Candelas Martín, una de las primeras guardias civiles de España: “Me miraban como un bicho raro”

Una vida entre pueblos pequeños y patrullas: el recorrido de una mujer que ayudó a cambiar para siempre la imagen de la Guardia Civil

Candelas Martín - Defensa
Una imagen de archivo de Candelas Martín manipulada con IA para que se vea en alta calidad.
ABC

La historia de Candelas Martín es también la historia de una transformación silenciosa dentro de la Guardia Civil. Cuando entró en el cuerpo en 1993, las mujeres eran todavía una excepción. En la actualidad, tras tres décadas de servicio y ya en la reserva, Martín mira atrás y recuerda una carrera marcada por el esfuerzo, la constancia y la necesidad de abrirse paso en un entorno que, durante mucho tiempo, no estaba pensado para ellas.

Fue el ingreso de quien entonces era su novio —y hoy es su marido— en la Guardia Civil lo que la animó a presentarse a las oposiciones. En su promoción, la sexta con presencia femenina, solo unas 300 mujeres se presentaron entre cerca de 5.000 aspirantes. Aun así, Candelas Martín logró una plaza en un momento en el que la normalidad para una mujer con uniforme todavía estaba muy lejos.

Los primeros destinos y las miradas

El primer destino de Candelas Martín fue Cervera de Pisuerga, un pequeño municipio de Palencia de unos 2.000 habitantes. Allí descubrió que lo difícil no estaba tanto dentro del cuartel como en la calle. “Me miraban como un bicho raro”, recordó en ABC hace dos años. La imagen de una mujer patrullando no era habitual y algunos vecinos no ocultaban su sorpresa.

Candelas Martín, una de las primeras guardias civiles de España: "Me miraban como un bicho raro"
Cartel promocional del espacio femenino en la Guardia Civil.
Ministerio de Defensa

En alguna ocasión llegó a escuchar comentarios como “ya estáis en todos los sitios”. Una frase que refleja bien el clima de aquellos primeros años. Con el paso del tiempo, explica Candelas Martín, esa percepción ha cambiado y hoy la presencia femenina en la Guardia Civil se ve con “total normalidad”.

Después de Cervera pasó por Huerta del Rey y por otro pequeño pueblo de Burgos. En todos ellos era la única mujer en el puesto. La misma situación se repitió más tarde en Barruelo de Santullán, su destino definitivo, una localidad palentina de apenas 1.100 habitantes.

Trabajar como una más

En Barruelo, Candelas Martín coincidió con su marido, aunque en áreas distintas. Él estaba en el Seprona y ella, en Seguridad Ciudadana. Desde el principio de su carrera estuvo destinada a ese ámbito operativo, donde no siempre fue fácil que la trataran como a un agente más.

En ABC explicó que algún mando, al llamarla para una intervención complicada, como una pelea, le decía: “Tú mejor quédate en la oficina”. La respuesta de Candelas Martín siempre fue la misma: había aprobado una oposición y estaba preparada para el trabajo. A partir de ahí, nunca hubo nada que sus compañeros hicieran y ella no pudiera hacer.

Con los años, empezó a ver más mujeres en puestos de mando. Conoció tenientes y sargentos, aunque solo tuvo a una mujer como superior directa. En su cuartel, tuvo dos compañeras en distintos momentos. Pero ambas pidieron traslado a destinos más grandes.

Carrera profesional y vida familiar

Para Candelas Martín, uno de los grandes dilemas fue conciliar la carrera profesional con la vida familiar. No cree que exista discriminación en los ascensos, ya que todo se rige por oposiciones y procesos muy tasados.

En su caso, fue ella quien decidió no priorizar determinados cursos o promociones para mantener unido a su núcleo familiar. “Yo prioricé mi familia”, resume Candelas Martín. Una elección que cree que muchas mujeres siguen haciendo. Por fortuna, hoy se ven muchas más voces femeninas en los mandos de la Guardia Civil.

TAGS DE ESTA NOTICIA