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Usar aceite de coco en el pelo: el límite de tiempo que debes respetar para que no te perjudique

El aceite de coco puede ser un gran aliado capilar si se usa correctamente. Estos son los trucos esenciales

Una imagen de una chica con cabello sano y sedoso, rico en colágeno.

El aceite de coco se ha consolidado como uno de los ingredientes estrella en el cuidado capilar. Promete brillo, suavidad y reparación, y es habitual verlo recomendado para cabellos secos o dañados. Sin embargo, su uso no está exento de matices. Cada vez más especialistas advierten de que dejarlo actuar demasiado tiempo —incluso toda la noche— puede resultar contraproducente, especialmente en ciertos tipos de pelo. La clave no está solo en cuánto usar, sino en cómo y durante cuánto tiempo.

Por qué el aceite de coco actúa de forma diferente

A diferencia de otros aceites vegetales, el aceite de coco tiene una estructura molecular singular. Está compuesto en gran parte por ácidos grasos de cadena media, principalmente ácido láurico, una molécula pequeña y lineal que le permite penetrar en el interior de la fibra capilar con mayor facilidad que aceites como el de argán o jojoba, que suelen quedarse en la superficie.

Esta capacidad de penetración es, precisamente, lo que ha hecho famoso al aceite de coco: ayuda a reducir la pérdida de proteínas del cabello, refuerza la fibra y mejora la resistencia frente al daño mecánico. Pero lo que es una ventaja en dosis adecuadas puede convertirse en un problema cuando se abusa de él.

El riesgo del uso excesivo

Cuando el aceite de coco se deja actuar durante demasiadas horas, especialmente toda la noche, puede saturar la fibra capilar. En cabellos finos, de baja porosidad o poco dañados, esta saturación provoca un efecto contrario al deseado: el pelo se vuelve rígido, áspero y sin movimiento.

La razón es que el exceso de lípidos dentro del tallo capilar puede desplazar el agua, un elemento esencial para mantener la elasticidad. El resultado es un cabello aparentemente fuerte, pero en realidad más quebradizo, con tendencia a romperse al peinarlo.

Además, su textura sólida a temperatura ambiente favorece la acumulación en el cuero cabelludo, lo que puede obstruir los poros, generar sensación de suciedad, picor o incluso favorecer la aparición de caspa en personas sensibles.

Cuánto tiempo es seguro dejarlo

Los expertos coinciden en que el aceite de coco no necesita largas horas para ser efectivo. En la mayoría de los casos, basta con 30 minutos a una hora para que sus ácidos grasos actúen sobre la fibra capilar. En cabellos muy secos o dañados, se puede extender el tiempo hasta dos horas, pero rara vez más allá.

Dormir con aceite de coco en el pelo solo sería recomendable de forma muy puntual y en melenas extremadamente secas, gruesas o rizadas, siempre evitando el cuero cabelludo. Incluso en esos casos, no debería convertirse en un hábito semanal.

Cómo usar el aceite de coco correctamente

La forma de aplicación es tan importante como el tiempo. Lo ideal es usar una pequeña cantidad, previamente calentada entre las manos, y aplicarla de medios a puntas, donde el cabello suele estar más seco y dañado.

Para tratamientos prelavado, se recomienda:

  • Aplicar poca cantidad sobre el pelo seco o ligeramente húmedo
  • Dejar actuar entre 30 y 60 minutos
  • Lavar con un champú suave, insistiendo bien en la raíz

También puede utilizarse como producto de acabado, pero en dosis mínimas, especialmente en cabellos finos.

No es para todos los tipos de pelo

Aunque es un ingrediente natural, el aceite de coco no es universal. Los cabellos con baja porosidad suelen absorberlo en exceso, mientras que los más porosos lo toleran mejor. Por eso, notar el cabello duro tras usarlo no significa que esté “funcionando”, sino todo lo contrario.

Menos es más

El aceite de coco puede ser un gran aliado capilar si se usa con criterio. Respetar el límite de tiempo, entender la estructura del propio cabello y evitar el uso excesivo son las claves para beneficiarse de sus propiedades sin efectos indeseados. En cosmética capilar, como en tantas cosas, el exceso también pasa factura.

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