Los medios marginan la violencia contra las mujeres

La cobertura sobre violencia contra las mujeres cae a mínimos mientras expertos alertan de un retroceso en la atención pública. ¿Qué está pasando?

La mujer en los medios de comunicación
Los medios de comunicación incumplen su mandato democrático y siguen siendo reacios a contar la realidad de las mujeres

Los silencios casi nunca son casuales. Lejos de ser simplemente la ausencia de sonido, son herramientas cargadas de intención. A veces sutiles, a veces brutales. Pero casi siempre responden a decisiones: qué se dice, qué se omite y, sobre todo, qué deja de importar.

Esta realidad ya fue descrita en 1974 por la periodista y politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann. En su teoría de la espiral del silencio explicaba cómo las personas ocultan sus opiniones —a menudo minoritarias— por miedo al aislamiento social. Cuando perciben que una idea es dominante, impulsada por medios y entornos sociales, tienden a callar. Y ese silencio refuerza, precisamente, la idea dominante.

Concentración por el movimiento feminista de Pasaia.
Efe /Juan Herrero

No era solo una teoría sobre opinión pública. Era una advertencia: lo que no se dice desaparece del debate. Y lo que desaparece del debate deja de existir a efectos prácticos.

La amenaza, entonces, era el aislamiento. Y para evitarlo…silencio.

2025: el año en el que menos se ha hablado de violencia machista

Más de medio siglo después, el mecanismo no solo sigue intacto: se ha perfeccionado. Ya no hablamos solo de personas que callan, sino de sistemas enteros que dejan de hablar. De algoritmos que penalizan, de agendas mediáticas que desplazan, de instituciones que bajan el tono

Y en ese silencio cada vez más denso hay algo que está desapareciendo a ojos de todos: la violencia contra las mujeres.

El problema no es solo lo que se dice. Es lo que ha dejado de contarse.

El informe The Global Misogyny News Coverage Tracker lo demuestra con una cifra difícil de ignorar: en 2025, solo el 1,3% de las noticias globales hablaban de violencia contra las mujeres. El nivel más bajo en casi una década.

Ni el mayor agresor sexual de mujeres y menores conocido hasta la fecha – Jeffrey Epstein– ni los ochenta violadores de Gisele Pelicot fueron lo suficientemente violentos como para ocupar el espacio merecido en nuestra agenda mediática.

Apelación
Gisele Pelicot.
Efe

En los últimos años solo el 1’6% de noticias fueron sobre violencia machista

Y no es un dato aislado: el análisis de más de 1.140 millones de artículos muestra una tendencia clara. No porque no exista, evidentemente, sino porque cada vez se cuenta menos, peor y sin contexto. Un problema estructural tratado como una sucesión de casos aislados. Ruido sin explicación. Impacto sin memoria.

Los más preocupante, si cabe, es que incluso en los mejores años, la violencia machista y la misoginia es un tema es residual a tratar en los medios. Entre 2017 y 2025, la cobertura media fue de solo 1,6% del total de noticias globales, según el informe.

Vicky Rosell: “Es culpa también de las propias responsables políticas

Pero los datos del estudio, por sí solos, no explican el motivo. El por qué. Y es ahí donde el análisis de Vicky Rosell, exdelegada de violencia de género, añade una capa incómoda y necesaria.

“Es muy preocupante, pero es muy evidente lo que está pasando con las noticias sobre violencias machistas o sobre igualdad de género”. Lo que describe Rosell no es solo una caída en la cobertura. Es un cambio de clima.

“El algoritmo de los buscadores de las redes sociales castiga hablar de violencia… pero también los medios tradicionales, incluso los locales, y las propias responsables políticas”. El silencio no es solo social. Es estructural.

