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“El arte es un reducto de resistencia, de libertad y de amor”: Pasión Vega sobre su nuevo álbum, la vigencia de los clásicos y las luces y las sombras de la vida

La cantante publica 'Pasión Almódovar', un recorrido emocional por los clásicos que marcaron el cine del director manchego, y reflexiona sobre el melodrama, la vigencia de la copla y el lugar del artista en una época sin misterio

Pasión Vega
kiloycuarto

¿Cuántas vidas pueden tener los clásicos? Tantas como se pueda imaginar: por eso son clásicos. Haciendo honor a su nombre artístico, Pasión Vega (49 años) nos recibe en un hotel de Madrid, con un vestido rojo almodovariano para hablar de su nuevo proyecto musical, ligado a la obra de nuestro cineasta más reconocido a nivel internacional, cuya Amarga Navidad se puede ver estos días en cartelera.

Ana María Alías Vega nació en un Madrid al que aún le faltaba un lustro para conocer la genialidad del director de Mujeres al borde de un ataque de nervios Volver, pero pasó su infancia y juventud en Málaga, tierra también vinculada al universo del cineasta a través de uno de sus musos, Antonio Banderas, que, casualmente —o no—, interpretó un dueto con la cantante hace dos décadas y la apodó “la voz de seda”.

Vega se dio a conocer en toda España con su álbum homónimo de 2001 —el primero con una multinacional—, aunque ya había construido una sólida trayectoria en el sur durante la década anterior, con discos de copla, concursos ganados, atuaciones televisivas y su paso por el Festival de Benidorm, antecedente del actual Benidorm Fest. Desde entonces, su carrera ha acumulado hitos: una decena más de álbumes de estudio, seis discos de oro, un triple platino y canciones como “María se bebe las calles”, versionadas una y otra vez en castings y galas de Operación Triunfo.

En plena promoción de Pasión Almodóvar, Vega conversa sobre la memoria sentimental, la responsabilidad artística y la vigencia de las emociones que atraviesan generaciones.

¿En qué momento sentiste que el imaginario de Pedro Almodóvar podía convertirse en un proyecto musical propio y no solo en un repertorio prestado?

Son canciones que están en mi vida desde hace mucho tiempo. Me han acompañado y me han hecho crecer también como artista. Gracias al descubrimiento de algunas de ellas decidí dedicarme a cantar.

Realmente ha sido una casualidad encontrarme con este proyecto, porque no era algo que tuviera en mente. Me lo propuso Joan Antón Rechi, un director de escena maravilloso. Él es de Andorra y llevaba la programación de dos festivales en el norte, el de Clàssicand y el del Castell de Peralada. Me planteó la idea de hacer un concierto durante dos noches con las canciones de las películas de Pedro Almodóvar, y ahí empezó la semilla del proyecto.

Lo preparamos y decidí llamar a Moisés Sánchez, que ha sido mi mano derecha en este trabajo, mi escudero a nivel musical. Con él he ido trabajando las canciones verso a verso, silencio a silencio, palabra a palabra, hasta llegar a lo que es hoy. El proyecto fue creciendo poco a poco; después lo preparamos para una gira, lo adaptamos para convertirlo en un concierto más largo y aquí estamos. Ha sido, en definitiva, un proyecto labrado muy despacio, a partir de una idea original de Joan Antón, que me pareció absolutamente genial.

¿Este disco nace más de la admiración estética o de una identificación emocional con sus personajes?

Esas mujeres me han inspirado muchísimo: Carmen Maura, Marisa Paredes, Penélope… Cada vez que aparecen en pantalla resultan muy inspiradoras en todos los niveles: interpretativo, estético… Muchísimo. Muchos de los diálogos, de los momentos, de las miradas, son verdaderas obras de arte.

