córdoba ha devuelto de golpe una pregunta incómoda al centro del debate público. ¿Cómo es posible que, en una de las redes ferroviarias más avanzadas de Europa, sigan produciéndose accidentes de consecuencias tan graves? Mientras las autoridades investigan qué falló en la infraestructura o en la operativa, el suceso vuelve a activar una memoria colectiva marcada por algunos de los peores descarrilamientos de la historia reciente de España, episodios que dejaron decenas de víctimas y cicatrices aún abiertas en el sistema ferroviario y en la sociedad.

España ha vivido grandes avances en materia de seguridad ferroviaria. Pero su historia también está atravesada por tragedias que obligaron a revisar protocolos, sistemas de señalización y responsabilidades. Desde accidentes ocurridos en plena modernización del ferrocarril hasta otros más recientes, los peores descarrilamientos no solo hablan de fallos técnicos o humanos, sino también de decisiones políticas, inversiones incompletas y lecciones aprendidas demasiado tarde.

Santiago de Compostela (2013)

Cuando se habla de los peores descarrilamientos en España, el nombre de Santiago de Compostela aparece de forma inevitable. El 24 de julio de 2013, a pocos kilómetros de la estación, un tren Alvia descarriló en la curva de A Grandeira. El balance fue devastador: 79 personas fallecidas y más de 140 heridas, convirtiéndose en el accidente ferroviario más grave de la España contemporánea.

La investigación posterior determinó que el tren circulaba a una velocidad muy superior a la permitida en ese tramo, una curva especialmente cerrada situada justo después de una zona de alta velocidad. El siniestro abrió un debate profundo sobre la transición entre tramos con distintos sistemas de seguridad, la formación de los maquinistas y la responsabilidad de los gestores de infraestructuras.

De la tragedia en Santiago de Compostela al metro de Valencia: los peores descarrilamientos de la historia de España
Una fotografía de archivo del accidente de tren en Santiago.
RTVE

Santiago no fue solo uno de los peores descarrilamientos por el número de víctimas, sino también un punto de inflexión. A partir de entonces, se revisaron protocolos, se reforzaron sistemas de control y se introdujeron cambios que buscaban evitar que un error humano pudiera desembocar en una tragedia de semejante magnitud.

Metro de Valencia (2006)

Siete años antes de Santiago, otro de los peores descarrilamientos sacudió el país, esta vez en un entorno urbano. El 3 de julio de 2006, un convoy de la Línea 1 del metro de Valencia descarriló en una curva entre las estaciones de Jesús y Plaça d’Espanya. Murieron 43 personas y 47 resultaron heridas.

Aunque no se trataba de un tren de larga distancia, el accidente del metro de Valencia se convirtió en uno de los episodios más dolorosos del transporte ferroviario español. Las investigaciones apuntaron a un exceso de velocidad en una curva mal señalizada, pero con el paso del tiempo el foco se amplió hacia la falta de inversión en seguridad, el estado del material rodante y la gestión de la red.

De la tragedia en Santiago de Compostela al metro de Valencia: los peores descarrilamientos de la historia de España
Una fotografía de archivo del accidente del metro de Valencia.
RTVE

Durante años, las víctimas denunciaron silencio institucional y una investigación insuficiente. El metro de Valencia sigue siendo uno de los peores descarrilamientos no solo por su balance humano, sino por lo que reveló sobre la fragilidad de ciertos sistemas ferroviarios en plena expansión urbana.

Torre del Bierzo (1944)

Aunque queda fuera de la historia reciente estricta, ningún repaso a los peores descarrilamientos estaría completo sin mencionar Torre del Bierzo. El 3 de enero de 1944, en plena posguerra, una concatenación de errores provocó una colisión múltiple y posterior incendio dentro de un túnel en la provincia de León.

Las cifras exactas nunca se esclarecieron del todo, pero se estima que murieron más de 200 personas. Eso lo convierte en el accidente ferroviario más mortífero de la historia de España. La falta de medios, la precariedad del sistema ferroviario de la época y la opacidad informativa marcaron un suceso que durante décadas permaneció envuelto en silencio.

Torre del Bierzo es un recordatorio extremo de hasta dónde puede llegar una cadena de fallos cuando no existen sistemas de seguridad robustos. Y sigue figurando entre los peores descarrilamientos registrados en Europa.

Manzanares (1978)

El 15 de diciembre de 1978, un tren Talgo descarriló cerca de Manzanares, en la provincia de Ciudad Real. Murieron 13 personas y al menos otras 15 resultaron heridas. El accidente se produjo en un contexto de transición tecnológica del ferrocarril español, cuando convivían infraestructuras antiguas con material rodante cada vez más rápido.

Este siniestro figura entre los peores descarrilamientos de la segunda mitad del siglo XX y puso de manifiesto las limitaciones de una red que aún no estaba preparada para ciertas velocidades ni para determinados estándares de seguridad que hoy se dan por asumidos.

Torralba del Moral (1980)

Dos años después, en julio de 1980, otro episodio se sumó a la lista de los peores descarrilamientos. En Torralba del Moral, en Soria, un tren Talgo de pasajeros colisionó frontalmente con un tren de mercancías. Murieron 17 personas y más de una veintena resultaron heridas.

Aunque el accidente incluyó una colisión, el descarrilamiento posterior multiplicó las consecuencias. La investigación señaló fallos en la señalización y en la gestión del tráfico ferroviario, en una época en la que los sistemas automáticos de control aún no estaban plenamente implantados.

Descarrilamientos menos letales, pero significativos

La historia ferroviaria española recoge otros descarrilamientos con menor número de víctimas, pero igualmente relevantes para entender los riesgos del sistema. Accidentes en curvas mal diseñadas, en tramos con obras o en condiciones meteorológicas adversas han ido conformando un mapa de alertas que explica por qué los peores descarrilamientos suelen concentrarse en puntos muy concretos de la red.

Muchos de estos incidentes no llegaron a provocar decenas de muertos, pero sí sirvieron para introducir mejoras técnicas, desde cambios en la señalización hasta la implantación de nuevos sistemas de frenado y control automático de velocidad.

De la tragedia en Santiago de Compostela al metro de Valencia: los peores descarrilamientos de la historia de España
Accidente de un tren Iryo en Adamuz (Córdoba), tras el descarrilamiento de dos trenes.
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Si algo une a los peores descarrilamientos ocurridos en España es la combinación de varios factores. Rara vez existe una única causa. En la mayoría de los casos confluyen velocidad excesiva, diseño deficiente de la infraestructura, ausencia o desconexión de sistemas de seguridad y, en ocasiones, decisiones humanas bajo presión.

También aparece un patrón claro. Muchos accidentes se producen en zonas de transición, donde el tren pasa de un sistema a otro o de una velocidad alta a una más baja en muy poco espacio. Es en esos puntos donde un fallo, por pequeño que sea, puede tener consecuencias irreversibles.

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