Gafas violetas

‘Días de fútbol’: la misoginia de “putas, cocaína y colegas”

La comedia de David Serrano retrata una masculinidad en crisis que convierte a las mujeres en decorado: dos décadas después, la risa deja ver sus grietas

'Días de fútbol': la misoginia de "putas, cocaína y colegas"
'Días de fútbol': la misoginia de "putas, cocaína y colegas"
Montaje: kiloycuarto

“No te vayas de putas. Puedes coger una enfermedad y además te gastas el dinero”. Esta fue la frase que me hizo saltar cuando el pasado fin de semana, por petición de un amigo, revisité Días de fútbol, esa película noventera protagonizada por todos los pesos pesados del cine español, de Ernesto Alterio a Alberto San Juan. No había ninguna referencia a la dignidad de las mujeres, al asco que puede producir acostarse con alguien en contra de su voluntad, al hecho de que es una violación encubierta, a las redes de explotación sexual y trata… Las consecuencias son esas: una enfermedad (para el hombre) y perder poder adquisitivo. Asunto cerrado.

Lo cierto es que Días de fútbol (dirigida por David Serrano) ha envejecido fatal. Estrenada en 2003 y convertida en una comedia generacional de referencia, hoy se revisita con una incomodidad que va en aumento: lo que entonces se leía como retrato amable de un grupo de hombres perdidos, ahora evidencia una estructura narrativa donde las mujeres apenas existen más allá de su función para ellos.

'Días de fútbol', estrenada en 2003
‘Días de fútbol’, estrenada en 2003

El punto de partida es conocido: un grupo de amigos treintañeros, desorientados, decide montar un equipo de fútbol como excusa para recomponer sus vidas. El fútbol como refugio, como espacio de identidad y de pertenencia masculina. Pero lo que sostiene la película no es el deporte, sino la conversación. Entre ellos, bromas pesadas, con cierto desdén hacia las mujeres. Una enumeración que condensa una forma de entender el mundo, donde el deseo, el ocio y la amistad giran en torno a un universo exclusivamente masculino.

En ese ecosistema, las mujeres no son sujetos. Son interrupciones, obstáculos o recompensas. Aparecen como novias que exigen demasiado, como cuerpos disponibles o como figuras que deben ser conquistadas o evitadas. No hay en la película un personaje femenino que tenga un arco propio comparable al de los hombres. Su presencia está siempre mediada por la mirada masculina, definida por lo que representan para ellos y no por lo que son.

Lo interesante no es tanto señalar esa ausencia como entender qué función cumple. Días de fútbol se construye como una comedia de la fragilidad masculina: hombres incapaces de sostener un trabajo, una relación o una expectativa de adultez. La película los presenta con empatía, incluso con ternura. Pero esa empatía tiene un límite: no se extiende a las mujeres que orbitan alrededor de ellos. Mientras los protagonistas son complejos, contradictorios, vulnerables, ellas quedan fijadas en roles planos.

Alberto San Juan y Natalia Verbeke en 'Días de fútbol'
Alberto San Juan y Natalia Verbeke en ‘Días de fútbol’

Desde una perspectiva de género, el problema no es que la película muestre hombres que hablan así, sino que no cuestiona ese discurso. La misoginia aparece naturalizada, integrada en el tono cómico. La risa funciona como mecanismo de validación: lo que se dice no se problematiza porque se enuncia en clave de humor. Y ahí reside una de las claves de su éxito en su momento: la capacidad de convertir en simpático lo que, visto hoy, resulta incómodo.

La película dialoga además con un contexto muy concreto: el de una España de principios de los 2000 donde la cultura masculina seguía articulándose en torno a espacios cerrados —el bar, el fútbol, la amistad entre hombres— y donde la presencia femenina en esos espacios era limitada o secundaria. En ese sentido, Días de fútbol no inventa nada: recoge un imaginario y lo convierte en relato.

Pero revisitarla hoy implica otra cosa. No se trata de cancelar la película ni de leerla únicamente como un objeto problemático, sino de entender qué revela sobre el momento en que se hizo y sobre el que vivimos ahora. Porque si algo cambia al verla hoy es la posición del espectador. Lo que antes pasaba desapercibido ahora se hace visible.

'Días de fútbol', dirigida por David Serrano
‘Días de fútbol’, dirigida por David Serrano

También hay que reconocer que la película apunta, aunque de forma tímida, a una crisis de ese modelo masculino. Los protagonistas no son héroes ni referentes. Son hombres que no llegan, que fracasan, que se sienten desplazados. Pero esa crisis no se traduce en una revisión de sus propias actitudes hacia las mujeres. Más bien al contrario: refuerza la idea de que el problema está fuera, en un mundo que ya no funciona como antes.

Por eso también Días de fútbol funciona como un espejo incómodo. No tanto por lo que muestra, sino por lo que normaliza: putas, cocaína y colegas” es una síntesis de una cultura que ha construido su identidad excluyendo a las mujeres o reduciéndolas a función. Dos décadas después, la película sigue teniendo valor como retrato, como archivo de una masculinidad que empieza a resquebrajarse, pero que todavía no sabe cómo cambiar.

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