Por ejemplo, ese teléfono rojo que aparece en la portada y que yo misma utilizo en el concierto en directo es un recordatorio de algunas de las escenas donde el teléfono funciona como hilo comunicador, como intento de expresar lo que uno lleva dentro. Sí puedo decirte que han sido mujeres en las que me he mirado mucho y que están presentes en esta manera de cantar y de ir hilando canción a canción a lo largo del concierto. Sin duda.

Muchas de estas canciones ya estaban cargadas de memoria colectiva. ¿Cómo se canta algo que el público siente que ya le pertenece?

Sobre todo interpreto las canciones desde mi campo imaginario. Creo que si algo tenemos los artistas es precisamente eso, un campo imaginario que nos hace diferentes. En él están todas las emociones que he vivido con estas canciones y también las que he sentido en esas escenas que propone Pedro en sus películas.

Lo hago desde mi recuerdo, desde mi memoria sentimental. Entiendo que coinciden con las emociones de muchas personas, porque son canciones que han acompañado a mucha gente en momentos importantes de su vida. La música tiene ese poder: el de acompañarnos, sacarnos de la rutina, sostenernos en el dolor, acompañarnos en el amor o en la ruptura.

Trabajarlas desde ese vínculo personal es fundamental. Desde el respeto, por supuesto, pero sin pensar demasiado en la responsabilidad, aunque me lo han preguntado muchas veces. Subirse a un escenario ya implica una responsabilidad. Hacer música lo es aún más cuando estás trasladando la vida cotidiana a un espacio donde te conectas directamente con el público. El arte es una responsabilidad y yo la asumo  desde el respeto, el cariño y la conciencia de que interpretar estas canciones es también un regalo personal. Para un cantante o un intérprete, poder abordar estas obras maestras es un privilegio.

En las películas de Almodóvar la canción suele estar ligada a momentos de quiebre emocional. ¿Por qué crees que el melodrama está tan presente en la cultura musical española?

Creo que responde a la propia naturaleza del ser humano. Después de un quiebre, de una ruptura, llega el momento de resurgir. La vida está hecha de momentos de plenitud y de momentos de tristeza, de dolor, donde hay que tener mucha fortaleza.

Eso lo reflejan muy bien las mujeres que aparecen en las películas de Pedro: personajes que no son convencionales y que luchan contra los convencionalismos para poder expresar su libertad personal, su manera de amar o de entender la vida. La vida es así, está llena de luces y sombras, de altibajos. El dolor está siempre presente. No hay rosas sin espinas.

Al final, todas las canciones hablan de amor. Básicamente, la vida se trata de eso: de cómo buscamos el equilibrio, de cómo intentamos encontrar la felicidad a través de los demás, de lo que damos y de lo que recibimos.

¿Dirías que la copla y el bolero han sido injustamente tratados como géneros “menores” por parte de cierta crítica cultural?

Creo que todo lo que nos suena a clásico o antiguo atraviesa momentos de decaimiento. Siempre se dice aquello de “qué mala salud tiene la copla”, pero la copla sigue ahí. Lo mismo ocurre con otros géneros populares como el bolero o la habanera.

Las nuevas generaciones siguen bebiendo de esas fuentes. Es imposible hacer música en español hoy en día sin tener como referentes a artistas como Bola de Nieve, José Alfredo Jiménez o Manuel Alejandro.

Pienso, por ejemplo, en “Se nos rompió el amor”. Era una canción de un estilo muy concreto hasta que llegó Rocío Jurado y, desde una perspectiva muy feminista, transformó su significado. Expresó una mujer más fuerte, capaz de decidir también poner fin a una relación. Todo eso cambia con el tiempo. Es un proceso cíclico. A mí me parecen, ahora mismo, de las canciones más modernas que se pueden cantar.

¿Qué le dirías a quienes consideran que ciertos clásicos no deberían reinterpretarse?

Yo creo que siempre es precioso poder volver a acercar estas canciones a las nuevas generaciones. ¿Por qué no? Si nosotros volvimos a reencontrarnos con La Lupe a través de “Puro teatro”, si volvimos a reencontrarnos con Chavela Vargas y tuvo una segunda vida, ¿por qué no?

