El cerebro de una mosca parece poca cosa. Es diminuto, casi invisible para quien no se dedica a estudiarlo. Sin embargo, para Lucía Prieto Godino, neurocientífica española del Instituto Francis Crick de Londres, ese pequeño órgano puede ayudar a responder una de las grandes preguntas de la biología: cómo cambia el cerebro a lo largo de la evolución y por qué esos cambios modifican la conducta de los animales.
La frase de Lucía Prieto Godino resume bien el tamaño del desafío: “Todavía no entendemos casi nada sobre cómo evoluciona el cerebro”. No es una declaración pesimista. Es una forma clara de explicar que la ciencia ha avanzado muchísimo en el conocimiento de las neuronas, los genes y los circuitos cerebrales, pero aún tiene por delante una pregunta enorme: cómo surgen nuevos comportamientos en las especies.
Una científica española en la frontera del cerebro
Lucía Prieto Godino dirige en Londres un laboratorio dedicado a estudiar la evolución de los circuitos neuronales. Es decir, analiza cómo cambian las conexiones entre neuronas y cómo esos cambios pueden acabar produciendo comportamientos distintos. Su equipo trabaja con varias especies de moscas, un modelo clásico en biología porque permite observar procesos complejos en cerebros mucho más simples que los humanos.
El punto de partida es sencillo de entender: los pensamientos, los recuerdos, los sentidos y las conductas dependen de redes de neuronas. Si esas redes cambian, puede cambiar también la forma en que un animal percibe el mundo y actúa. Lo fascinante es descubrir qué modificaciones concretas bastan para que una especie se comporte de manera diferente a otra.
En el caso de Lucía Prieto Godino, una de las claves está en el olfato. Su laboratorio ha comparado especies de Drosophila, un tipo de mosca muy utilizado en investigación científica. Una de ellas, Drosophila erecta, tiene una preferencia alimentaria muy concreta: se siente atraída por el fruto de un arbusto tropical africano. La pregunta era cómo había llegado su cerebro a desarrollar esa inclinación tan específica.
Cambiar conexiones para cambiar conductas
Lo llamativo del trabajo de Lucía Prieto Godino es que esa diferencia de comportamiento no parece depender simplemente de tener más neuronas o neuronas completamente nuevas. Según los resultados explicados por la investigadora, la clave está en cómo están conectadas esas neuronas. Dicho de forma sencilla: no solo importa qué piezas hay en el cerebro, sino cómo se comunican entre ellas.
Esa idea tiene una fuerza enorme. Si el comportamiento puede cambiar por modificaciones en las conexiones neuronales, entonces la evolución no siempre necesita inventar estructuras nuevas desde cero. A veces puede reorganizar lo que ya existe. Puede ajustar circuitos, activar rutas distintas y producir una conducta nueva a partir de materiales antiguos.
De ahí el impacto de estos experimentos. El País ha descrito el trabajo de Prieto Godino como el de una científica que ha manipulado las neuronas de una mosca para que se “obsesione” por un fruto exótico. La expresión es llamativa, pero sirve para explicar el fondo del hallazgo. Al modificar circuitos concretos, los científicos pueden alterar una preferencia de comportamiento.
Lo que las moscas pueden enseñar sobre nosotros
Lucía Prieto Godino no está diciendo que estos descubrimientos puedan aplicarse mañana al cerebro humano. De hecho, la distancia científica y ética es enorme. El cerebro humano es muchísimo más complejo y cualquier comparación directa sería simplista. Pero eso no resta importancia al hallazgo. Al contrario: estudiar cerebros pequeños permite entender reglas básicas que quizá ayuden algún día a comprender mejor la evolución del sistema nervioso.
La ciencia avanza muchas veces así: mirando lo pequeño para entender lo grande. Las moscas han sido fundamentales en descubrimientos sobre genética, desarrollo y neurobiología. En este caso, ayudan a plantear una pregunta que parece casi filosófica, aunque sea profundamente científica: por qué somos como somos. ¿Qué cambios hicieron que unas especies desarrollaran unos instintos, unas preferencias y unas formas de actuar diferentes?
