El precio del gas y el precio del petróleo han vuelto a sacudirse con fuerza este jueves tras una nueva escalada en Oriente Medio que ya afecta de lleno a infraestructuras energéticas clave de la región.
El conflicto, que en sus primeras fases ya había alterado el paso por el estrecho de Ormuz y tensionado los mercados, ha entrado ahora en un terreno todavía más delicado: los ataques directos contra instalaciones gasistas y petroleras. Ese salto cualitativo ha devuelto a los inversores el temor a una crisis energética más duradera y ha empujado al alza tanto el crudo como el gas europeo.
La reacción del mercado ha sido inmediata. El Brent, referencia en Europa, llegó a alcanzar los 115,10 dólares por barril antes de moderarse. Mientras tanto, el West Texas Intermediate tocó brevemente los 100,02 dólares. Al mismo tiempo, la tensión sobre el suministro de gas natural licuado ha seguido creciendo después de los daños en Ras Laffan, el gran centro de exportación de Qatar, uno de los actores más importantes del mercado mundial de GNL.
La energía entra en el centro de la guerra
Lo que ha cambiado en las últimas horas no es solo la intensidad del conflicto, sino su naturaleza económica. Israel golpeó el campo iraní de South Pars, una instalación crítica para Teherán, y la respuesta iraní alcanzó activos energéticos en Qatar, Arabia Saudí, Emiratos y Kuwait.

El ataque iraní causó daños significativos en instalaciones de QatarEnergy en Ras Laffan, una zona esencial para el suministro global de gas natural licuado. Cuando la guerra alcanza ese tipo de infraestructuras, el precio del gas y el precio del petróleo dejan de reaccionar a un miedo abstracto y empiezan a descontar pérdidas reales o potenciales de suministro.
Ese es el motivo por el que el mercado se ha puesto todavía más nervioso. No se trata únicamente del cierre o la disrupción en Ormuz, por donde pasa una parte crucial del comercio energético mundial, sino de la posibilidad de que la cadena de producción y exportación resulte dañada durante semanas. El pasado 4 de marzo, Qatar había declarado fuerza mayor sobre sus exportaciones de GNL y que el país, responsable de alrededor del 20% del LNG mundial, necesitaría semanas para normalizar por completo su actividad.
El precio del gas vuelve a tensar a Europa
En este contexto, el precio del gas se ha convertido en uno de los termómetros más sensibles del conflicto. Reuters informaba hace dos semanas de que el gas europeo de referencia había alcanzado los 65,79 euros/MWh, su nivel más alto en tres años, y de que la guerra había encarecido notablemente la tarea de rellenar las reservas de cara al próximo invierno. Desde entonces, la situación no ha hecho más que deteriorarse a medida que se acumulaban ataques, interrupciones y daños en las instalaciones del Golfo.
Para Europa, el problema no es menor. Aunque la UE depende menos de Qatar que Asia, sigue necesitando el mercado global de GNL para equilibrar su sistema después del giro energético de los últimos años. El continente necesitará este verano unos 700 cargamentos de GNL para preparar el próximo invierno, en un entorno de precios disparados y con menos oferta disponible si la crisis en Oriente Medio se prolonga. En otras palabras, el precio del gas ya no refleja solo la tensión del momento, sino también el miedo a que Europa llegue al otoño con menos margen del deseado.
El petróleo sube por miedo a una crisis más larga
El precio del petróleo, por su parte, resume mejor que ningún otro indicador el temor a una perturbación global. Como hemos indicado, el Brent superó los 115 dólares y que los mercados ya descuentan un riesgo mucho mayor de interrupciones prolongadas en Oriente Medio.

El precedente es claro: incluso antes de los últimos ataques, la Agencia Internacional de la Energía ya había advertido el 12 de marzo de que el mundo afrontaba la mayor disrupción de suministro de crudo de la historia, con una caída prevista de 8 millones de barriles diarios en marzo por la guerra y el cierre de Ormuz.
Ese encarecimiento del precio del petróleo afecta a mucho más que a las gasolinas o al coste del transporte. También presiona a los bancos centrales, complica las previsiones de inflación y golpea a las economías importadoras. La Comisión Europea está preparando medidas de emergencia para amortiguar el impacto de la guerra sobre los costes energéticos, aunque descarta por ahora intervenciones de gran calado como nuevos topes al gas. El mensaje de fondo es claro: Bruselas da por hecho que el shock energético está teniendo un impacto económico serio.
Un mercado sin refugio claro
Lo que están reflejando hoy el precio del gas y el precio del petróleo es una sensación de vulnerabilidad total. El mercado ya no confía en una desescalada rápida y empieza a asumir que la prima de riesgo geopolítica puede quedarse durante bastante tiempo. Compradores como la japonesa JERA ya estudian reforzar su abastecimiento fuera de Oriente Medio, ante la posibilidad de que falten hasta 90 millones de toneladas de LNG si el conflicto persiste. Eso confirma que el problema ha dejado de ser local para convertirse en estructural.
Por eso la fotografía de este jueves no es la de una simple subida puntual. Es la de un mercado que vuelve a mirar a Oriente Medio como el gran foco de inestabilidad del sistema energético mundial. Y mientras no se frene la ofensiva sobre las infraestructuras de la región, el precio del gas y el precio del petróleo seguirán funcionando como el mejor termómetro del miedo.
