La profecía de Houellebecq

El escritor francés avisa de que se ha producido un cambio de fondo en el país galo en particular y en Occidente en general, y hemos dejado de saber cuál es la respuesta

El escritor francés Michel Houellebecq

El escritor francés Michel Houellebecq

Dice haberse retirado de la profesión de escribir, a pesar de haber dejado publicadas algunas de las grandes obras que analizan el pulso de este tiempo. Y sin embargo, su última novela, Aniquilaciónes la mejor crónica de la tecnocracia macronista desde el interior. Michel Houellebecq (Saint-Pierre, isla de La Reunión, 1958) aúna la cotidianeidad de la vida con las intrigas que ocurren en el ministerio de Educación y Finanzas, habitado por un ministro, Bruno Juge (juez, en francés), inspirado en el ministro real, Bruno Le Maire (alcalde, en francés).

No es casualidad que la novela acabe precisamente con unas elecciones presidenciales francesas (que se celebran en 2027). Aunque aparecen Éric Zemmour y Marine Le Pen, el ganador es un personaje de ficción que continúa las políticas de liberales con la bandera de la “startup nation” de su predecesor, una referencia clara a Emmanuel Macron. Nada es casualidad.

En su obra hay un análisis político fino, agudo y descamado; produce urticaria, asombra y asusta a un tiempo por lo certero de su pronóstico. Hay ciudadanos que votan “al partido del presidente, o al presidente mismo”, ya que es “la única opción razonable”. Houellebecq, un francés burgués riéndose de los franceses burgueses. Los de la campiña se decantan por Le Pen y se producen concentraciones a las puertas del Elíseo, pues “el desfase entre las clases dirigentes y la población había alcanzado un nivel insólito en las pequeñas ciudades de provincia, los movimientos sociales que se habían producido en los últimos años no eran a su entender más que un inicio tímido; el odio racial, por otro lado, alcanzaba niveles inéditos en Europa”.

'Aniquilación', la última novela de Michel Houellebecq

‘Aniquilación’, la última novela de Michel Houellebecq

 

En la novela, el triunfo del macronismo se ve como una desgracia. Houellebecq tiene en realidad una sola tesis: testimoniar la decadencia de Francia en particular y de Occidente en general. Y no sólo en cuanto a valores éticos y morales, sino que la misma política es un reflejo de la podredumbre que corroe la Modernidad.

Carácter profético

Un dato curioso es que los protagonistas de Houellebecq envejecen con él: empezó con un hombre en la treintena y ahora apuesta por un maduro cincuentón. Su planteamiento filosófico-existencial suele ser también perenne: es una misma tipología de varón, aunque desempeñe distintas profesiones, que posee las herramientas y la formación para llevar, en principio, una vida plena. Sin embargo, sus protagonistas (múltiples y, a la vez, el mismo) experimentan el cinismo, el escepticismo y la resignación. 

Habla siempre el autor de un “agotamiento vital”, un vacío existencial que él descubre en sí mismo y en los hombres contemporáneos. Como un Woody Allen renovado, Houellebecq busca en placeres pequeños (el sexo, la comida, el alcohol y las drogas) no una plenitud, pues la cree imposible, sino una evasión, una huida de la asfixia que produce encontrar un sentido a la existencia.

Y además de radiografiar el hastío vital moderno, ha sido capaz de vaticinar las formas que el devenir histórico provocan: Plataforma, publicada en el 2001, culminaba con un atentado terrorista en la isla de Bali, y en el 2002 dos bombas mataron a 200 personas en el mismo lugar. Sumisión imagina la rendición de Francia a través de una alianza electoral entre islamistas y progresistas, y el mismo día en que el libro salía al mercado tenían lugar los hechos de Charlie Hebdo. Serotonina describía una revuelta campesina meses antes del episodio de los chalecos amarillos.

También añade el francés un aviso soterrado sobre los peligros de internet en todas sus formas, sobre ataques ciberterroristas y existencias vaciadas de significado debido a la omnipresencia de las pantallas. Pero si hay algo que atraviesa de una u otra manera su escritura es los estertores de la democracia y su deriva hacia el totalitarismo, “un cuasifascismo que ha invadido todos los recovecos de la vida cotidiana”, como escribe en Aniquiliación. Cuando acudió a España a presentarlo, aseveró que la “democracia directa es la única manera de salir de la crisis política en la que estamos inmersos” y se mostró a favor de suprimir los parlamentos, partiendo siempre de un referéndum o de iniciativas ciudadanas.

En ese mapa aparece también su preocupación por las pseudorreligiones y sectas, más allá de su alarma constante por el crecimiento del Islam, las migraciones o el mismo concepto de globalización. Houellebecq divide el mundo entre “las élites” y “el pueblo”, y piensa que esa fractura es insalvable, como lo es la existente entre los dos extremos, hasta el punto de pensar que una victoria aplastante de cualquiera de los dos podría llevar a la guerra civil en Francia. Una guerra del pueblo rebelándose contra las élites políticas, económicas y culturales de su país. 

La Francia que vota en estas elecciones parece buscar una salida secular al problema de la Modernidad. Houellebecq avisa de que es una quimera, mientras unos y otros lo utilizan (a él como figura y sus argumentos) oara defender una cosa y la contraria. Estandartes y banderas enarboladas, cuando el escritor de 68 años parece haber hecho su profecía final: no hay solución posible. 

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