Crítica

Abucheada la nueva ‘Tetralogía’ de Bayreuth

La (no) producción realiza con la IA ha fracasado, aunque musicalmente fue un gran éxito

Bayreuth: Festspielhaus. Agosto de 2026. Richard Wagner: El anillo de los Nibelungos. Concepto artístico y técnico: Marcus Lobbes y Nils Corte. Dramaturgia: Andri Hardmeier. Código creativo / Arte visual: Nils Corte y Phil Hagen Jungschlaeger. Escenografía: Wolf Gutjahr. Vestuario: Pia Maria Mackert. Narración digital y con IA: Roman Senkl. Orquesta y Coro del Festival de Bayreuth. Dirección musical: Christian Thielemann.

Anoche fue un gran éxito en el Palau de la música de Barcelona el primer concierto de la gira de la orquesta del Festival de Bayreuth, por primera vez en España en gira y con un director español: Pablo Heras. Tras Barcelona, la gira continuará el 31 de agosto en el Festival Internacional de Santander, el 2 de septiembre en el Teatro de la Maestranza de Sevilla, el día 3 en el Teatro Real de Madrid y el 6 en el Palau de la Música de Valencia. Hace unos días llegaba a su la última edición del Festival de Bayreuth, que ha conmemorado los 150 años de la creación del legendario festival wagneriano con la primera Tetralogía de 1876 dirigida escénicamente por Wagner y musicalmente por Hans Richter. Además de una nueva Tetralogáa, que solo se ha podido ver este año, ya que en 2028 se estrenara otra nueva dirigida del director de escena ruso Vasily Barkhatov con un director español, por primera vez en la historia del festival con un director español: Pablo Heras -Casado. También se presentó en la edición de este verano una de las primeras óperas de Wagner, Rienzi, nunca vista en Bayreuth, ya que Wagner la había prohibido explícitamente y solo permitió que se ofrecieran las diez grandes óperas de madurez; pero Katharina Wagner, biznieta del compositor y actual directora del festival desde 2016, la programó creando una gran polémica. Al final la arriesgada propuesta se ha saldado con un gran éxito de público y crítica.

Las imágenes con las que nos bombardearon Marcus Lobbes y Nils Corte, creadas con la Inteligencia Artificial (IA) para este “Ring 10010110 – vom Mythos zum Code”, que es como se tituló la experiencia visual para conmemorar los 150 años de la inauguración del icónico festival durante el verano de 1876, siguieron una secuencia y un guión similar a lo largo del Prólogo (el menos logrado) y las tres jornadas del Ring, mezclando abstracciones con imagines históricas del festival y producciones modernas, esencialmente de Parice Chéreau, Harry Kupfer y Frank Castorf . De vez en cuando aparecía un político relevante del siglo XX como Lenin, Hitler, el matrimonio Kennedy, Kruschev, Adenauer o Fidel Castro. Tampoco faltaron algunos hechos relevantes del siglo pasado como el histórico alunizaje de 1989 o símbolos universales como la Torre Eiffel parisina o el Big Ben londinense. No hubo acción dramática alguna. En realidad, fue una versión concertante con unos cantantes inmóviles situados entre dos inmensos tules (para las proyecciones) y horriblemente vestidos con unos figurines monocromos similares, casi imposible de distinguir desde lejos.

Hubo ciertos momentos que cuando las imágenes se disuelven en superficies de color abstractas, puede resultar estéticas. La mayoría de las veces, sin embargo, resulta reiterativo, desagradable, sencillamente feo o muy cursi, como ocurrió en la escena final de Siegfried, totalmente kirsch, con dos jóvenes besándose en tonos rosa con un corazoncito. Pero la pregunta clave es: ¿qué se saca al final de todo este mejunje visual? Nada. Los patrones elegidos carecen de la más mínima conexión musical. Y si se reconoce algo, por desgracia no aporta nada.

La parte musical sin embargo funcionó de maravilla en las cuatro óperas. De nuevo Thielemann fue el gran artífice del triunfo global. Pocos directores vivos, quizás ningún otro, conocen tan bien las partituras de Wagner y las interpretan con tanta inspiración como él. El maestro alemán hace una verdadera recreación de esta música excelsa que conoce al dedillo y que sabe explicar con una naturalidad apabullante mediante una narración musical sin fisuras, dándole siempre un sentido unitario y de gran belleza. En ningún momento el discurso musical resulta apresurado, ni ralentizado, sino que siempre es proporcionado y ordenado, con atención milimétrica a los mil y un detalles de una partitura maestra. Sí adopta un tempo más rápido, es para aligerar la labor de los cantantes y siempre sabe utilizar el rubato de forma coherente, sobre todo en las transiciones y los momentos culminantes de la ópera.

