Las Letras del Tesoro han empezado a perder fuerza justo cuando muchos ahorradores esperaban otro empujón. El plazo a doce meses ha dejado la primera pista. En mayo, la rentabilidad subió hasta el 2,635%, apoyada en la expectativa de nuevas subidas de tipos del Banco Central Europeo (BCE). En junio retrocedió al 2,543%. Todo indica que, a partir de ahora, renovar a rentabilidades superiores exigirá que la inflación vuelva a presionar y que el mercado mantenga viva la posibilidad de nuevas subidas de tipos.
Durante los últimos meses, muchos pequeños ahorradores han utilizado las Letras como refugio sencillo. Compra directa, vencimiento corto, respaldo del Estado y una rentabilidad que volvía a competir con depósitos y cuentas remuneradas. La subida de 25 puntos básicos aprobada por el BCE el pasado 11 de junio parecía reforzar esa apuesta.
El problema es que las Letras no miran solo la subida que acaba de aprobar el BCE, sino la posibilidad de que vuelva a hacerlo.
Nacho Zarza, de Auriga, recuerda que la subida de tipos ya estaba parcialmente descontada antes de producirse. Por eso, el retroceso de la rentabilidad a doce meses en junio no le sorprende. El mercado empezó a valorar un escenario con menor tensión geopolítica y con un BCE menos obligado a actuar de inmediato. Según sus cálculos, la probabilidad de una nueva subida en la reunión del 23 de julio es de solo el 19%, frente a una probabilidad superior al 55% de que, si llega, sea en septiembre.
Renovar más alto exige más inflación
Buena parte de esa expectativa depende ahora de un frente que el ahorrador no controla. El acuerdo entre Estados Unidos e Irán para declarar un alto el fuego y reabrir el estrecho de Ormuz ha reducido parte de la presión sobre la energía. Y con menos tensión energética, el BCE tiene menos urgencia para seguir endureciendo su mensaje.
En opinión de Víctor Alvargonzález, socio fundador de Nextep Finance, “la única posibilidad que vemos de mejora posterior en las rentabilidades es que se rompan el alto el fuego y las negociaciones de paz”, señala. Si eso no ocurre, espera menos presión de la energía y una inflación más estable. Recuerda, además, que la inflación subyacente en Europa solo ha subido una décima respecto al nivel previo a la guerra.
Renovar ya o esperar al 3%
Ese cambio de expectativas obliga a replantear la estrategia. Para quien tiene Letras venciendo ahora ya no puede dar por hecho que esperar unas semanas le vaya a permitir renovar a una rentabilidad mucho más alta.
Con ese escenario, Zarza no ve mucho sentido a retrasar la decisión para intentar arañar unas décimas más. Si las Letras vencen ahora, su opción sería volver a entrar ya, antes de que una menor presión inflacionista o una pausa del BCE empiecen a recortar las rentabilidades. “Somos partidarios de renovar directamente los vencimientos”, resume.
La mejora de las rentabilidades también podría llegar, pero necesita un escenario más exigente. Las Letras a doce meses podrían acercarse al entorno del 2,90% o el 3,0% si el BCE vuelve a subir otros 25 puntos básicos, aunque esa hipótesis no es el escenario central para julio.
¿Letras a 3, 6, 9 o 12 meses?
Zarza elegiría doce meses para asegurar durante más tiempo una rentabilidad todavía atractiva. Irse a vencimientos más cortos solo mejora la jugada si dentro de unos meses las subastas pagan más. Si ocurre lo contrario, el ahorrador volverá antes al mercado y tendrá que renovar a tipos inferiores.
La decisión, sin embargo, no termina en elegir el vencimiento de una Letra. Si las rentabilidades están más cerca del techo que del inicio de una nueva subida, el siguiente paso es decidir cuánto dinero conviene mantener en vencimientos cortos y cuánto tiene sentido mover hacia otros productos de renta fija.
A partir de ese punto, la cuestión deja de ser qué Letra comprar y pasa a ser cómo construir la parte más conservadora de la cartera. Y ahí empiezan a aparecer diferencias entre los expertos.
Frente a la apuesta por las Letras a doce meses, Alvargonzález prefiere salir poco a poco de la rueda de los plazos demasiado cortos, aunque sin lanzarse a deuda de larga duración. El alto el fuego no garantiza el final definitivo de la tensión geopolítica y el aumento del gasto público seguirá presionando las emisiones de deuda. “Los políticos van a seguir gastando”, advierte.
Su propuesta para un perfil conservador pasa por fondos monetarios, fondos de corto plazo y fondos de medio plazo. También ve valor en bonos del Estado a dos o tres años, mejor a través de fondos de inversión por su tratamiento fiscal.
La lógica es sencilla. Si la inflación pierde fuerza y el mercado deja de descontar nuevas subidas del BCE, lo más adecuado sería alargar progresivamente la cartera hacia plazos medios para asegurar durante más tiempo las rentabilidades actuales. Lo menos favorable sería seguir encadenando Letras muy cortas y encontrarse en cada renovación con tipos más bajos.
Una Letra comprada al Tesoro y mantenida hasta vencimiento ofrece una rentabilidad conocida desde el principio y tributa cuando vence. En un fondo de renta fija, el valor puede fluctuar por precio, pero el inversor puede diferir la tributación mientras no reembolse y traspasar entre fondos sin pasar por Hacienda.
Alvargonzález añade una pieza fuera del guion más conservador. Para quien no quiera asumir mucho riesgo, su primera alternativa son los bonos del Estado a dos o tres años y los fondos de renta fija, pero no descarta reservar una pequeña parte a renta variable. “Tener un 15% del patrimonio en fondos de renta variable nunca ha arruinado a nadie”, sostiene. “Y a cambio, a largo plazo, casi siempre mejora el resultado de la cartera”.