Falta de periodistas especializadas

Rosell considera que uno de los principales motivos por los que hay menor presencia de la misoginia en los medios de comunicación es porque la actual agenda política así lo desea. “Yo (cuando era delegada de violencia machista) hacía una comparecencia mensual como mínimo para rendir cuentas. Nos exponíamos a todas las preguntas y críticas de los medios”, recuerda.

Aquella dinámica parecía generar algo fundamental: conocimiento. En las redacciones la especialización en violencia machista era mayor, con la información sobre sistemas como VioGén actualizada, las tobilleras de geolocalización, la violencia vicaria o los comités de crisis: “En cada medio había una experta, al menos, empoderada con una información absolutamente actualizada”.

La ministra Ana Redondo, este martes, tras el Consejo de Ministros
EFE

Y eso se traducía, cuenta, en algo que hoy escasea: rigor. Contexto. Responsabilidad. En 2025, según el estudio, las noticias sobre misoginia las voces de las supervivientes están “casi ausentes”.

Si el foco baja, más espacio para el bulo y el negacionismo

Cuando el foco baja, el vacío no se queda vacío. Lo ocupa el ruido. Y, cada vez más, el bulo. De hecho, el uso del término “ideología de género” se ha multiplicado decenas de veces en pocos años (más de 40 a nivel global según el análisis del informe).

Rosell señala como parte de este engranaje directamente a personas como María Ángeles Carmona, expresidenta del Observatorio contra la Violencia de Género. “Se inventó el bulo de que las pulseras de geolocalización eran de Aliexpress”, denuncia. De hecho, medios verificadores como Newtral o EFE coinciden en que no hay pruebas de que las pulseras se compraran en AliExpress.

Este hecho no es una anécdota. Es un síntoma: “Tenemos el mejor sistema global contra la violencia de género o uno de los mejores del mundo… y, sin embargo, en vez de estar orgullosos, no quieren que se sepa”.

La paradoja, dice, es difícil de digerir: “Mientras otros países miran a España como referencia, dentro se erosiona la confianza en sus herramientas. Se cuestiona lo que funciona. Se invisibiliza lo que salva vidas”.

“Si no les importa a las instituciones menos a la ciudadanía

Y todo eso tiene claras consecuencias: “Si no le importa a las instituciones y a los medios, evidentemente deja de importarle también a la ciudadanía”.

Aquí está el punto de quiebre. Porque la violencia de género no se combate solo con leyes o tecnología. Se combate también con atención pública. Con presión social. Con una ciudadanía informada que no mira hacia otro lado.

Cuando la cobertura cae, cae también la conciencia. Y cuando cae la conciencia, crece la indiferencia. Y en esa indiferencia es donde el problema se enquista.

No es cansancio, es desplazamiento

Se suele hablar de “fatiga” con estos temas. Como si la sociedad estuviera saturada. Como si ya se hubiera contado demasiado.

Pero los datos dicen justo lo contrario: nunca se ha contado suficiente. Y ahora se cuenta todavía menos. No es cansancio. Es desplazamiento.

Y ese desplazamiento tiene un coste: menos prevención, menos recursos, más espacio para el escuadrón negacionista de la machosfera y, en lo más importante, más riesgo para quienes están en la primera línea de esa violencia.

Manifestación organizada por el Movimiento Feminista de Madrid (MFM). EFE/Rodrigo Jiménez

El estudio advierte de que este hecho no habla solo de cifras ni de cobertura mediática. Habla de relato. De quién decide qué entra en la conversación pública y qué se queda fuera. De qué problemas consideramos urgentes… y cuáles dejamos caer en el olvido.

Y aquí es donde la espiral vuelve a cerrarse.

Cuando los medios dejan de hablar, la sociedad deja de escuchar. Cuando la sociedad deja de escuchar, deja de reaccionar. Y cuando deja de reaccionar, el silencio se convierte en norma. Exactamente como advirtió Elisabeth Noelle-Neumann hace más de medio siglo. Solo que ahora el silencio ya no es individual. Es colectivo. Y tiene consecuencias mortales.

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