La muerte de cuatro cubano-estadounidenses este miércoles tras un enfrentamiento con guardacostas cubanos frente a las costas de la isla ha tensado más si cabe la ya deteriorada relación entre Washington y La Habana. Según el Gobierno de Cuba, la embarcación -registrada en Florida- penetró en aguas territoriales, se encontraba armada y abrió fuego cuando las autoridades intentaron interceptarla a aproximadamente una milla náutica de la costa. Según esta versión, los guardacostas respondieron al ataque y el tiroteo terminó con los cuatro ocupantes abatidos.
Desde Washington, el Departamento de Estado ha negado cualquier implicación del Gobierno en los hechos y ha exigido una investigación “transparente e independiente”, y ha pedido explicaciones a las autoridades cubanas por el uso de fuerza letal. Algunos congresistas de Florida han denunciado lo ocurrido como un “acto de agresión”, mientras que La Habana sostiene que actuó en defensa de su soberanía ante una incursión armada en su territorio marítimo.

El incidente se produce en un momento de grave crisis económica en la isla, con escasez de combustible, caída del turismo y endurecimiento de sanciones, y en un contexto regional e internacional marcado por la volatilidad geopolítica. Para analizar el alcance de este episodio, Artículo14 conversó con Aviva Chomsky, profesora de Historia y coordinadora de Estudios Latinoamericanos en la Salem State University (Massachusetts), autora de A History of the Cuban Revolution y coeditora de The Cuba Reader.
-Más allá de la cautela ante un hecho tan reciente, ¿cómo puede influir este enfrentamiento mortal en la ya frágil relación entre Cuba y Estados Unidos?
-Como historiadora, siempre empiezo recordando que es muy difícil prever consecuencias inmediatas. Lo que sí podemos decir es que el episodio se inserta en una larga historia de confrontación. Desde 1959, Estados Unidos ha intentado, de manera abierta y encubierta, debilitar o derrocar a la Revolución cubana. Eso condiciona la lectura que hace La Habana de cualquier incidente. Pero hoy por hoy, carecemos de información independiente suficiente sobre lo ocurrido como para anticipar con certeza un giro diplomático concreto.
-El Gobierno estadounidense ha asegurado que no tuvo ninguna implicación en la embarcación ni en sus ocupantes. Usted ha señalado en otras ocasiones que la historia de operaciones encubiertas obliga a mirar esas declaraciones con escepticismo.
-Es importante ser claros: no hay pruebas públicas de implicación estadounidense en este caso. Lo que señalo es que, históricamente, muchas operaciones contra Cuba fueron secretas y negadas inicialmente. Eso no demuestra que aquí haya ocurrido lo mismo, pero sí explica por qué en La Habana existe desconfianza estructural.

–Cuba sostiene que la embarcación estaba armada y disparó primero dentro de sus aguas territoriales. Si esa versión fuera correcta, ¿considera proporcional la respuesta letal de los guardacostas?
-Cualquier muerte es lamentable. Pero si un buque armado penetra en aguas territoriales y abre fuego contra autoridades estatales, la mayoría de los Estados responderían con fuerza. La cuestión jurídica clave sería determinar si efectivamente hubo disparos previos y si la amenaza era real e inminente. Sin una investigación independiente, eso queda en disputa.
-En 2022 ya hubo críticas internacionales por el uso de fuerza contra embarcaciones cerca de la isla. ¿Existe un patrón de actuación excesiva por parte de las autoridades cubanas?
-Ha habido incidentes polémicos, como ocurre en muchas fronteras marítimas tensionadas. Pero también es cierto que Cuba enfrenta desde hace décadas intentos de incursión armada, sabotajes y acciones violentas. El Gobierno cubano tiende a interpretar cualquier aproximación no autorizada como potencialmente hostil.

-Usted habla habitualmente de “bloqueo” o “asfixia” económica. Sin embargo, críticos del régimen cubano sostienen que la crisis económica actual responde sobre todo a ineficiencias estructurales internas.
-Sería simplista atribuir todos los problemas al embargo. Cuba tiene fallos estructurales, rigideces económicas y errores de gestión. Pero también es innegable que las sanciones estadounidenses -especialmente las medidas más recientes- limitan el acceso a financiamiento, combustible y comercio. Ambas dimensiones coexisten.
-Desde sectores del exilio cubano en Florida se afirma que el régimen utiliza episodios como este para reforzar el discurso de “país sitiado” y justificar la represión interna. ¿Comparte esa lectura?
-Es cierto que el Gobierno cubano ha construido históricamente un relato de defensa frente a agresiones externas. Pero también es cierto que ha habido agresiones reales a lo largo de décadas.

-¿Qué papel juega hoy la comunidad cubanoamericana en la política hacia la isla?
-La comunidad es diversa generacional y políticamente. El sector más conservador ha tenido gran influencia, sobre todo porque coincide con sectores del aparato de seguridad estadounidense (actualmente influido por Marco Rubio) que históricamente han favorecido una línea dura hacia Cuba. Pero también existen voces más jóvenes y plurales que defienden enfoques distintos, incluidos el diálogo y la flexibilización de sanciones.
-Usted afirma que el exilio cubano más conservador está sobrerrepresentado en la política estadounidense y lo compara con AIPAC (lobby proisraelí) respecto a los judíos estadounidenses.
-Ninguna comunidad es monolítica. En el caso cubanoamericano, hay diferencias muy marcadas. Sin embargo, el espacio mediático y político suele amplificar la voz de la extrema derecha, que está mejor organizada y financiada. Lo mismo ocurre, en mi opinión, con ciertos lobbies proisraelíes: tienen una capacidad de incidencia política que no necesariamente equivale a representar la diversidad de opiniones dentro de la comunidad judía estadounidense.

-¿Cree que este incidente puede marcar un punto de inflexión o será un episodio más en una larga historia de tensión diplomática?
-La vía más efectiva sería reactivar canales de comunicación bilaterales estables y reducir la retórica confrontativa. Medidas de confianza mutua, investigación independiente del incidente y algún alivio humanitario podrían rebajar tensiones. Pero en el clima político actual en Washington y La Habana, no parece una prioridad inmediata. Es demasiado pronto para saberlo. La relación entre ambos países ha atravesado crisis mucho más graves y también momentos de acercamiento.
