Huérfanas de series

‘The beast in me’, Claire Danes vuelve a la herida, esta vez desde el salón de una urbanización perfecta

La actriz de Homeland protagoniza este thriller psicológico de Netflix que convierte el matrimonio, la maternidad y la fachada de la clase media en un campo de batalla: ocho episodios sobre lo que se esconde cuando una mujer deja de fingir que todo va bien

'The beast in me', serie de Netflix protagonizada por Claire Danes
'The beast in me', serie de Netflix protagonizada por Claire Danes

Después de seguir todo lo que ha hecho Claire Danes, era imposible no sentirse atraído por la expresividad sin límites de una de las mejores actrices de su generación. A eso hay que sumarle nuevas emociones, un miedo que habías archivado o una forma de rabia que llevabas años intentando domesticar. The Beast in Me (uno de los grandes estrenos de Netflix) lo tiene todo: no es solo el regreso de Claire Danes a un papel que exige nervio, contradicción y una vulnerabilidad que nunca se convierte en debilidad; es también una vuelta a su gran tema —la mujer que sostiene el mundo mientras el mundo la desgasta—, ahora encerrado en una postal de suburbio donde la cortesía funciona como amenaza.

Netflix ha estrenado esta miniserie de ocho episodios como quien ofrece un thriller impecablemente empaquetado, con suspense sostenido y giros programados. Pero lo interesante ocurre por debajo del género: lo que realmente cuenta The Beast in Me es el desgaste íntimo, el resentimiento domesticado, el precio de ser “una buena mujer” en un lugar que solo admite mujeres dóciles.

Claire Danes y Matthew Rhys protagonizan la serie 'The beast in me'
Claire Danes y Matthew Rhys protagonizan la serie ‘The beast in me’

La protagonista, Aggie, vive en una comunidad residencial donde todo parece diseñado para la tranquilidad: césped recortado, casas idénticas, cenas a la misma hora, sonrisas forzadas. Pero Aggie está fracturada. Su vida está organizada alrededor de una idea que se ha convertido en trampa: mantener la normalidad. No para los demás, sino para sobrevivir. La serie construye desde ahí un thriller psicológico donde el miedo no llega de fuera, sino desde el interior; y donde la violencia, antes que un estallido, es una acumulación.

La elección de Claire Danes es clave porque aporta algo que pocas actrices logran sostener sin caricatura: esa mezcla de control extremo y hundimiento inminente, el cuerpo entero trabajando para que nadie note que se está cayendo. Su Aggie no es la heroína clásica ni la víctima ejemplar. Es una mujer adulta que sospecha que su vida ya no le pertenece del todo, alguien que ha aprendido a hacerse pequeña para que el mundo no se enfade. La serie no necesita convertirla en un símbolo: le basta con mostrar lo que le pasa cuando deja de interpretar el papel que se espera de ella.

El thriller se articula alrededor de un vecindario donde todos vigilan y nadie mira. Las relaciones se basan en la sospecha y la cortesía es un mecanismo de control. El reparto refuerza esa sensación de tensión bajo el barniz: Matthew Rhys, siempre eficaz en la ambigüedad moral, acompaña a Danes en un juego de poder y secretos; Brittany Snow aporta el filo de lo aparentemente inofensivo, el tipo de presencia que parece amigable hasta que entiendes que puede destruirte con una frase. Netflix, de hecho, ha presentado la serie como un relato coral de “barrio perfecto” donde lo que está en juego no es solo un misterio, sino la identidad misma.

'The beast in me' ya está disponible en Netflix
‘The beast in me’ ya está disponible en Netflix

Pero aquí la amenaza no es geopolítica ni terrorista. Es doméstica. The Beast in Me engancha, sí, pero sobre todo deja esa resaca emocional que solo provocan las ficciones que han tocado algo real.

Lo más perturbador de la serie no es el enigma, sino el modo en que retrata la vida de una mujer como una suma de renuncias aceptadas. Aggie administra: su imagen, su cuerpo, su deseo, sus silencios. En un momento dado, lo que la serie sugiere con precisión cruel es esto: a ciertas mujeres no se les permite estar mal. Si están mal, son histéricas. Si están enfadadas, son peligrosas. Si se defienden, son culpables. Aggie empieza a entender que el monstruo del título quizá no sea un criminal oculto, sino el animal interior que despierta cuando una mujer ya no puede sostener el guion.

El acierto de The Beast in Me es que no intenta “empoderar” a su protagonista en el sentido publicitario del término. No hay frases programadas para TikTok ni lecciones finales. Lo que hay es un tránsito. El descubrimiento de que vivir para cumplir expectativas puede ser otra forma de morir. La serie entiende que la rabia femenina rara vez es un capricho; suele ser un diagnóstico.

El vestuario de Claire Danes en 'The beast in me' también ha sido alabado
El vestuario de Claire Danes en ‘The beast in me’ también ha sido alabado

Y luego está el tono. La puesta en escena es limpia, fría, casi clínica: esa estética de lujo discreto que en realidad es una jaula. La dirección sabe sacar partido de lo cotidiano como amenaza: una conversación en la puerta del colegio, una copa de vino con vecinos, una sonrisa sostenida demasiado tiempo. The Beast in Me trabaja con detalles porque la vida real también destruye así: por desgaste, no por explosión.

No es una serie “confortable”, es precisa. Te atrapa con un misterio, pero te mantiene por otra cosa: porque entiende el miedo contemporáneo a vivir una vida prestada. Te obliga a mirar la violencia blanda del día a día, esa que no deja marcas visibles pero te cambia el carácter. Y al final, cuando Aggie mira de frente lo que ha sido y lo que ya no quiere ser, no queda la sensación de haber visto un thriller más: queda la incomodidad de haber reconocido algo propio. Y por supuesto hay un estallido de violencia final, pero eso es mejor no descubrirlo hasta el final de la serie.

TAGS DE ESTA NOTICIA