Accidente en Urda

“La empatía no exige que asumamos como propio todo el dolor ajeno”

Reflexionamos con el psiquiatra José Luis Pedreira sobre el impacto psicológico de la tragedia de Urda

La gente pregunta a los servicios sanitarios en las inmediaciones del accidente.
La gente pregunta a los servicios sanitarios en las inmediaciones del accidente.
Jorge Herrera

Ante la tragedia de Urda, José Luis Pedreira, psiquiatra, rechaza hablar de una anestesia emocional colectiva y reclama responsabilidad a los políticos, los medios de comunicación y los ciudadanos para evitar que el miedo y la desinformación agraven las consecuencias de las catástrofes.

España ha encadenado acontecimientos traumáticos como la DANA, el gran apagón y dos gravísimos accidentes ferroviarios en nueve meses. ¿Qué ocurre en nuestra mente cuando las tragedias se acumulan?

Lo primero es evitar las generalizaciones y las respuestas totalizadoras. Esto es absolutamente fundamental. Cada acontecimiento, cada circunstancia, tiene sus propias características y se desarrolla de manera diferente. Ante ellas, las personas reaccionan adaptándose o desadaptándose en función de su exposición al riesgo y de su vulnerabilidad individual. Las catástrofes que usted menciona no pueden analizarse como si fueran equivalentes. Hay que diferenciarlas. No es lo mismo la DANA que el accidente ferroviario de Urda. Los dos accidentes ferroviarios pueden presentar similitudes, pero sus características son muy distintas de las de una inundación, una erupción volcánica o un apagón generalizado.

José Luis Pedreira, psiquiatra

¿Hasta qué punto puede afectarnos una tragedia que conocemos a través de las noticias?

La respuesta individual ante una catástrofe depende de múltiples factores: la estructura de nuestra personalidad, nuestro desarrollo personal y social, las experiencias afectivas y emocionales que hemos vivido, las relaciones sociales, la contención familiar y, en definitiva, toda nuestra historia previa. Estos elementos determinan cómo reaccionamos habitualmente ante situaciones extraordinarias. También respondemos emocionalmente a acontecimientos que suceden fuera de nuestro entorno y que no nos afectan directamente, pero con los que nos sentimos solidarios. Esa reacción depende de nuestra sensibilidad social y de nuestra capacidad de empatía. Sin embargo, esto no significa que todos vivamos una tragedia de la misma manera. Podemos experimentar preocupación, tristeza, pena, ansiedad o incertidumbre, aunque no hayamos sufrido personalmente sus consecuencias.

“La respuesta individual ante una catástrofe depende de la estructura de nuestra personalidad, desarrollo personal y social y toda nuestra historia previa”

¿Cómo podemos compartir el dolor de las víctimas sin quedar emocionalmente desbordados?

La madurez emocional desempeña un papel fundamental, porque nos permite tomar cierta distancia psicológica respecto a los acontecimientos catastróficos. Podemos identificarnos con el sufrimiento de las víctimas, sentir empatía y conmovernos ante lo sucedido, pero también debemos ser capaces de reconocer que no estamos directamente afectados. Esa distancia emocional resulta necesaria para preservar nuestro equilibrio psicológico y continuar con nuestra vida, apoyándonos en nuestras familias, nuestras amistades y las personas de nuestro entorno que tampoco han vivido directamente la tragedia. La empatía no exige que asumamos como propio todo el dolor ajeno. Podemos compartir la tristeza y expresar nuestra solidaridad sin perder la capacidad de mantener una distancia emocional saludable.

¿Qué opina de quienes se concentran exclusivamente en señalar culpables?

Las personas inteligentes, ante una crisis, intentan buscar soluciones. Se concentran en afrontar los problemas y encontrar respuestas que permitan superar las dificultades. Por el contrario, quienes se dedican exclusivamente a buscar culpables, en lugar de contribuir a solucionar los problemas, demuestran una actitud muy distinta. Son los mediocres o los incompetentes quienes siempre buscan culpables.

“Quines se dedican exclusivamente a buscar culpables son los mediocres o los incompetentes”

¿Qué huella puede permanecer en nuestra memoria?

No tenemos capacidad de adivinación. Podemos anticipar cómo podrían producirse determinadas respuestas humanas ante circunstancias extraordinarias, pero no predecir exactamente cómo va a reaccionar cada persona. Nuestra memoria conserva las experiencias y los acontecimientos que hemos vivido, aunque recordamos con mayor intensidad aquellos en los que hemos estado directamente involucrados.
La huella que deja una catástrofe depende, por tanto, de nuestra experiencia personal, pero también de nuestras circunstancias vitales. Tener una vida social plena, unas relaciones afectivas satisfactorias y un entorno interpersonal adecuado influye en nuestra manera de afrontar los acontecimientos traumáticos.

¿Existe el riesgo de que terminemos normalizando la inseguridad?

