MERITORIAS

Hollie Davidson, la mujer que con el rugby rompió el techo de cristal en el arbitraje

Así fue el arduo camino de la primera mujer en arbitrar un partido del Seis Naciones en 150 años de historia de la competición

Las cosas nunca fueron fáciles para la árbitro escocesa Hollie Davidson (33 años) hasta que el pasado 14 de febrero encontró la recompensa. Durante mucho tiempo quiso y no pudo vestir la camiseta de Escocia como jugadora por culpa de las lesiones.

La mala noticia llegó poco después de cumplir la mayoría de edad. Le habían convocado para disputar su primer partido internacional y la mala suerte se cebó con ella el fin de semana anterior a raíz de sufrir una luxación de hombro que le impidió volver a jugar. “Es horrible que te ocurra algo así cuando tienes al alcance de tu mano algo que deseas tanto. Hasta pensé que mi vida en el rugby se había terminado”, llegó a confesar al Scotland Rugby Podcast de la BBC. Fue entonces cuando se dio cuenta de que la única forma de seguir vinculada al deporte que más le gustaba era a través del arbitraje.

Ese Día de los Enamorados dirigió en el estadio Aviva de Dublín un partido masculino en el torneo de rugby del Seis Naciones donde se enfrentaban las selecciones de Irlanda e Italia. El dato no parece nada llamativo salvo si se tiene en cuenta que era la primera vez que lo hacía una mujer en una competición con casi 150 años de historia.

Atrás quedan historias que jamás debieron producirse y que merecen ser recordadas, aunque solo sea para que no se vuelvan a repetir. A Davidson también le tocó convertirse en la primera mujer en arbitrar una final de la Challenge Cup de rugby en la que se enfrentaron el año pasado los franceses del Lyon y los ingleses del Bath, donde juega su compatriota y la estrella de la selección escocesa Finn Rusell. En el minuto 26 del partido se produjo un choque cabeza con cabeza entre el internacional inglés Sam Underhill y el jugador georgiano del Lyon, David Niniashvili.

Después de revisar la jugada varias veces, Davidson consideró que el encontronazo se podía saldar con una simple tarjeta amarilla que acarreaba una expulsión temporal de diez minutos para el tercera línea del Bath. Llovía sobre mojado porque esa misma temporada ya le había echado en otro encuentro de octavos de final de la misma competición que le enfrentó al Pau francés y que le acarreó una suspensión de tres semanas.

Los ingleses ganaron el partido 37-12, pero la decisión de la árbitro escocesa hizo correr ríos de tinta. Una leyenda de la selección inglesa como Lawrence Dallaglio cuestionó la benevolencia de Davidson por no haber sacado la tarjeta roja a su propio compatriota. La misma opinión fue compartida de forma pública por otra estrella del rugby en Inglaterra como Andy Goode. Posteriormente, Underhill fue castigado con cuatro semanas sin jugar al considerar el organismo sancionador que el placaje fue de riesgo medio y porque mostró arrepentimiento. “Cometí un error de criterio en el contacto de cabeza con cabeza entre dos jugadores y mi nombre fue arrastrado por el fango”, llegó a lamentarse días más tarde la árbitro escocesa.

El aliciente de dirigir un partido del Seis Naciones

La queja no fue espontánea. En realidad, la expuso porque su falta de acierto estaba en boca de todos y, además, porque ni su familia se libraba de los insultos de los más cafres. “Saber que les estaba causando un dolor innecesario fue un auténtico desafío para mí”, afirmó. Eso, no obstante, le hizo más fuerte. “Espero que esta situación no llegue al extremo de que solo triunfen quienes puedan aguantar estas batallas porque entonces no llegarán los mejores a lo más alto, sino los que sean más duros”. De ahí que dirigir un partido del Seis Naciones y la posibilidad de pitar otro en la Copa del Mundo que se diputará el próximo año en Australia sean alicientes suficientes como para no perder el tiempo en cuestiones menores.

“El sexismo sigue presente en algunos momentos, pero ahora la gente solo quiere ver un buen arbitraje”

Y es que Davidson hace tiempo que se puso encima una especie de coraza al poco de empezar su andadura en el arbitraje. Tenía miedo de no estar a la altura. “El sexismo sigue presente en algunos momentos, pero ahora la gente solo quiere ver un buen arbitraje”, subraya.

La soledad de las pioneras

Al principio le gritaban desde la banda cosas “ridículas” tipo dónde tenía que ponerse en el campo o qué hacía una mujer un sábado dirigiendo un partido de rugby cuando podía estar haciendo otras cosas. “También me daban indicaciones de a dónde debía ir después del partido para que los jugadores hicieran lo que quisieran conmigo”, recuerda. Ella misma reconoce que tuvo muy pocos apoyos. Se sentía sola “al adentrarme en un espacio que da mucho miedo”. Ahora todo ha cambiado. Vive del rugby, y hasta tiene un representante. Lo triste es que hubo momentos en que tuvo de tirar de un psicólogo para no derrumbarse. Y esa espina aún la lleva clavada.

