Los economistas del BCE advierten a los que tienen su dinero en fondos de inversión: “Sus ahorros dependen demasiado de siete empresas”

Cinco economistas alertan de la elevada exposición de los hogares europeos a las grandes tecnológicas estadounidenses mediante fondos y ETF

Christine Lagarde, presidenta de BCE.
EFE/EPA/OLIVIER MATTHYS

Comprar un fondo que invierte en cientos o incluso miles de compañías parece, a primera vista, una de las formas más sencillas de diversificar los ahorros. Sin embargo, cinco economistas vinculados al Banco Central Europeo han puesto el foco sobre un riesgo que puede pasar inadvertido para quienes utilizan determinados fondos de inversión: una parte importante del dinero termina dependiendo del comportamiento bursátil de apenas siete gigantes estadounidenses.

Son las conocidas como Magnificent Seven: Nvidia, Apple, Microsoft, Alphabet, Amazon, Meta y Tesla. Su extraordinario tamaño provoca que tengan un peso enorme en algunos de los principales índices bursátiles mundiales y, por extensión, en los productos que los replican.

Los autores calculan que los hogares de la zona euro acumulan alrededor de 440.000 millones de euros de exposición a las grandes tecnológicas estadounidenses, en muchos casos sin haber comprado directamente una sola acción de estas compañías.

Cómo llegan las siete tecnológicas hasta los fondos de inversión

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John Ternus, nuevo CEO de Apple.
EFE/EPA/Sarah Yenesel

La explicación está en el funcionamiento de numerosos fondos de inversión y ETF que siguen grandes índices internacionales. Cuando un índice pondera las compañías según su capitalización bursátil, las empresas más valiosas reciben automáticamente un peso mayor.

Eso permite invertir simultáneamente en centenares de compañías, pero no significa que el dinero esté repartido de manera uniforme. Una pequeña selección de gigantes puede terminar condicionando una proporción considerable del comportamiento del conjunto.

Los economistas Malin Andersson, Johannes Breckenfelder, Stefano Corradin, Kalin Nikolov y Maria Antonietta Viola explican en el blog del BCE que la mayor parte de la exposición de los inversores de la eurozona a las Magnificent Seven llega precisamente a través de fondos y ETF, y no mediante la compra directa de acciones.

El problema no afecta por igual a todos los productos. Un fondo centrado en deuda, pequeñas empresas europeas o determinados sectores tendrá una composición completamente diferente. La advertencia se dirige especialmente hacia los grandes productos indexados globales.

440.000 millones vinculados a la tecnología estadounidense

El crecimiento de los ETF de bajo coste ha facilitado que numerosos hogares europeos inviertan en Bolsa sin seleccionar individualmente las empresas. Es una estrategia sencilla y ampliamente utilizada, pero la concentración actual de los mercados estadounidenses introduce un elemento nuevo.

Según los cálculos publicados por los expertos, los hogares de la zona euro tienen aproximadamente 440.000 millones de euros expuestos a valores tecnológicos estadounidenses, con una presencia especialmente significativa de las siete compañías que dominan el mercado.

Las aseguradoras y los fondos de pensiones presentan igualmente exposiciones relevantes. Una corrección importante en Wall Street podría, por tanto, terminar trasladándose a productos financieros utilizados por millones de europeos.

La inteligencia artificial dispara las valoraciones

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El CEO de Open AI, Sam Altman.
EFE

Detrás de este fenómeno está el entusiasmo provocado por la inteligencia artificial. El auge de esta tecnología ha multiplicado las expectativas de crecimiento alrededor de numerosas empresas estadounidenses y ha llevado sus valoraciones a niveles históricamente elevados.

El BCE señala que el indicador CAPE utilizado para valorar la Bolsa estadounidense se encuentra actualmente cerca de sus máximos históricos. Nvidia representa quizá el ejemplo más espectacular: su cotización se ha multiplicado aproximadamente por veinte desde 2022.

Eso no significa necesariamente que exista una burbuja. Los economistas reconocen que la inteligencia artificial puede transformar profundamente la productividad y generar beneficios extraordinarios durante los próximos años.

Pero también recuerdan que las grandes revoluciones tecnológicas tienen una característica histórica incómoda: incluso cuando la tecnología termina funcionando, las valoraciones bursátiles pueden atravesar ciclos de euforia y fuertes correcciones.

El precedente de la burbuja puntocom

Los autores recuerdan ejemplos como la expansión del ferrocarril durante el siglo XIX, la electricidad y la radio en los años veinte o internet durante los noventa.

Todas fueron tecnologías capaces de cambiar la economía. Y todas atravesaron periodos en los que el entusiasmo inversor disparó los precios antes de provocar importantes ajustes.

La advertencia es especialmente relevante para los fondos de inversión porque una fuerte caída puede activar un segundo mecanismo. Si numerosos inversores solicitan recuperar su dinero simultáneamente, las gestoras necesitan vender activos para atender esos reembolsos.

Una oleada de ventas puede presionar todavía más las cotizaciones, generar nuevos reembolsos y amplificar la corrección inicial.

Una caída en Estados Unidos también afectaría a Europa

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Una de las imágenes más emblemáticas de Wall Street, en Nueva York.
Shutterstock

Europa presenta, aparentemente, una ventaja. Su sector tecnológico es mucho más pequeño y las valoraciones de sus empresas no han alcanzado los extremos registrados en Estados Unidos.

Pero los economistas consideran que esa protección es limitada. Los mercados estadounidenses y europeos mantienen históricamente una elevada correlación y los hogares, aseguradoras y fondos de pensiones europeos invierten grandes cantidades mediante índices globales.

Una corrección de las grandes tecnológicas estadounidenses podría afectar además a la confianza de consumidores y empresas, endurecer las condiciones financieras e incluso terminar influyendo sobre la contratación.

Los propios autores aclaran que sus conclusiones no representan necesariamente la posición oficial del BCE. Tampoco recomiendan abandonar los fondos ni anticipan una fecha concreta para una caída.

Su advertencia es más sencilla: tener cientos de empresas dentro de una cartera no garantiza necesariamente estar tan diversificado como parece. Cuando siete compañías alcanzan un tamaño extraordinario, millones de pequeños ahorradores pueden terminar dependiendo de ellas sin ser plenamente conscientes.

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