Las duras condiciones de una misión en Groenlandia

"El día a día de un militar de montaña no termina en una maniobra en nieve", informan militares. "Son semanas durmiendo al raso, con frío, humedad, y poco descanso". Sólo una mujer se incorporó en el último ciclo

Militares, durante una misión en Groenlandia
Efe

Recientemente han surgido informaciones sobre un posible despliegue de unidades de montaña del Ejército español en escenarios especialmente exigentes, como las zonas de frío extremo y alta montaña que existen en Groenlandia y que el Gobierno de España podría enviar. Entre las unidades mencionadas se encuentran el Regimiento América 66, con base en Pamplona, y el Regimiento Galicia 64, en Jaca, consideradas la punta de lanza de la infantería de montaña en España.

Se trata de fuerzas altamente especializadas, diseñadas para operar en condiciones muy duras, de alta exigencia, como nieve profunda, bajas temperaturas y terrenos escarpados. Su preparación es exigente y prolongada, y se realiza principalmente en el entorno del Pirineo, donde los militares entrenan de forma constante en escalada, esquí, vida en montaña y combate en condiciones adversas.

Desde la Asociación de Tropa y Marinería Española (ATME) destacan que estas unidades “cuentan con una preparación excelente y un alto nivel de profesionalidad”. Son fuerzas muy potentes en su ámbito específico y están capacitadas para operar donde otras unidades no podrían hacerlo. Sin embargo, también advierten de una realidad que a menudo no no se muestra: el fuerte desgaste del personal y la falta de efectivos.

El día a día de un militar de montaña no termina cuando acaba una maniobra en nieve. Tras semanas durmiendo al raso, con frío, humedad, poco descanso y esfuerzo físico continuo, el personal regresa a su cuartel y se encuentra con más tareas, guardias, ejercicios generales de infantería y nuevas maniobras en otros campos de entrenamiento. Esta acumulación de exigencias provoca un cansancio profundo y sostenido en el tiempo.

A este desgaste se suma un problema clave: la escasez del personal. En el último ciclo de incorporación, de unas 60 plazas previstas solo se cubrieron 23. Además, una parte importante de quienes llegan lo hacen con la intención de permanecer el tiempo mínimo necesario para acceder después a otros cuerpos, como Policía Nacional o Guardia Civil, lo que limita la continuidad de estas unidades.

Militares españoles, en su mayoría personal de tropa del Ejército de Tierra, en el aeropuerto de Barajas antes de partir para una misión en el exterior. Firma: EdT. infodefensa

Esto genera un problema estructural. Formar a un especialista en montaña no es algo rápido. No se trata de un soldado de infantería general, sino de un perfil que requiere años de instrucción específica. Por ello, no es posible aumentar de forma inmediata el número de efectivos disponibles si surge una nueva misión.

Las unidades de montaña, además, ya están integradas en los ciclos habituales de rotaciones internacionales de España. Han participado en misiones como Bosnia o Afganistán y forman parte de los compromisos actuales en escenarios como Europa del Este. Esto implica que su margen de maniobra es limitado.

El temor que se expresa dentro del entorno militar es claro: anunciar posibles despliegues adicionales sin contar con un personal suficiente puede provocar un sobreesfuerzo aún mayor. Si las rotaciones se acortan y las unidades tienen que salir con más frecuencia, el desgaste físico y psicológico aumenta, y el problema de retención de personal se agrava.

En cuanto a la presencia de mujeres, desde ATME se reconoce que su incorporación a las Fuerzas Armadas es cada vez mayor y plenamente normalizada. Sin embargo, en las unidades de montaña sigue siendo reducida. En el último ciclo, solo una mujer se incorporó entre los nuevos efectivos. No por falta de capacidad o compromiso, sino por la enorme exigencia física y personal que implica este tipo de destino, lo que lleva a muchas a optar por otros caminos tras unos años de servicio.

Militar de las Fuerzas Armadas
Ministerio de Defensa

Desde la asociación insisten en que cualquier debate sobre nuevos despliegues debe partir de la realidad: las unidades de montaña son muy buenas en lo que hacen, pero son pocas, están muy exigidas y no se pueden multiplicar de un día para otro. Antes de asumir nuevos compromisos internacionales, advierten, es imprescindible asegurar personal suficiente, tiempos de descanso adecuados y una planificación realista.

La discusión, no es si España tiene unidades capaces, sino si dispone de los medios humanos necesarios para sostenerlas en el tiempo sin poner en riesgo su eficacia ni a quienes las integran.

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