Si hoy no funciona Internet, no es tu router, ni tu móvil, ni tu operador. Millones de usuarios en todo el mundo han experimentado cortes repentinos, webs inaccesibles y servicios que cargaban a medias, en uno de los apagones más amplios de los últimos meses. La caída ha sido tan extensa que ha afectado a redes sociales, medios de comunicación, plataformas de streaming, bancos y aplicaciones que dependen de sistemas externos para mantenerse en funcionamiento.
Desde primera hora, la avalancha de avisos en redes y en herramientas de monitorización confirmaba que el apagón no era local. Ese momento en el que abres varias webs seguidas y ninguna responde es el síntoma puro de un fallo de infraestructura. Si no funciona Internet para millones de personas al mismo tiempo, algo importante ha colapsado.
Cloudflare, el epicentro de la tormenta
El principal sospechoso detrás del apagón es Cloudflare, uno de los grandes proveedores mundiales de servicios de distribución de contenido (CDN). Cuando no funciona Internet por una caída masiva, Cloudflare suele aparecer en el foco porque su red intermedia gran parte del tráfico mundial. Protege webs de ataques, acelera la carga de páginas y gestiona peticiones entre servidores y usuarios.
Hoy, su infraestructura global ha experimentado errores que han bloqueado el acceso a miles de webs. El resultado es inmediato. Si Cloudflare falla, no funciona Internet para millones de personas. Lo que suele ser un sistema invisible se vuelve, durante unos minutos, el cuello de botella del mundo digital.

Lo más significativo es que ni siquiera los portales encargados de detectar fallos estaban accesibles. Sitios como Downdetector también sufrieron cortes. Eso confirmaba que el incidente no era un problema aislado, sino que se extendía de forma transversal por toda la red.
Qué ocurre cuando un CDN falla y no funciona Internet
Para entender por qué no funciona Internet cuando cae un proveedor de este tipo, hay que imaginar la red como una autopista. Cloudflare es el peaje que organiza el tráfico, evita atascos, bloquea ataques y distribuye los coches por distintos carriles. Si el peaje se queda sin sistema, los coches no pasan. Y si millones de coches no pasan, la autopista se colapsa.
Eso es lo que ha ocurrido hoy. Millones de solicitudes se han quedado sin respuesta, provocando que webs enteras parecieran “caídas” cuando, en realidad, sus servidores seguían vivos. Simplemente no podían comunicarse con los usuarios.
Por eso, cuando no funciona Internet de manera tan generalizada, los servicios no fallan todos a la vez ni de la misma manera. Algunas aplicaciones cargan parcialmente, otras devuelven errores aleatorios y otras simplemente desaparecen. Es el caos característico de un fallo de CDN.
Efectos en cadena: de redes sociales a servicios críticos
A lo largo de la mañana, plataformas como Twitter, medios online, tiendas electrónicas y herramientas de trabajo sufrieron interrupciones. Si no funciona Internet a nivel global, las consecuencias se expanden rápido: caen procesos automatizados, se ralentizan las comunicaciones internas de empresas y se bloquean sistemas dependientes de verificación externa.

La caída también afectó a aplicaciones bancarias y servicios que requieren conexión constante para validar operaciones. Un apagón en la infraestructura que sostiene el tráfico mundial no solo provoca molestias: puede interrumpir decisiones empresariales, transacciones y sistemas de emergencia.
¿Cuándo volverá la normalidad?
Con el paso de las horas, Cloudflare comenzó a estabilizarse y algunos servicios recuperaron su funcionalidad. Aunque siga habiendo usuarios para los que no funciona Internet, la tendencia apunta a una recuperación progresiva.
A falta de un informe oficial que detalle el origen del apagón, todo indica que se trata de un fallo técnico masivo y no de un ataque o un problema estructural. Sin embargo, lo ocurrido deja una idea clara: dependemos de infraestructuras tan gigantescas como vulnerables. Cuando una de ellas falla, el efecto arrastra a medio planeta.


