Netflix vuelve a demostrar que conoce bien el pulso de su audiencia con Él y ella, una miniserie que, en apenas unos días, se ha convertido en una de las más comentadas de la plataforma. Su éxito no se explica solo por el misterio que plantea, sino por la forma en la que construye el relato. Una historia partida en dos miradas enfrentadas, donde la verdad es siempre resbaladiza y el espectador nunca pisa terreno firme. Ese juego constante con la percepción es, precisamente, lo que ha hecho que se vuelva viral.
Desde el primer episodio, Él y ella deja claro que no es un thriller convencional. Aquí no se trata únicamente de descubrir quién cometió un crimen, sino de entender cómo cada personaje reescribe los hechos para sobrevivir a ellos. Netflix apuesta por una narración que incomoda. Una miniserie que obliga a desconfiar de todos y que convierte al espectador en juez involuntario de una historia llena de grietas.
Un crimen contado desde dos versiones
La trama de Él y ella arranca con un asesinato en una pequeña comunidad que, en apariencia, vive de espaldas al horror. A partir de ahí, la serie despliega su mayor virtud: dos relatos paralelos que nunca encajan del todo. Él investiga, ella observa. Él busca hechos, ella persigue verdades emocionales. Y en ese choque permanente nace la tensión que sostiene los seis episodios.
Netflix construye Él y ella como un thriller psicológico donde cada capítulo añade una capa de duda. La serie no corre, no necesita hacerlo. Prefiere avanzar despacio, sembrando contradicciones, silencios incómodos y miradas que dicen más que los diálogos. El crimen es el motor, pero el verdadero conflicto está en cómo se cuentan las cosas y quién decide qué parte del relato merece ser creída.
Uno de los grandes aciertos de Él y ella es su enfoque en los personajes. Nadie es completamente inocente, pero tampoco plenamente culpable. Netflix juega con esa ambigüedad moral para construir un thriller adulto, incómodo, que se mueve lejos del maniqueísmo. Él carga con el peso de la investigación y de un pasado que no termina de cerrarse. Ella regresa a un lugar que creía superado y se enfrenta a heridas que siguen abiertas.
En Él y ella, los vínculos personales importan tanto como las pruebas. Las relaciones, los silencios familiares y los rencores antiguos funcionan como pistas ocultas. La serie entiende que la memoria es selectiva y que cada personaje recuerda lo que le conviene recordar. Esa idea atraviesa toda la narración y refuerza el tono de engaño constante que define la propuesta.
La puesta en escena como herramienta narrativa
Netflix acompaña la historia de Él y ella con una puesta en escena sobria, casi asfixiante. Los espacios cerrados, los paisajes aparentemente tranquilos y una fotografía fría ayudan a crear una sensación de amenaza permanente. Todo parece normal, pero nada lo es del todo. La serie sabe utilizar el ritmo y los silencios para incomodar, para obligar al espectador a leer entre líneas.

El montaje también juega un papel clave en Él y ella. Los saltos temporales y los cambios de punto de vista refuerzan la idea de que la verdad nunca es única. Cada giro está calculado para desmontar certezas previas y empujar al espectador a replantearse lo que creía saber.