copyrighted; urheberrechtlich geschütztes Foto; Requests, Fragen zu Nutzungsrechten: office@enonava.de ; Bayreuther Festspiele Ring 2026
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Hubo muchos momentos realmente extraordinarios a lo largo de las quince horas largas que dura el Ring y se podrían citar cientos de ejemplos, pero basten algunos que ya quedan imborrables en la memoria: el arranque del preludio en un pianísimo casi imperceptible de los contrabajos sobre un único acorde de Mi bemol mayor de Das Rheingold. La abrumadora despedida de Brünnhilde con Wotan. El Preludio del acto I de Siegfried, los murmullos del bosque (acto II), el solemne encuentro entre Wotan y Erda del acto III y el instante en el que Sigfrido atraviesa el fuego mágico. En Götterdammerung, la ópera que mejor resultó en su conjunto, pudimos disfrutar de momentos escalofriantes: “Amanecer y el viaje de Sigfrido por el Rin” y la marcha fúnebre de Sigfrido en el acto III, clímax sinfónico de la obra, donde la orquesta repasa los temas musicales de la vida del héroe. O la electrizante **“**Marcha de los vasallos**”,** cuando Hagen convoca a su ejército. Única escena en la que canta el coro.

En el inmenso reparto hubo dos triunfadores absolutos: Klaus Florian Vogt y Michael Volle: Klaus Florian Vogt, que abordó por primera vez en la historia de Bayreuth los tres peliagudos papeles como tenor de carácter (Loge en Das Rheingold), de corte más lírico y central (en Siegmund de Die Walküre) o como heldentenor (en Siegfried en Götterdammerung).* Y Michael Volle como Wotan (Das Rheingold y Die Walküre) y Der Wanderer (Siegfried).

Vogt hizo una hazaña histórica que ningún otro tenor había conseguido antes en Bayreuth. Su Loge fue extraordinario. Su Siegmund quedó algo desdibujado, pues la tesitura resulta demasiado grave para él. Sorprendió su capacidad técnica para afrontar el extenuante maratón vocal que supone cantar el rol en Siegfried y Götterdämmerung consecutivamente. Hay que destacar su dosificación inteligente, llegando a los dos finales con frescura y una seguridad envidiable. Su instrumento es claro y luminoso, posee una excelente técnica con una proyección y un agudo lacerante con los que salva los muebles de principio a fin en cada ópera. No obstante, su timbre carece de la gravedad o la oscuridad tradicional de un heldentenor clásico. Es un tenor anómalo, por su timbre blanquecino y puede gustar más o menos o simplemente no gustar.

El otro triunfador sin discusión volvió a ser el impactante Wotan de Michael Volle, un barítono sensacional que se encuentra en el momento más dulce de su carrera con 66 años cumplidos. El poderoso cantante alemán posee un registro grave aterciopelado, un registro medio bellísimo (y sonoro) y unos agudos potentes y luminosos. Lo que más impacta de este excelente cantante es su intensidad interpretativa con una paleta vocal extraordinaria. Además, es capaz de apianar en los momentos más líricos como en un Lied de Schubert.

Camilla Nylund lució una interpretación desigual a lo largo de las tres óperas que participa. Por un lado, pudimos alabar su lirismo en momentos íntimos, aunque por otro, la soprano finlandesa acusó cierta fatiga y el paso de los años, mostrando falta de fuelle, tirantez en los agudos y un registro grave deslucido en los finales de La Valquiria y El ocaso de los dioses. De la soprano sudafricana Elza van den Heever como Sieglinde se puede hacer una valoración mayoritariamente positiva, aunque no terminó de redondear el papel. No siempre estuvo entonada la Fricka de Anna Kissjudit. Por último, Christa Mayer no otorgó a Erda la solemnidad esperada, aunque nos convenció algo más como Waltraute

Estupendo Mime en la voz del veterano Gerhard Sigel, que bordó el papel. Otro cantante que brilló con luz propia fue el barítono Jochen Schmeckenbecher (Aberich). Correctos Donner (Alexander Grausser). Suficientes los dos gigantes, cantados por Peter Rose (Fafner) y Mika Kares (Fasolt), que repitió como Hagen. Episódicos la Freia de Evelin Novak y el Froh de Siyabonga Maqungo. Muy floja Victoria Randem como Pájaro del bosque. Las tres hijas de Rin tuvieron calidad, sobresaliendo la voz de grato timbre de Katharina Konradi (Woglinde). Las Tres Nornas en Götterdammerung no estuvieron al mismo nivel. Y Tampoco convencieron demasiado las ocho Valquirias, no siempre conjuntadas.

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