Hablar de normalizar la inseguridad me parece equivocado. Normalizarla supondría renunciar a nuestra conciencia crítica, y precisamente lo que necesitamos es mantener esa capacidad de análisis, tomar distancia de los acontecimientos y colocar cada circunstancia en su verdadero contexto. Ante cualquier situación desfavorable debemos identificar los factores sobre los que podemos intervenir y buscar soluciones que permitan modificarla. No se trata de aceptar la inseguridad como algo inevitable, sino de comprender los riesgos, evaluarlos y actuar sobre ellos.

¿Qué responsabilidad tienen los políticos a la hora de transmitir confianza?

Considero fundamental que los responsables políticos sepan estar a la altura de las circunstancias. Y eso significa, en primer lugar, decir la verdad, aunque resulte dura, incómoda o contraria a lo que nos gustaría escuchar. La verdad debe transmitirse con seriedad, coherencia y claridad. Los gobernantes tienen que afrontar los acontecimientos de cara a la ciudadanía, explicar qué ha sucedido, reconocer las dificultades y demostrar que están trabajando para esclarecer los hechos y encontrar soluciones.

“La verdad debe transmitirse con seriedad, coherencia y claridad”

¿Qué papel desempeñan los medios de comunicación?

En el ámbito de los medios de comunicación existe también el riesgo del carroñerismo mediático. Me refiero al amarillismo, a la tendencia a destacar noticias escabrosas o detalles morbosos que carecen de importancia sustancial para comprender lo que verdaderamente está ocurriendo. Debemos tener muchísimo cuidado con estas prácticas. La obligación es informar, no desinformar. Y hacerlo a partir de hechos comprobados, de evidencias reales y, cuando corresponda, de los conocimientos científicos disponibles.

¿Podemos acostumbrarnos tanto a las malas noticias que terminemos emocionalmente anestesiados?

No comparto la idea de que la acumulación de tragedias nos esté conduciendo necesariamente hacia una anestesia emocional colectiva.
La anestesia emocional supondría una disminución o ausencia de respuestas afectivas ante acontecimientos que normalmente deberían conmovernos. Pero no tiene por qué suceder así. No debemos confundir la capacidad de continuar con nuestra vida con una pérdida de empatía. Podemos sentir tristeza, preocupación y solidaridad ante una catástrofe y, al mismo tiempo, seguir desarrollando nuestras actividades cotidianas.

Después de lo ocurrido en Urda y Adamuz, ¿seguirá viajando en alta velocidad con la misma tranquilidad?

Pensemos en los accidentes aéreos. Cuando se produce una tragedia de aviación, la sociedad se conmueve, pero eso no significa que dejemos de utilizar los aviones. Seguimos viajando porque entendemos que existen riesgos, pero también mecanismos destinados a controlarlos.
Lo mismo ocurre con el ferrocarril. Después de los atentados del 11-M, los ciudadanos siguieron utilizando los trenes. Y después de los accidentes ferroviarios que estamos viviendo, quienes necesiten viajar en tren continuarán haciéndolo. Yo mismo voy a seguir utilizando el ferrocarril y, por supuesto, la alta velocidad. El AVE me proporciona ventajas importantes y considero que sus beneficios compensan los riesgos que implica su utilización.

“Yo mismo voy a seguir utilizando el ferrocarril y, por supuesto, la alta velocidad”

¿En qué se apoya esa confianza?

Cada vez que viajamos asumimos determinados riesgos. Esto forma parte de nuestra vida cotidiana. La cuestión fundamental es que esos riesgos estén controlados mediante sistemas de seguridad, procedimientos adecuados y profesionales que cumplan correctamente sus responsabilidades. Precisamente esa capacidad de controlar los riesgos es la que nos permite confiar en los demás y desenvolvernos con normalidad. La vida en sociedad se sostiene sobre esa confianza recíproca. Esperamos que cada profesional, cada institución y cada responsable público cumpla con la función que le corresponde, del mismo modo que nosotros debemos cumplir con nuestras propias obligaciones. Cuando esas responsabilidades se ejercen adecuadamente, podemos afrontar los riesgos sin vivir permanentemente dominados por el miedo.

¿Qué podemos hacer los ciudadanos para evitar que la desinformación aumente la incertidumbre?

Tenemos la responsabilidad de no dar crédito ni difusión a informaciones que carezcan de fundamento, de contrastar lo que recibimos y de distinguir entre los hechos comprobados y las interpretaciones interesadas. Debemos aprender a afrontar las tragedias desde la evidencia, la responsabilidad y una conciencia crítica. Ni el miedo permanente ni la indiferencia son respuestas adecuadas. La sociedad necesita instituciones que asuman sus responsabilidades, medios que informen con veracidad y ciudadanos capaces de conservar su sensibilidad sin renunciar a su capacidad de análisis. La confianza no consiste en negar los riesgos, sino en saber que existen personas e instituciones comprometidas con su prevención, su control y su esclarecimiento cuando algo falla.

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