Brasil, en la encrucijada

El nuevo presidente, sea el viejo Lula o Bolsonaro el joven, tiene que recuperar el crecimiento, controlar la inflación y poner orden en las cuentas púbicas

AMDEP4266. JUIZ DE FORA (BRASIL), 16/10/2026.- El presidente de Brasil y candidato a la reelección, Luiz Inácio Lula da Silva, saluda a sus seguidores durante un acto de campaña este viernes, en Juiz de Fora, en el estado de Minas Gerais (Brasil). Lula se dirigió a las miles de personas que acudieron a un mitin en el municipio de Juiz de Fora y les conminó a hacer un "mayor esfuerzo" para "convencer" a los indecisos, e ir a sus casas para acompañarlos a las urnas el próximo 25 de octubre. EFE/ Andre Coelho
Luiz Inácio Lula da Silva, saluda a sus seguidores durante un acto de campaña este viernes, en Juiz de Fora, en el estado de Minas Gerais (Brasil).
EFE/ Andre Coelho

Brasil, ese gigante amarillo, que tiene por lema “ordem e progresso”, se enfrenta el próximo 25 de octubre a unas elecciones tan cruciales y polarizadas, como casi todas las que ocurren hoy en el mundo y, por supuesto, en América Latina. Se puede afirmar que es el único país latinoamericano, junto a México, dónde la izquierda guarda una posibilidad cierta de mantenerse en el poder. Eso sí, en las manos de un líder octogenario y fuerte, que ya lo era en los años ochenta del pasado siglo. En el otro lado, se presenta una versión rejuvenecida de Jair Bolsonaro, encarnada en su dulcificado hijo Flavio. Renovarse o morir, esa frase alumbrada por Miguel de Unamuno cuando escribió “el progreso consiste en renovarse” parece no encontrar materialización en el agotado paisaje de la política brasileña.

Pero aquí venimos a hablar de economía, que de la política se ocupan mejores cabezas en otros rincones de este Artículo 14. Brasil en todo es un gigante. No lo iba a ser menos en la economía. Estamos ante la mayor de América Latina, la segunda de toda América y la duodécima del mundo, ateniéndonos a los rankings del Fondo Monetario Internacional (FMI). Conjuga un fuerte mercado interno, unos enormes recursos naturales, una potente industria y un estimable sector de servicios. Pero, pese a las décadas con claro diagnóstico, no soluciona sus problemas estructurales de fiscalidad, productividad y desigualdad. Es algo así como si su lema de “orden e progresso” no dejase de ser más una aspiración que una constatación.

AMDEP4266. JUIZ DE FORA (BRASIL), 16/10/2026.- El presidente de Brasil y candidato a la reelección, Luiz Inácio Lula da Silva, participa en un acto de campaña este viernes, en Juiz de Fora, en el estado de Minas Gerais (Brasil). Lula se dirigió a las miles de personas que acudieron a un mitin en el municipio de Juiz de Fora y les conminó a hacer un "mayor esfuerzo" para "convencer" a los indecisos, e ir a sus casas para acompañarlos a las urnas el próximo 25 de octubre. EFE/ Andre Coelho
Luiz Inácio Lula da Silva, participa en un acto de campaña este viernes, en Juiz de Fora, en el estado de Minas Gerais (Brasil).
EFE/ Andre Coelho

Disfruta de un PIB de casi 2,3 billones de dólares, para una población de 214 millones de personas, lo que se traduce en una renta per cápita de 12.300 dólares. El crecimiento en 2025 ha sido del 2,3%, estimándose una previsión del 1,8% para este año, con una preocupante inflación del 4,2%. El gobierno ha conseguido reducir la inflación, que llegó a situarse por encima del 12% a mediados de 2022. Eso no quiere decir que hayan bajado los precios, sino que su aumento es más moderado. El paro parece controlado en el 5,4%. El número de ocupados alcanzó un récord de 103 millones, que también aumentaron sus ingresos medios, lo que contribuyó a mejorar su capacidad de consumo. Pero la calidad del empleo continúa siendo un problema sin resolver en Brasil. La economía informal alcanza al 37% de los trabajadores. El próximo presidente, deberá esforzarse por conseguir una mayor estabilidad del empleo.

Se presume una cierta desaceleración, que ya arrastra desde 2024, por los altos tipos de interés y una moderación generalizada en el consumo, con su consiguiente impacto sobre la industria y los servicios. Su deuda pública es muy elevada, por encima del 82%, lo que provoca una enorme presión fiscal. Ha crecido 10 puntos desde 2022. El coste de la deuda equivale a casi 83 de cada 100 reales que produce la economía brasileña en un año. No está nada mal. La tasa de interés, por otro lado, se acerca a un 14%, una cifra elevada que grava la situación de ocho de cada diez brasileños ahogados por las deudas. Una tercera parte de sus ingresos domésticos se destina al pago de estos créditos, calculándose que un 12% se considera incapaz de hacerlos frente. Estas deudas de particulares se agravan con un cáncer que recorre la vida brasileña por su adicción a los juegos de apuestas deportivas y casinos digitales, auténtica lacra para buena parte de la juventud.

AME5743. BRASILIA (BRASIL), 13/10/2026.- Una persona sostiene un cartel con la imagen del expresidente de Brasil Jair Bolsonaro en una manifestación a favor de la reelección del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, este martes, en la Explanada de los Ministerios en Brasilia (Brasil). EFE/Andre Borges
Una persona sostiene un cartel con la imagen del expresidente de Brasil Jair Bolsonaro.
EFE/Andre Borges

Por tanto, el nuevo presidente, sea el viejo Lula o Bolsonaro el joven, tiene que recuperar el crecimiento, controlar la inflación y poner orden en unas cuentas púbicas que presentan un déficit del 10% frente al algo superior al 4,5% de 2022. Está abocado a tomar decisiones sobre el gasto público, la recaudación fiscal y la confección del Presupuesto del Estado. No cabe duda, de que el servicio de la deuda y el pago de intereses aminora las posibilidades de destinar fondos para educación, salud y programas sociales, así como para el desarrollo de infraestructuras. La desigualdad social sigue siendo un problema de primera magnitud en Brasil, por lo que el Estado está obligado a realizar pagos para el salario mínimo y el propio salario social del popular programa Bolsa Familia.

Como ocurre con las elecciones políticas de nuestros días, Brasil se enfrenta a una especie de susto o miedo. Para la izquierda, si gana Bolsonaro, se entraría en una involución social y política. Para la derecha, una repetición de Lula llevaría al país a un abismo prerrevolucionario y a la bancarrota. Lejos quedan los tiempos de la moderación y la estabilidad política. La economía lo sufre.

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