Covadonga Sanz ha construido su trayectoria profesional dentro del sector inmobiliario, especializada en la gestión de activos residenciales y en las nuevas fórmulas de vivienda flexible. Actualmente ocupa el cargo de Head of Asset Management en Rockfield Real Estate, firma internacional centrada en residencias de estudiantes y proyectos de flex living en Europa.
Antes de incorporarse a Rockfield, desarrolló gran parte de su carrera en el sector living y residencial ligado a Greystar y Be Casa, donde trabajó en proyectos vinculados al alquiler flexible y nuevas fórmulas residenciales en España. También ha participado activamente en debates sobre vivienda, coliving y flex living a través de asociaciones del sector como COWORD.
¿Cuál ha sido la decisión más difícil en su carrera profesional?
Probablemente la decisión más difícil, pero también la más reconfortante, fue parar mi carrera profesional, mudarme a otro país y dedicarme plenamente a mi familia durante tres años. Es una decisión que da mucho vértigo, porque sientes que te alejas de un camino que estabas construyendo con esfuerzo. Sin embargo, con perspectiva, ha sido una de las mejores decisiones de mi vida. Tuve la suerte de reincorporarme sin prejuicios, algo que valoro enormemente y que demuestra la importancia de entornos laborales abiertos y con mentalidad internacional.
¿Cuál es el consejo que más ignoró al inicio de su carrera y cuál fue la consecuencia? Y ¿cuál fue el más útil?
El consejo más útil que he recibido es buscar siempre nuevos retos y rodearme de los mejores. Eso me ha ayudado a crecer, a salir de mi zona de confort y a aprender constantemente. Tener un jefe inspirador te ayuda a darlo todo y siempre a intentar mejorar y tener un equipo con talento, aunque no es fácil de gestionar, te da la seguridad de estar haciendo las cosas bien.
En cuanto al consejo que ignoré, fue quedarme en el departamento de marketing, donde hice mis prácticas de la Universidad. Decidí moverme a una Big 4, y desarrollar mi carrera más financiera y no me arrepiento. Aun así, mi paso por marketing ha sido valioso y me ha permitido entender mejor otras áreas del negocio.
¿Cuándo dejó de sentir que ya no tenía algo que demostrar y empezó a disfrutar del éxito profesional?
La verdad es que esa sensación no desaparece. El “síndrome del impostor” me sigue acompañando, especialmente cuando cambias de roles ejecutivos a más estratégicos. A medida que creces profesionalmente, dejas de centrarte en tareas concretas y pasas a tomar decisiones más amplias, lo que genera nuevas dudas. Sin embargo, con el tiempo aprendes a convivir con esa sensación y a enfocarte más en el impacto de tu trabajo que en la necesidad de demostrar constantemente.
¿Qué mito sobre el liderazgo femenino le gustaría desterrar para siempre?
Me gustaría desterrar la idea de que hay que poder con todo. Es una carga innecesaria que muchas veces asumimos sin cuestionarla. Es cierto que tenemos gran capacidad de organización y adaptación, pero eso no significa que no necesitemos apoyo. Construir una carrera profesional requiere de colaboración, y soporte tanto en el entorno laboral como en el personal. Saber pedir ayuda y apoyarse en otros no es una debilidad, sino una forma inteligente de avanzar de manera sostenible.
¿Qué hábito o ritual sigue para mantener la creatividad y la claridad mental en su día a día?
Para mí es fundamental desconectar. Pasar tiempo con mi familia y amigos, así como hacer deporte de forma regular. Son momentos que me permiten salir del ritmo diario, ordenar ideas y volver con más claridad. A veces creemos que ser productivos es no parar, pero en realidad parar también forma parte del proceso. Otra rutina maravillosa es tomar vinos con mis amigas, eso es terapia de la buena.
¿Cuál es su fórmula para conciliar la vida profesional con la familiar?
No creo que exista una fórmula única, sino etapas. Hay momentos en los que la vida personal exige más y otros en los que el desarrollo profesional toma protagonismo. Cuando los hijos son pequeños, la demanda de tiempo es muy alta, justo cuando la carrera está empezando. Más adelante, la situación se invierte. La clave, en mi experiencia, está en el equilibrio con la pareja y en aceptar que no se llega a todo. Y que de verdad hay tiempo de calidad para dedicar a la vida familiar. También es importante entender que el esfuerzo profesional transmite valores a los hijos, como la responsabilidad y el compromiso.
Un error profesional del que aprendió una lección valiosa
Uno de los errores más valiosos que he cometido fue intentar abarcar demasiado sin delegar lo suficiente. Pensaba que así garantizaba mejores resultados, pero en realidad limitaba el crecimiento del equipo y me sobrecargaba innecesariamente. Con el tiempo aprendí que confiar en las personas, darles espacio y responsabilidad no solo mejora los resultados, sino que fortalece al equipo. Delegar bien es una de las habilidades más importantes y difíciles de poner en práctica; es algo que sigo aprendiendo día a día en Rockfield.
Si el éxito profesional fuera un deporte, ¿qué tipo de entrenamiento recomendaría para jugarlo bien?
Sin duda carrera de fondo. No se trata de velocidad, sino de constancia, resistencia y mentalidad. Es importante prepararse para el largo plazo, aprender a gestionar la energía, adaptarse a los cambios y mantener la motivación incluso en momentos difíciles. También es clave rodearse de un buen equipo, igual que en cualquier deporte. El éxito profesional no es un sprint, es un recorrido a largo plazo donde cada etapa suma.
Un imprescindible en el bolso
Algo para apuntar. Hoy en día suele ser el móvil, pero sigo llevando una libreta o cuaderno. Apuntar ideas, tareas pendientes, lo que sea, ayuda a liberar la cabeza y no perder información importante. Es un hábito sencillo, pero muy útil.
Su cita o frase vital
“Más vale pedir perdón que pedir permiso.”
Es una frase que refleja la importancia de actuar, tomar iniciativa y no quedarse bloqueado por el miedo a equivocarse. En muchos casos, avanzar implica asumir ciertos riesgos, y es mejor aprender en el camino que quedarse paralizado esperando el momento perfecto.
