Balón de Oro

La experta que enseña a perder: “Asumir las críticas forma parte del juego”

Paloma Rivero explica las claves que manejan las jugadoras para redirigir las emociones

Paloma Rivero da las claves sobre como afrontar la derrota. Instagram: palomarivero_coach
Paloma Rivero da las claves sobre como afrontar la derrota. Instagram: palomarivero_coach

Para rendir al máximo en el deporte profesional, entrenar la cabeza es tan importante como entrenar el físico. Rivero (palomarivero_coach) trabaja desde el coaching para que el deportista tenga herramientas dentro y fuera del campo, porque la persona es la misma en ambos sitios, tanto fuera como dentro del terreno de juego. “Talento y mentalidad son dos caras de una misma moneda. El talento necesita una mentalidad sobre la que apoyarse y la mentalidad necesita el talento sobre el que sostenerse. Uno sin el otro no pueden convivir”, afirma la psicóloga. 

Las expectativas

En el deporte de élite todos quieren ganar. Es algo sano y natural. El problema aparece con las expectativas que se generan antes del premio: las propias del jugador y las de su entorno. Según explica Rivero, esa expectativa ganadora puede ayudar o convertirse en  “una mochila que cargas con muchas piedras”.

Todo depende de cómo se enfoque esa espera en la que la incertidumbre se apodera de las emociones. Si se toma como dirección, funciona como ambición y ayuda a entrenar mejor. Pero si se toma como condición, se vuelve peligrosa: “Se convierte en una cláusula de contrato interno del tipo “si no consigo el premio, no valgo”. Ahí es donde aparece el peligro, porque la presión te deja de impulsar y te empieza a bloquear”.

El trabajo psicológico no busca que la jugadora tenga menos ambición, sino que aprenda a separar el resultado de su valor como persona o deportista. “La identidad del jugador no está condicionada nunca al aplauso”, resume Rivero, quien recuerda que esto es aplicable tanto como para el Balón de Oro como para cualquier partido de fin de semana.

¿Perder el premio baja el rendimiento?

Quedarse sin el trofeo no significa que el futbolista vaya a jugar peor en los siguientes partidos. Rivero aclara que eso depende de cómo interprete cada persona el hecho: a unos les da más confianza y a otros les quita motivación si sienten que el premio era lo único que daba sentido a todo su esfuerzo.

Para que no afecte al juego, el deportista debe tener claro qué depende de él y qué no. Un premio lo vota un grupo reducido de personas que valoran tanto el juego como el comportamiento, algo imposible de controlar por el nominado. “Como jugador sí puedes medir lo que tú haces y cuál es tu cien por cien, pero en ningún caso puedes controlar lo que decide el otro. Si el jugador tiene bien clara esa frontera, no hay peligro”, explica la experta.

Es exactamente lo mismo que pasa en un partido cuando un árbitro toma una decisión que el jugador no comparte o un rival busca una provocación. Hay futbolistas que lo ignoran y no les afecta, y otros que se salen del partido. Rivero advierte, que no controlar ese enfado tiene consecuencias físicas directas: “Emociones como la frustración, la ira, el miedo o el enfado desmedido tensan el cuerpo. Y cuando los músculos se tensan, el cuerpo está mucho más predispuesto a la lesión”.

Cómo gestionar la frustración y las redes sociales

Cuando un deportista se ve como favorito y finalmente no gana, lo normal es que sienta tristeza y mucha frustración. La recomendación de Rivero es no tapar lo que se siente, porque las emociones son un lenguaje al que hay que prestar atención.

“No hay que ignorarlas, hay que escucharlas: ¿qué es lo que me está frustrando?, ¿qué esperaba sentir si me concedían este premio?, ¿quién soy ahora que no me lo han concedido? Todo eso es lo que tiene que gestionar el jugador, y la buena noticia es que se entrena”, señala la Rivero. Para algunas futbolistas, el simple hecho de estar entre los tres finalistas ya es un éxito, porque su valoración personal depende de lo que piensan de sí mismos y no de lo que digan los demás en redes sociales.

Esa gestión es mucho más complicada hoy en día por las redes sociales. El debate público no se acaba al terminar la gala, sino que sigue en la prensa y en redes sociales. Sin embargo, para Rivero la solución definitiva no pasa por borrar las redes sociales (salvo en un momento puntual de crisis) sino por asumir que las críticas forman parte del juego. “Huir de donde se está generando todo esto quizás no sea la estrategia. Es parte del juego. Entonces, la pregunta que yo me hago es: ¿a qué opinión le estás prestando atención? Porque todas las opiniones no valen lo mismo”, expone la psicóloga.

Las más jóvenes

El mayor peligro de no saber encajar una derrota o la pérdida de un trofeo es sufrir una crisis de identidad. Rivero asegura que esto ocurre “al cien por cien” si el deportista no sabe quién es fuera del campo, y avisa de que el riesgo es mucho mayor cuanto más joven es el jugador.

En el fútbol actual, niños de apenas 11 o 12 años ya entrenan en canteras de alto rendimiento con una exigencia máxima. Desde pequeños aprenden una regla fija: si tienen buenos resultados, les premian y avanzan; si no, van al banquillo.

“Si toda tu identidad está vinculada a lo que ganas y solamente a tu aspecto de jugador de fútbol, la puedes perder fácilmente porque no sabes quién eres realmente”, advierte la psicóloga. Por eso, en un momento en el que llegan a la élite futbolistas cada vez más jóvenes y con la vida controlada al milímetro, Rivero insiste en la necesidad de trabajar su autonomía y su pensamiento crítico para combatir la deshumanización y “los primeros que se tienen que dar cuenta de esto son ellos”.