Alguien puede descubrir, a través de este trabajo, o de cualquier otra versión —que me daría igual—, esa “Cucurrucucú paloma”, ese “Quizás, quizás, quizás” o esa “Tonada de luna llena”. Quizás haya parte del público que no las haya escuchado.

A mí me parece increíble que alguien no haya podido escuchar esas canciones, pero hay gente que no puede descubrirlas si no es a través de este disco, de este concierto o de otras voces de las nuevas generaciones que lo están haciendo genial y que se están acercando a estos géneros desde el respeto. Y yo creo que podría ser un premio maravilloso.

Rosalía, por ejemplo, hizo “Se nos rompió el amor” en los Latin Grammy hace unos años.

También “A tu vera” en la película Dolor y gloria. Es maravillosa. Quizás a través de Rosalía mucha gente joven haya descubierto que hay una copla que cantaba Lola Flores.

Es decir, yo creo que son regalos que los intérpretes nos hacemos a nosotros mismos: poder interpretar canciones que están tan bien escritas, que cuentan historias tan bien contadas y que siguen siendo temas universales.

¿Hay alguna canción del disco que te haya exigido un trabajo emocional especialmente difícil?

En todas me involucro mucho a nivel emocional, porque además es un disco muy, muy intenso. Recuerdo con mucho amor la primera vez que interpreté “Piensa en mí” en directo: fue delante de Marisa Paredes.

Eso ha marcado mucho también el camino de esta canción. Siempre me emociona porque pienso en ella, la recuerdo como una mujer maravillosa. Fue unos meses antes de que falleciera, así que conservo ese momento como algo muy especial en mi carrera: un instante mágico. Ver su mirada, poder darle la mano… fue maravilloso.

¿Recuerdas algo que te haya dicho después de esa interpretación?

Se quedó maravillada, le gustó mucho el concierto. Después, en ese poquito tiempo que compartimos, hablamos mucho por teléfono, nos escribíamos…

Tuvo la generosidad de querer apoyar este proyecto, de querer apoyarme como mujer y como persona. Y yo le estoy muy agradecida, la verdad.

Después de más de dos décadas de carrera, ¿qué queda intacto en tu relación con el escenario?

Para mí es un espacio sagrado. Cuido muchísimo todo lo que tiene que ver con el directo y con mi relación con el público. Me gusta ser muy detallista, muy respetuosa con el público y con lo que hago, con mi arte.

Parto siempre de esa base. Y después, divertirme, que creo que eso es un elemento importante. Hay momentos a lo largo de la carrera en los que la responsabilidad o el peso hacen que pierdas ese aliciente de la diversión. Yo he intentado —y creo que lo consigo— seguir recordando a esa niña que empezó a cantar por puro placer, por el gusto de disfrutar y de hacer disfrutar a los demás.

Tengo muy presente que es mi pasión, pero también que estamos aquí para ser felices. Y la música es para ser feliz.

¿La popularidad ha condicionado alguna vez tus decisiones artísticas?

La verdad es que voy haciendo los proyectos que me van apeteciendo sin pensar demasiado. Es cierto que cuando tu público te conoce y sabe que eres una mujer aventurera, que vas de un proyecto a otro, entiende que siempre intento romper los límites de lo que ya he hecho, salir de la zona de confort.

Cuando el público te sigue durante treinta años, ya sabe que eres así y que se va a encontrar con un proyecto diferente. Donde está tu esencia, por supuesto, donde está Pasión Vega, pero siempre intentando sorprender. Sobre todo, sorprenderme a mí misma.

Pasión Vega con su nuevo álbum ‘Pasión Almodóvar’
Javier Cuadrado

¿Existe todavía el mito del artista musical o vivimos una época de mayor exposición y menor misterio?

A veces se confunde el misterio con la cercanía que pueda tener un artista o con su calidad. A mí me gusta mucho el misterio.

