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Palacio Helguera: dormir entre antigüedades en la Cantabria más auténtica

En plena naturaleza cántabra, el Palacio Helguera reúne once habitaciones, salones llenos de antigüedades, cocina con acento peruano y una piscina abierta al paisaje

Palacio Helguera: dormir entre antigüedades en la Cantabria más auténtica
Palacio Helguera: dormir entre antigüedades en la Cantabria más auténtica

Entre prados, vacas y ovejas, el camino hacia el Palacio Helguera va despertando la sensación de adentrarse en otra época. En Las Presillas, en el municipio cántabro de Puente Viesgo, la vegetación acompaña hasta la entrada. La imponente fachada de piedra, con tres arcos en la planta baja, un balcón central y escudos labrados en la parte superior te dan la bienvenida. El camino conduce hasta las puertas acristaladas, entre una fuente y árboles.

Dentro, lo primero que se percibe es la calidez. Madera, cuero, tonos tierra y chimeneas de leña componen unos interiores que invitan a quedarse antes incluso de conocer la habitación. Apetece tomar una copa de vino, mirar alrededor y dejar que la conversación se alargue.

La bienvenida del personal contribuye a esa sensación. Durante el recorrido por el palacio, sus explicaciones permiten conocer la historia del edificio y detenerse en su decoración. Hay muebles, butacas y pequeños objetos que despiertan preguntas y dan motivos para avanzar despacio.

Palacio Helguera
Una de las habitaciones del Palacio.

Un hotel anticuario en Cantabria

Detrás de su decoración está la propietaria e interiorista Malales Martínez Canut. Su afición por las antigüedades se reconoce en la selección de piezas expuestas. Los espacios comunes merecen tanta atención como las habitaciones. El salón principal tiene algo de anticuario al que se ha llegado sin buscarlo. Entre vajillas, cuadros y esculturas, la vista salta de una pieza a otra. Y entonces llega una de las sorpresas del recorrido: las piezas están a la venta. Resulta fácil detenerse ante un mueble y preguntarse dónde encajaría en casa, aunque de momento baste con disfrutarlo durante la estancia.

La decoración continúa en la escalera. Una colección de láminas de personajes de ópera, enmarcadas con el mismo formato, acompaña la subida. Su disposición ordenada llena las paredes y lleva la mirada de una figura a otra. En el descanso, una butaca de brazos curvos, junto a una lámpara y bajo una viga de madera, convierte un lugar de paso en otro rincón en el que apetece detenerse.

Palacio Helguera
Impresionante piscina cubierta con vistas.

La habitación del Barón de Puerto Rico

Las once habitaciones se reparten entre el edificio principal y las antiguas caballerizas. Sus nombres despiertan la imaginación: Duque de Wellington, Marquesa de Casa Hermosa o Barón de Puerto Rico. Cada una tiene una decoración propia. En la del Barón de Puerto Rico, una de las junior suites, las flores envuelven el dormitorio. El estampado se extiende por las paredes y el cabecero, mientras los cojines y el pie de cama incorporan otros motivos florales en tonos suaves. Las lámparas y la ropa de cama blanca completan un ambiente recogido, con ese punto de habitación de otra época que despierta la curiosidad al llegar.

Un mueble decorado con aves reúne la cafetera y unas tazas de flores que invitan a tomar un café sin salir de la habitación. Son pequeños detalles que acompañan a los estampados y al mobiliario antiguo. En el baño, llama especialmente la atención el mueble del lavabo, con sus cajones y tiradores de anilla. La grifería dorada y el gran espejo completan el conjunto, junto a un pequeño busto y una bañera exenta. El gusto por las antigüedades llega también a este rincón del palacio.

Cocina cántabra con acento peruano

La mañana comienza con el desayuno servido a la carta y en la mesa. Basta con sentarse y elegir: una tostada con aguacate y huevos a la plancha, un croissant con mantequilla y mermelada… El placer está en desayunar sin levantarse, dejando tiempo entre un bocado y el siguiente.

La gastronomía tiene continuidad en Trastámara, el restaurante del Palacio Helguera. Al frente está Renzo Orbegoso, chef peruano que incorpora referencias de su país a una propuesta de base cántabra y producto de temporada. Entre los platos destacan el nigiri de causa limeña y el steak tartar. El primero permite acercarse a esos guiños peruanos; ambos están entre las elecciones que merecen un hueco en la mesa.

Palacio Helguera
Fachada principal del palacio.

Una piscina con vistas al valle

La piscina es uno de los espacios que más invitan a quedarse. Se extiende desde el exterior hacia la zona cubierta, atravesando un arco de piedra. Desde fuera, la cubierta de teja y los muros mantienen la relación con la arquitectura del conjunto. Dentro, las vigas de madera quedan a la vista y un gran frente acristalado abre la piscina al jardín. La vegetación acompaña el baño incluso cuando toca resguardarse. Esa continuidad entre ambos espacios permite disfrutar del agua en distintas épocas del año sin perder de vista el entorno.

El gimnasio comparte esa relación con el exterior. Bajo el techo inclinado, las máquinas se sitúan frente a los ventanales y algunas incorporan madera en su estructura. La sauna completa la zona de bienestar, donde apetece prolongar la pausa antes de salir a conocer Cantabria.

Palacio Helguera
Detalle del salón principal.

Del palacio al arte de Santander

El entorno ofrece razones para salir. En Puente Viesgo, las cuevas del Monte Castillo permiten acercarse a un patrimonio mucho más antiguo: El Castillo, Las Monedas, Las Chimeneas y La Pasiega forman parte del conjunto de arte rupestre inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco.

A unos treinta minutos en coche, Santander te propone un cambio de escenario. El Centro Botín, diseñado por Renzo Piano en colaboración con luis vidal + arquitectos, invita a disfrutar tanto del arte como del propio edificio. Sus volúmenes elevados y las pasarelas que los conectan permiten mirar la bahía desde distintas perspectivas. La arquitectura, la luz y el mar acompañan la visita. El paseo puede continuar en Faro Santander, el centro de arte y cultura ubicado en el Edificio Pereda, antigua sede principal del Banco Santander. Su transformación permite descubrir otra manera de dar una nueva vida a un edificio histórico.

De vuelta al Palacio Helguera, apetece pasar un rato en sus jardines. Hay rincones para sentarse a leer, tomar una copa o simplemente observar el valle. Quedarse allí, sin otro plan, resulta especialmente agradable. En esos momentos, se entiende que parte del lujo de Helguera está en el silencio y en sentirse atendido. Con solo once habitaciones, el trato conserva una cercanía que se percibe desde la bienvenida de Gloria hasta el desayuno servido en la mesa. Quizá sea esa combinación de calma y atención la que permita, por unos días, sentirse un poco marqués.

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