La operación militar de Estados Unidos contra el régimen de Nicolás Maduro debe entenderse dentro de una estrategia geoeconómica de mayor alcance, en la que América Latina vuelve a ocupar un lugar prioritario en la agenda de Washington. Así lo explica a Artículo14 José María Peredo, catedrático de Comunicación y Política Internacional en la Universidad Europea de Madrid, que enmarca la actuación estadounidense en una lógica de seguridad, control de recursos estratégicos y reposicionamiento global.
“El primer elemento que hay que confirmar es la situación resultante”, señala Peredo, que vincula directamente la intervención con el combate contra los cárteles de la droga que operan desde Venezuela. En su análisis, recuerda que el narcotráfico constituye una de las principales amenazas sociales para Estados Unidos, una prioridad que Donald Trump ha situado en el centro de su agenda política. “Estados Unidos considera el tráfico de droga procedente de Venezuela como una de las amenazas más importantes que tiene. Y Trump lo ha definido como uno de los principales problemas contra los que hay que luchar”, explica.
Desestabilización del régimen bolivariano
Junto a este objetivo inmediato, el profesor identifica un segundo objetivo político: la desestabilización del régimen bolivariano. Peredo recuerda que el Gobierno de Nicolás Maduro “mantiene el poder de manera fraudulenta” tras unas elecciones cuyo resultado no fue reconocido por buena parte de la comunidad internacional. Tanto Estados Unidos como la Unión Europea rechazaron la legitimidad del Ejecutivo venezolano, y que el Parlamento Europeo reconoció la victoria de la oposición.

Desde esta perspectiva, la actuación de Washington no sería un hecho aislado ni improvisado. Peredo remite a un precedente histórico claro: la intervención de Estados Unidos en Panamá a finales de los años 80 (1989) para capturar al general Manuel Noriega. “Fue una operación motivada también por los vínculos con los cárteles de la droga”, recuerda.
Intereses económicos
Más allá del componente político y de seguridad, el catedrático sitúa la operación dentro de un cambio de paradigma en el orden internacional, en el que la economía adquiere un papel central. “Estamos viviendo una transformación hacia una visión claramente geoeconómica del poder internacional”, afirma. En este contexto, cobra especial relevancia la estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos, que fija como prioridad el regreso al hemisferio occidental.
Peredo explica que durante años Washington ha mantenido un perfil bajo en América Latina, lo que ha facilitado la entrada de otros actores globales. “Ese vacío ha permitido que otras potencias, fundamentalmente China, pero también Rusia, se hayan hecho con espacios, recursos e intereses en la región”, señala.
Interés por el petróleo

Venezuela encaja plenamente en ese esquema por su enorme potencial energético: el país cuenta con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, un factor que refuerza su valor estratégico. “¿A quién no le va a interesar disponer de un petróleo cercano, viable y a buen precio?”, indica Peredo.
De ahí el interés evidente de Estados Unidos en recuperar posiciones en un mercado energético clave, que durante años ha estado fuera de su órbita de influencia directa, tal y como dejó patente Donald Trump en su primera rueda de prensa tras la operación. El alcance de la reactivación de la producción petrolera venezolana y la posible reintegración del país en los mercados internacionales dependerá de cómo evolucione este periodo de transición liderado por Estados Unidos.
En clave española, Peredo pone el acento en las relaciones entre las sociedades civiles de ambos países y en el impacto de la inmigración venezolana. “Ha sido muy beneficiosa tanto para España como para los propios venezolanos”, concluye. El escenario futuro dependerá, en última instancia, de la evolución política y geoeconómica de la región.


