Estaban entre la espada y la pared. Al final, no les ha quedado más remedio que escoger entre Cuba y Estados Unidos.
Y la vinculación con la isla es histórica, pero nadie quiere tener como enemigo a la primera economía del mundo. Resultado: La Habana pierde, las empresas españolas se van.
El repliegue, ordenado pero ágil, es la respuesta a la amenaza de sanciones por parte de Estados Unidos. Al riesgo de sufrir los daños colaterales de la decisión de Donald Trump de apretar las tuercas al régimen cubano y asfixiar su economía.
En dos meses, los acontecimientos se han precipitado.
El 1 de mayo, el presidente de Estados Unidos aprobó una orden ejecutiva que cambiaba las reglas del juego vigentes durante décadas. Por primera vez desde 1961, se ponía sobre la mesa un concepto, las sanciones secundarias, que abría la puerta de salida a compañías como Meliá o Iberostar, artífices del despegue turístico de Cuba.
Estados Unidos pasaba de castigar al Estado o a personas cubanas concretas a hacerlo a compañías extranjeras que operen o tengan relaciones comerciales con entidades de la isla. Se enfrentan al bloqueo de activos en Estados Unidos o restricciones para operar en dólares o acceder al sistema financiero internacional. Todo por operar con empresas cubanas como Grupo de Administración Empresarial SA (Gaesa).

Los que se van
Meliá e Iberostar han sido grandes socias de Gaesa, conglomerado vinculado a las Fuerzas Armadas que controla la economía de Cuba. No por decisión propia, sino por obligación: el modelo mixto era una condición indispensable para operar en el país desde su apertura al exterior.
Así, cuando Gaesa pasó a estar en el punto de mira, las españolas reaccionaron.
El 2 de junio, Iberostar anunció que dejaba de operar 12 de sus 18 hoteles en Cuba, propiedad de Gaesa a través de Gaviota. Al día siguiente, Meliá, primera cadena hotelera de la isla por número de hoteles (34), seguía su estela. Si la familia Fluxà mantenía la gestión de 6 establecimientos de otras empresas vinculadas al Gobierno, los Escarrer pasaban a 25.
Sin embargo, el riesgo volvió a dispararse. La semana pasada, Estados Unidos sancionó a otra decena de entidades, entre ellas el Ministerio de Turismo. En torno a este, Cubanacán y Gran Caribe, la contraparte de Meliá e Iberostar en los hoteles que aún conservaban.
Las españolas, de nuevo en una ratonera, comunicaron casi al unísono su adiós a Cuba, al que se suma Barceló (2 hoteles).
“A partir del 24 de julio, la prestación de todos los servicios de gestión y comercialización hotelera” de Meliá queda concluida. La decisión se extiende “al uso de marcas autorizadas, al receptivo —prestación de servicios turísticos en el destino— y a la cadena de suministro local”.
La decisión responde a las “notables dificultades de carácter operativo, legal, económico y financiero que afectan al entorno de ese país y que imposibilitan una mínima estabilidad operativa en las operaciones”.
Meliá, primera cadena extranjera en llegar a Cuba, pone fin a 36 años en el país. En “la perla del Caribe” tenía planes de crecimiento que Trump ha frenado en seco.

La resistencia
Continúan en la isla caribeña otras hoteleras españolas como Blau (2 establecimientos en Varadero) y Roc (2 en La Habana y 2 en Varadero), según consta en su web. No obstante, están cerrados a raíz del bloqueo petrolero que Estados Unidos ha impuesto a Cuba, que sufre cortes de luz y escasez de productos básicos.
Por contra, mantienen sus operaciones sin cambios Banco Sabadell y Air Europa, según confirman desde ambas compañías a Artículo14.
La entidad financiera tiene una oficina de representación en la isla que ayuda a empresas españolas que comercian en o con la isla. Su presencia se articula a través de Financiera Iberoamericana, participada al 50% junto a la estatal Banco Internacional de Comercio. Esta no figura entre las empresas sancionadas el 5 de junio ni en las posteriores actualizaciones (23 de junio y 13 de julio). En la lista negra de Trump sí está el Banco Financiero Internacional, perteneciente a Gaesa.
En 2025, Cuba aportó 4,23 millones de euros a Sabadell. También está presente en la isla Alto Cedro, firma fundada por Javier Botín.
La aerolínea de Globalia, por su parte, es la única que conecta La Habana y Madrid tras la salida de World2Fly (Iberostar) y de Iberia, que regresará el 25 de octubre si la situación mejora.
Air Europa opera cuatro frecuencias semanales: el vuelo es directo a la ida y realiza una parada técnica en Punta Cana (República Dominicana) a la vuelta para repostar.
El impacto económico
La política de Trump en su primer mandato, cuando prohibió que los cruceros estadounidenses tocasen la isla, y el posterior impacto de la pandemia, junto al progresivo deterioro económico de Cuba han menguado el negocio de las cadenas hoteleras españolas, que rivalizarán con Marriott o Hyatt por posicionarse en la nueva era turística de la isla cuando se conozca el final del pulso entre Washington y La Habana.
Meliá, la única de la que se conocen cifras al ser una empresa cotizada, generó 11,5 millones de euros en ingresos en 2025, el 0,5% de su facturación total. La aportación al resultado bruto de explotación (ebitda) fue de 5 millones.
La compañía dará más detalles la semana próximas en la presentación de los resultados del primer semestre del año. Iván San Félix, analista de Renta 4 Banco, anticipaba hace unas semanas que, con los hoteles cerrados, Cuba estaba generando pérdidas operativas a Meliá. En una nota a inversores, avanza que “tendrá que dotar una provisión por la salida de Cuba”. La cotización ha retrocedido ligeramente en las últimas 48 horas.
China, España y Venezuela son los principales socios comerciales de Cuba, según datos del ICEX. Representan en torno al 40% comercio del país. Las exportaciones españolas superaron los 680 millones de euros en 2024, solo por detrás del gigante asiático. España es el tercer receptor de productos cubanos, superado por Canadá y China.
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