En España las cosas son muy distintas en todos los aspectos. A día de hoy solo una mujer arbitra a los hombres en División de Honor. Ella es Jenny Lee, una inglesa nacida en Londres de padre singapurense y madre británica que practicó el rugby, primero en el Olímpico de Madrid, y más tarde en el CAU de Valencia. “En un momento tuve que decidir entre ser entrenadora o árbitro, y ya se sabe cuál fue mi decisión final”, explica. Ya cuando comenzó a dirigir partidos en 2020 en la recién creada División de Honor B en categoría femenina es el conocimiento que los entrenadores tenían sobre la persona que les iba a arbitrar. “Sabían todo mi historial”, subraya

Lee reconoce que no ha llegado a vivir en sus carnes episodios de machismo en un terreno de juego “Nunca he sido juzgada por ser mujer”, afirma sin ambages. Esa circunstancia la achaca a que cuando empezó a pitar en Valencia la gente ya le conocía y, por tanto, sabían que no era alguien ajena al mundo del rugby. “Los que no me conocían a lo mejor ponían cara rara al verme, pero siempre lo interpreté como un gesto de extrañeza más que de desaprobación”. No les ocurrió lo mismo a algunas de sus compañeras “que me han comentado que en alguna ocasión sí les han llegado a decir eso de vuelve a la cocina”. Lo peor de esas “malas experiencias” es que, al final, han servido para que alguna optara por colgar el silbato.

Sobre quién protesta más sus decisiones en el terreno de juego sabe mantener su neutralidad con algún matiz. “Con los chicos el juego es más veloz y, por lo tanto, tienes que tomar las decisiones más rápidas, mientras que con las chicas es más reposado”. La mayor diferencia radica en que en categoría masculina “te ponen más a prueba” y en la femenina “suelen intentar hacer bien las cosas”. Además, según señala, “con ellas no tengo que estar pendiente de lo que ocurre a mis espaldas”. Eso sí, el respeto es innegociable. “A los chicos les cuesta más gestionar sus emociones, en cambio las chicas se controlan mucho más y me hacen un pelín más de caso”, añade.

El arbitraje en España

Al arbitraje español le falta dar ese paso que pueda llevar a una mujer a dirigir un partido masculino del Seis Naciones o de la Copa del Mundo. La sombra de Alhambra Nievas sigue siendo alargada. La granadina pitó la final del seven femenino en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro y en 2015 llegó a estar nominada por World Rugby a la mejor árbitro del mundo junto al galés Nigel Owen y el francés Jérôme Garcès. Solo tuvo que esperar un año para que finalmente se lo concedieran. Para Jenny Lee sí hay posibilidades de que una española vuelva a llegar al máximo nivel dentro del arbitraje mundial. La solución parece sencilla: “solo hay que invertir más en recursos”. No le falta razón. En la actualidad solo seis de las diez árbitros mujeres pitan en categoría nacional, y de ellas solo Jenny lo hace en División de Honor masculina. Esa escasa presencia, con una proporción de diez a uno, la resume con cierta ironía en esta frase: “para que la gente se haga una idea de las pocas que somos, cuando acudo a los cursos de árbitros ni siquiera tengo que hacer cola para ir al baño”.

No todo han sido críticas a los méritos conseguidos por Hollie Davidson para dirigir un partido del Seis Naciones masculino. En su favor alzó la voz el que muchos consideran mejor árbitro de todos los tiempos, Nigel Owens. “Ha sido una elección muy merecida, de eso no hay duda”, manifestó el galés. Incluso fue más lejos en sus apreciaciones. “En la sociedad que vivimos debe haber un fuerte impuso a la diversidad y la inclusión para que arbitren personas que antes no lo hubieran hecho”. La frase no era un brindis al sol. La pronunciaba alguien que hace años se declaró abiertamente gay, algo que estuvo a punto de interrumpir su carrera deportiva.

No fue así porque llegó a arbitrar la final Copa del Mundo en 2015. “Si me hubieran designado porque confesé que era gay no hubiera aceptado pitar esa final y les hubiera dicho que lo hiciera otro porque ese logro debía significar que me consideraban el mejor árbitro del mundo y si no hubiera sido así hubiera restado credibilidad a mi elección” aseveró.

También recibió alabanzas al término del partido entre Irlanda e Italia por parte del capitán italiano Michele Lamaro. El mérito es que le salieron de dentro. Nadie le pidió su opinión al respecto y aun así afirmó: “Quiero enfatizar que su arbitraje ha sido excepcional y le felicito porque ha hecho mucho por el rugby mundial y por nuestro juego, y creo que es importante decirlo”. No habían pasado ni cinco años desde que Hollie Davidson sufrió su primer gran disgusto en el mundo del arbitraje. Fue durante un partido del Seis Naciones femenino disputado en Baiona entre Francia e Inglaterra. Un par de decisiones en contra de las locales provocó las iras del público.

Después del partido salieron escoltadas del campo y les lanzaron objetos. ¿Cómo se recupera alguien de esto? La escocesa lo tiene claro: “Hay ciertas cosas que tengo que aceptar y áreas de crecimiento que necesito mejorar”.
Hollie Davidson recuerda que en sus comienzos siempre quiso esforzarse y superarse “para convertirme en una de las mejores”. Se puede decir que ya ha conseguido gran parte de sus objetivos. Se ha convertido en una auténtica pionera del rugby dentro del mundo del arbitraje.

Su curriculum lo certifica: dirigió la final del Copa del Mundo femenina en 2021 y repitió el año pasado, fue la primera mujer en arbitrar como asistente en el Seis Naciones masculino y en 2025 arbitró a los actuales campeones del mundo, los Springboks de Sudáfrica y a los All Blacks (Nueva Zelanda).

La escocesa, cuya pasión por el rugby se forjó yendo a ver con su padre los partidos de su selección en Murrayfield, nunca ha dejado de batir récord. En 2023 formó parte por primera vez de un equipo arbitral compuesto íntegramente por mujeres -Sara Cox (Inglaterra) y Aurélie Gouzelau (Francia) como asistentes y Claire Hodnett (Inglaterra) como juez de televisión-, para un partido masculino entre Portugal e Italia o, lo que es lo mismo, la primera vez que una mujer arbitraba a un equipo del Seis Naciones. Su próximo reto es ser la primera mujer en pitar un encuentro de la Copa del Mundo masculina. Para que eso ocurra queda esperar todavía un año.

 

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