Margaret Atwood se impuso una condición al escribir El cuento de la criada: que ninguna de las atrocidades de su distopía careciera de precedentes reales.
Por eso, quizá no sorprenda, pero sí estremece leer cómo la escritora y actriz Lena Dunham describe el nacimiento de su hija mediante vientre de alquiler. Juzguen ustedes si no parece un extracto de la novela que Atwood publicó en 1985.
“Me senté en una cama de hospital, entre las piernas de una mujer a la que no conocía hace un año, esperando vislumbrar a esta persona a la que había estado esperando con algo parecido a la paciencia, pero también con ninguna en absoluto”.
Lena Dunham no es cualquiera. La creadora de Girls se convirtió en un referente para muchas mujeres al mostrar cuerpos, deseos y experiencias que apenas encontraban espacio en la televisión. ¿Cómo puede narrar con ese halo de ternura una escena tan terrible? ¿Cómo puede una mujer identificar y denunciar el machismo que la oprime y no reconocer la explotación de otra mujer cuando es ella quien se beneficia?

“Una absoluta decepción”
Isaac Guijarro y Rocío Moya, de Olympe Abogados, no dudan. Una cosa es combatir los privilegios ajenos y otra renunciar a los propios. Ahí sitúan la contradicción, en que por encima de mujeres, son personas con muchísimo dinero y el dinero puede “nublar las convicciones”.
Guijarro y Moya no pueden esconder su disgusto. Vaya semana. Unos días antes de conocerse el caso de Dunham, el 11 de septiembre, trascendió que Lady Gaga había sido madre. Otra referente del feminismo y de la diversidad. Aunque no está confirmado que haya recurrido a un vientre de alquiler, esa posibilidad les cuesta digerirla. Describen cómo encajaron la noticia. “Fue una absoluta decepción. No me lo podía ni llegar a creer“, dice Rocío. “Yo, por ejemplo, de Lady Gaga soy fan desde que era adolescente”, cuenta Isaac. Se les nota tocados. No es solo desacuerdo, es desesperanza: “He sentido mucha tristeza porque es como tenemos a la ultraderecha encima y también sentir decepción de las tuyas. Es como qué nos queda, ¿no? Si nosotras también participamos de la explotación de las mujeres“.
No es algo nuevo. El movimiento ya sufrió otra desilusión cuando otro referente, la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, autora de Todos deberíamos ser feministas recurrió a la gestación subrogada en 2024. Lo mismo que hizo en 2018 y 2020, la actriz Jessica Chastain, aquella que afirmó: “Todo lo que hago en mi vida es feminista”.

El feminismo como movimiento de liberación universal
¿Basta con haber roto moldes, haber hablado de libertad o haber puesto el cuerpo en el centro para ser un referente feminista? Cómo encajar lo que estas mujeres han defendido con lo que ahora se conoce o se sospecha —en el caso de Gaga—
“Hay mujeres que hemos podido considerar referentes feministas porque han contribuido a cuestionar estereotipos o a dar visibilidad a determinadas experiencias, y eso podemos reconocerlo. Pero una feminista lucha por los derechos de todas las mujeres, no solo por los derechos y las posibilidades de las mujeres que son como ella”, explica la socióloga experta en género, Beatriz Bonete.
Opina que “el feminismo es un movimiento de liberación universal. No puede convertirse en una herramienta para que unas pocas mujeres, precisamente aquellas que tienen mayor poder, estatus y capacidad económica, puedan ampliar sus posibilidades individuales a costa de otras”.

Además, advierte, el mensaje que envían puede ser “especialmente problemático” porque contribuye a presentarlas como una nueva posibilidad de emancipación: si tienes los recursos suficientes, puedes elegir cómo ser madre. “Pero el feminismo no puede limitarse a ampliar el catálogo de elecciones disponibles para las mujeres privilegiadas. Tiene que preguntarse siempre quién hace posible esas elecciones y en qué condiciones”.
Una oportunidad para denunciar la violencia
Para Beatriz Gimeno, escritora y exdirectora del Instituto de las Mujeres, es “terrible que hayan sido precisamente mujeres respetadas por el feminismo las que hagan algo así”. Pero hace una lectura más halagüeña de lo que ha observado. “Por ver algo positivo, diría que, si bien ellas envían un mensaje de normalización de esta práctica, al mismo tiempo esta visibilidad nos permite a las que somos contrarias a la misma hacernos oír”.
Por eso recuerda que estamos ante “la mercantilización de un proceso vital, como es un embarazo y parto”, y también de “un ser humano”, porque “el objeto que se intercambia a cambio de dinero es un bebé”. Una mujer rica, insiste, “jamás se sometería a un embarazo de este tipo. La clase aquí es fundamental”.
Las palabras elegidas por Dunham para narrarlo le parecen “literalmente terrorífcas”, “llega a decir ‘nuestro cuerpo subrogado’, no cabe mayor deshumanización de una persona. Desde luego ella no será más un referente feminista, no puede ser referente de nada”.
¿Qué hacemos ahora?
Y entonces aparece la gran pregunta: qué hacemos con esos ‘faros’ cuando dejan de alumbrar igual. ¿Dejamos de escuchar a Lady Gaga? ¿De ver Girls? ¿Borramos lo que hicieron porque ahora sabemos esto?
Isaac Guijarro no discute que hayan cruzado una línea. Lo que le incomoda es otra cosa, que la decepción y la retirada del aplauso vuelvan a recaer sobre ellas, mientras tantos hombres con conductas mucho más graves conservan intacto a su público. “Si Chris Brown —condenado por agredir físicamente a Rihanna cuando eran pareja— está dando conciertos y a sus fans les da igual que sea un maltratador y un violador. ¿Si las cancelamos por esto, que está mal, entonces solo vamos a cancelar a las mujeres?”.
Rocío Moya no lo ve así. Para ella, las mujeres que recurren a esta práctica ya no pueden seguir ocupando el lugar de referentes feministas. “Yo cancelo a todo el mundo”, responde.
Y quizá ahí esté la verdadera utilidad de esta decepción, como señalaba Gimeno: obligarnos a reconocer la explotación incluso cuando llega envuelta en amor, vestidos de bebé y las palabras de una mujer a la que admirábamos. Atwood no inventó ese horror; solo nos enseñó a no confundirlo con ternura.
Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.

