La misa funeral en recuerdo de las 45 víctimas del accidente ferroviario de Adamuz quedará grabada para siempre en la memoria de familiares y pasajeros que aquel 18 de enero subieron al fatídico Alvia con destino a Huelva desde Madrid. Entre los supervivientes se encuentra Rocío Flores, natural de San Juan del Puerto y de 30 años, quien, pese a las secuelas físicas y psicológicas que arrastra, realizó un esfuerzo “sobrehumano” para asistir este jueves a la ceremonia.
“Estaba muy dolorida por las lesiones que sufrí en el accidente, pero ellos lo merecían y tenía que estar allí”, relataba a este Huelva Información. Para Rocío, acudir al funeral fue un acto de valentía y de respeto, aun cuando continúa asimilando lo ocurrido aquel día en las vías de la localidad cordobesa. Acompañada por su madre, su principal apoyo, decidió dar un paso al frente y sumarse a las cerca de 5.000 personas que llenaron un pabellón deportivo convertido, por unas horas, en catedral efímera.
“Fue precioso, aunque la carga emocional fue tan grande que, al terminar, tuve que ir al médico para que me pusieran una inyección. No podía soportar el dolor”, confesaba visiblemente afectada. Rocío recuerda especialmente el gesto que tuvieron los Reyes, Felipe VI y Doña Letizia, con ella y con el resto de afectados. “Se acercaron personalmente a mí. No me lo esperaba. Me preguntaron por mi trabajo, por dónde vivía, cómo había sido todo, qué hacía en Madrid… Los sentí muy cercanos. Me dieron abrazos y besos y estuvimos hablando un buen rato”, explica.
Del acto, la joven destaca la emotividad del discurso de Liliana Sáenz de la Torre en nombre de las víctimas, así como la homilía del obispo. Para la onubense, la unión de la provincia y la fe han sido pilares fundamentales para afrontar el siniestro. “Una vez más quedó claro que Huelva está para todo; todo el mundo se dio cuenta de que Huelva es Rocío. Podemos creer en distintas vírgenes, pero somos creyentes. Yo soy de la Virgen del Rocío y, una vez más, sentí que me arropaba con su manto”.
En cuanto al apoyo recibido durante el funeral, tanto por parte de las autoridades como de la organización, Rocío subraya la cercanía y el cuidado constante. “Estuvo todo súper controlado. Pasamos mucho calor; me bajaron varias veces, me ofrecieron agua continuamente por si necesitaba ayuda porque a veces me mareo, e incluso me dieron una bolsa por precaución. Nos sentimos muy arropados”.
Rocío viajaba en el vagón 4 del Alvia accidentado. Se había desplazado a Madrid para realizar el examen de Instituciones Penitenciarias y, al finalizar, tomó el tren de regreso a Huelva con la intención de descansar tras la tensión acumulada. “Intentaba quedarme dormida porque estaba agotada”, recuerda. De repente, “se apagó la luz, escuché un frenazo muy fuerte y me vi tirada en medio del pasillo”.
“Salí volando”
Sentada en el asiento del pasillo, no tuvo dónde sujetarse. “Salí volando. Mi compañera pudo agarrarse al asiento de delante; tuvo una capacidad de reacción que yo no tuve. No me dio tiempo ni a pensar”, relata.
Atrapada en el vagón antes de ser evacuada por una de las puertas, llamó a su madre convencida de que eran sus últimos minutos. “La llamé para despedirme. Creía que no iba a salir de allí. Le dije que la quería mucho”, recuerda. Su mayor miedo era que su madre viera las imágenes en televisión antes de saber que seguía con vida. Dos semanas después, todo le parece una nebulosa. Su madre, explica, “va saliendo poco a poco del susto”, aunque reconoce que asimilarlo está siendo muy difícil.
Tras el accidente, describe una especie de “caos organizado”. “Todo el mundo cooperaba, había mucha organización entre los propios afectados. Me dijeron que caminara hasta unas luces azules y, cuando llegué, me di cuenta de que no era el final, que había otro tren accidentado”, rememora aún con dolor.
Rocío sufrió contusiones en la cabeza y desprendimiento de costillas, por lo que permaneció ingresada durante 24 horas en el hospital Reina Sofía de Córdoba. “Tuve que quedarme en observación por los vómitos constantes provocados por el traumatismo craneal”, explica.
Actualmente continúa padeciendo mareos, aunque ya se encuentra en su casa de San Juan del Puerto, arropada por los suyos. Ahora comienza, asegura, la parte más dura: la recuperación emocional. “Me toca curarme por dentro y por fuera. Ayer mismo, antes de empezar el acto, se cayó algo y me asusté… automáticamente te viene a la cabeza el momento del tren”.
