Entrevista

Cuerpos que hablan: el feminismo sin pancartas de la escultora Pilar V. de Foronda

Hablamos con esta artista cuya obra evoca historias anónimas y nombres que la historia del arte dejó en silencio

A la sombra de las madres, instalada en la Plaza de la Villa de Cabanillas del Campo (Guadalajara)
A la sombra de las madres, instalada en la Plaza de la Villa de Cabanillas del Campo (Guadalajara)

Pilar Vicente de Foronda (Pontevedra, 1961) tiene la hermosa costumbre de dejar una huella de mujer allí donde pisa. A veces lo hace con bronce o acero; otras, le basta la sutileza del papel de un libro de historia del arte que abre ante sus alumnos justo en aquellas páginas que durante décadas habían permanecido selladas por contener solo nombres de mujer. Hablar con esta escultora, profesora universitaria e investigadora es como abrir la puerta a otra forma de feminismo, uno que se expresa con firmeza, desde el arte, la memoria y el conocimiento.

Pilar Vicente de Foronda posa junto al busto de Tomasa Cuevas

Gallega de nacimiento, nos cuenta que escogió la carrera de Bellas Artes con la idea de ser pintora. “Me gustaba pintar, pero al descubrir la talla en piedra encontré mi lugar en el mundo. Trabajar el volumen me dio una forma de expresión que hasta entonces desconocía. En aquella época aún no tenía conciencia feminista, pero sí capacidad crítica como hija que soy de la Transición. Entonces vi en la escultura el modo de adoptar una postura activa”.

Sus obras no buscan únicamente una belleza formal, sino un diálogo con las mujeres. En sus manos, el volumen, el tacto y la materia dejan de ser solo recursos plásticos y se convierten en herramientas para imaginar otras formas de mirar el cuerpo, el arte y la sociedad.

Una de sus obras públicas más conocidas es el conjunto escultórico A la sombra de las madres, instalado en la Plaza de la Villa de Cabanillas del Campo (Guadalajara). Estas piezas, que creó cuando llegó con 40 años a esta localidad, celebran la figura materna que protege y acompaña, pero, según nos detalla, su significado no se limita a la idea tradicional de maternidad. “Más bien invita a reflexionar sobre los cuidados de la vida diaria. Durante mucho tiempo, esas tareas, cuidar, acompañar, sostener, han sido consideradas invisibles, a pesar de que son fundamentales para cualquier sociedad. Al mismo tiempo, es un monumento a las madres intelectuales que he encontrado en el camino y me han orientado con su sabiduría siempre reconfortante”.

Serie de mujeres de Pilar V. de Foronda

Otra de sus piezas, titulada Ana, se encuentra en el Museo de la Once. Es una figura femenina en bronce patinado en negro que está de pie con las manos cruzadas detrás de la espalda. En el mismo museo se encuentra La maquinaria, un relieve en resina de poliéster compuesto por formas geométricas y cromatismo variado. Aunque abstracta, esta obra puede leerse como metáfora visual del entramado social o de los sistemas que afectan a las experiencias humanas y, muy especialmente, a las mujeres en distintas fases de la vida.

Cuerpos en movimiento

Son también representativas sus obras agrupadas en series temáticas que articulan sus intereses sobre género, identidad y emociones. El planteamiento de la artista consiste en recuperar el cuerpo femenino como sujeto, no como objeto. “Las figuras femeninas están en movimiento, ocupan espacio, se relacionan entre sí. Son cuerpos que actúan y rompen con siglos de iconografía en la que la mujer aparecía como musa, modelo o símbolo idealizado”.

Entre ellas, La danza, figuras en bronce que rinden homenaje al famoso cuadro La Danza de Matisse. En Mujeres dominicanas vuelca su experiencia en República Dominicana, sus costumbres y celebraciones. “En este país conocí a Ana Valcárcel, una de esas madres intelectuales, una artista con un solo brazo y una luz excelente que confió en mi talento”.

De Foronda es también la autora de la serie de bustos de españolas representativas en el bulevar Clara Campoamor de Guadalajara: Mayor Guillén de Guzmán, María de Cazalla, Mencía de Mendoza, Ana de la Cerda, Crescencia Alcañiz Maestro, Tomasa Cuevas Gutiérrez, Juana Quílez y Amalia Torre de la Fuente. “Visibilizan figuras que han sido ignoradas en la historia cultural”.

Los ocho bustos femeninos del bulevar de Clara Campoamor

En 2018, se permitió dar un giro con Mercado Canalla, “una propuesta que fusiona performance y reflexión colectiva para preguntarse qué hacemos con el cuerpo, el deseo o la economía, cómo en pleno siglo XXI los cuerpos de las mujeres y los niños se sigue vendiendo a nivel de trata. Invita al público a pensar qué valor tiene el cuerpo, si puede convertirse en mercancía o qué se proyectan sobre él”.
Además de su producción artística, Vicente de Foronda desarrolla una intensa labor como gestora cultural. Ha coordinado ciclos de pensamiento y encuentros sobre igualdad en instituciones culturales y académicas, con la intención de introducir la perspectiva feminista en el debate artístico y social. “No se trata solo de organizar exposiciones o actividades, sino de transformar los relatos culturales que durante siglos han dejado a las mujeres fuera del canon y repensar los discursos desde una mirada igualitaria”.

Devolver a las mujeres el lugar que le corresponde

A través de esculturas, investigaciones, proyectos educativos y acciones colectivas, ha conseguido construir un discurso que sitúa el feminismo en el centro de la práctica artística contemporánea. Trata así de reparar algo que constató durante sus años como estudiante de Bellas Artes y que ha denunciado después repetidamente en conferencias y publicaciones: “En los programas académicos apenas aparecían mujeres artistas. Durante siglos, la historia del arte había sido narrada casi exclusivamente desde una perspectiva masculina, dejando a muchas creadoras en los márgenes o directamente fuera del relato”. Comprendió entonces que la ausencia de mujeres no respondía a una falta de talento, sino a un problema de invisibilidad.

Esa inquietud se convirtió en una línea de investigación que acompañaría toda su carrera. En su tesis doctoral y en varios de sus estudios posteriores se dedicó a documentar la obra de escultoras españolas del siglo XX, una tarea que, además de académica, tiene una clara dimensión política: devolver a las mujeres el lugar que les corresponde en la historia cultural.

Hoy su labor docente en la Universidad Complutense de Madrid le permite contribuir a reconstruir una genealogía femenina en el arte. “Es muy satisfactorio -explica- revelar a los alumnos a las artistas que la historia eclipsó, mujeres que quedaron fuera de los textos oficiales del arte. Para los alumnos es también un aprendizaje crítico, no solo informativo. Además, las estudiantes pueden verse reflejadas y los estudiantes pueden comprender que el arte no ha sido producido solo por hombres. Cambia la forma en que todos entienden la creación artística”. Su trabajo muestra, en definitiva, que el feminismo también puede abrirse paso sin pancartas.

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