La sargento primero Catalina Barraza aterrizó en 2024 en la Unidad Militar de Emergencias (UME). Su reciente ingreso en este grupo militar no significa que sea novicia en la defensa y seguridad de un país, todo lo contrario. La militar lleva en las Fuerzas Armadas algo más de 17 años, pues ingresó en el 2008. Entonces, su primer destino fue el Regimiento de Especialidades de Ingenieros Nº12 de Zaragoza, con el que participó en una misión en Afganistán.
Sobre aquel cometido en el país asiático, la sargento primero destaca que “repetiría”. “Como experiencia, se la recomiendo a todos los militares“, dice en referencia ya no solo a la misión en Afganistán, sino a cualquier misión en el extranjero. Asimismo, invita a participar en ellas puesto que la seguridad de los militares, por muy paradójico que pueda sonar, “está asegurada”.
Preguntada por si entonces le infundió algo de respeto oír Afganistán cuando le comunicaron destino, expresa que al ser la primera misión en la que tuvo la oportunidad de participar admite que le dio importancia. Aunque al alistarse en el Ejército, declara, “uno siempre quiere hacer algo más”: “Ir a cualquier misión es, personalmente, una experiencia”.
Aunque el país asiático no fue el único reto al que se tuvo que enfrentar en el extranjero. La militar ascendió a sargento en 2015, rango con el que poco tiempo después tuvo que participar en una misión europea en Mali, la cual se encarga de instruir a las unidades del Ejército del país africano para hacer frente al terrorismo internacional desde 2013.
Ya en el 2024, la militar perteneciente al Arma de Ingenieros ascendió al empleo de sargento primero y pasó a estar destinada al Primer Batallón de Intervención en Madrid, en donde presta sus servicios como jefa de un pelotón de intervención.
Con el citado Batallón la sargento primero Barraza participó en el despliegue militar tras la DANA y en los incendios de este verano que se originaron en varios puntos del territorio como Galicia o Castilla y León. Sobre el “desastre” y el trabajo que supuso la riada en la provincia de Valencia, la militar relata que el color marrón del barro que se veía en las calles valencianas le recordó a las misiones en la que “todo está desolado”.
Durante la dura tarea de ayudar a la población civil española, la componente de las Fuerzas Armadas se encontró con imágenes difíciles. Asimismo, esa “desolación” que también sufrió la gente, le afectó a ella personalmente. Aunque eso es algo que normaliza, pues señala que también le ocurrió, por ejemplo, a compañeros en la intervención contra el COVID o en misiones en el extranjero.