Uno imprime en su arte todo lo que quiere contar al mundo. El escenario es el lugar donde debe estar ese mensaje. Y no tiene por qué corresponder con la vida personal. Yo soy una persona cálida con la gente, pero si fuera desagradable —que no es mi caso— al público tampoco tendría que importarle.

Cómo eres de puertas para dentro, si te gusta cocinar, si tienes amantes o no… todo eso debería quedar fuera. Pero es verdad que ahora esa cuarta pared se ha roto muchísimo. Parece que continuamente tenemos que estar explicando qué hacemos, qué comemos, cómo nos maquillamos o cómo entrenamos.

A mí eso me aturde muchísimo. Siempre he sido partidaria del misterio.

¿Te sientes cómoda con que se construya una narrativa pública sobre ti que no se corresponda con la realidad?

Seguro que no se corresponde con la realidad. Es difícil que lo haga. Cuando yo empecé en la música, la manera de comunicarte con el público era muy diferente.

Hacer ese cambio, desde la llegada de la tecnología y las redes sociales, es complicado para quienes venimos de otra forma de relacionarnos. Mi manera era atender al público después de un concierto, firmar discos, dar abrazos, besos… Esa es mi comunicación directa.

Ahora se hace de otra manera y cuesta adaptarse. Pero también entiendo que es una herramienta bonita para contar próximos conciertos o proyectos. Yo la utilizo sobre todo para lo artístico. La parte personal intento dejarla bastante al margen.

Muchas de estas canciones hablan de pérdida y resistencia. ¿Qué papel juega la música como refugio personal?

Un papel importantísimo. Hoy más que nunca. Vivimos tiempos convulsos, difíciles, donde la violencia parece algo a lo que nos estamos acostumbrando, donde los derechos humanos no valen nada y los poderosos hacen lo que quieren.

En ese contexto, el arte es un reducto de resistencia, de libertad, de amor.

Si tuvieras que quedarte con un recuerdo vital no ligado a la música, ¿cuál sería?

Ser madre. El nacimiento de mi hija. Parir. Ese sería mi momento vital más potente. Dar vida a otro ser y ser responsable, sobre todo en los primeros años, de lo que le pueda pasar a esa pequeña. Es algo muy fuerte.

Vas a hacer un espectáculo en Nápoles con Gustavo Dudamel y Marina Abramović.

Todo empieza el verano pasado, cuando tuve la oportunidad de grabar con Dudamel El amor brujo con la Orquesta Simón Bolívar. Después me dijo: “Esto lo vamos a hacer en concierto.”

Este es un año importante para Falla, su 150 aniversario, y se están organizando muchos actos. Gustavo quería hacer conciertos especiales y recibo la llamada: “Va a ser en Nápoles, pero la dirección artística la hará Marina Abramović”.

Casi me desmayo. No me lo podía creer. En unos días me voy a Nápoles para los ensayos y la preparación con la orquesta y con ella. Ya te contaré a la vuelta lo que me propone esta mujer. Estoy emocionadísima y muy honrada.

Hacer una obra tan maravillosa de un compositor español junto al maestro Dudamel y con Marina es de las cosas más importantes que me han pasado en mi carrera. Falla es una joya para los directores, pero también muy delicado. Solo pido hacer una buena versión y dejar el pabellón alto.

Cuando termine esta gira, ¿qué crees que habrás sacado de esta experiencia?

Ser feliz. Estar acompañada de Moisés Sánchez, que es un músico y una persona excelente, contar con músicos tan maravillosos, crear ese ambiente mágico con el público… todo eso es una catarsis.

Este concierto es una catarsis compartida. Me hace muy feliz, me emociona y me reconcilia con el ser humano y con esta profesión, que es muy dura y complicada. Solo merece la pena si puedes subirte al escenario y vivir esos momentos de emoción con el público y con tu banda.

Eso es lo único que quiero. No necesito nada más.

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