Cuba

Cuba busca su “Delcy Rodríguez”: Ana María Mari Machado gana peso ante una posible transición

Se abren las quinielas en Cuba sobre quién pilotaría una transición si Washington decidiera intervenir en la isla. Ana Mari Machado, la vicepresidenta de la Asamblea, gana posiciones mientras se desgasta el régimen de Díaz-Canel

Aunque Trump todavía no ha pronunciado la palabra “intervención” -al menos, refiriéndose a Cuba- en La Habana la pregunta ya circula. Si Estados Unidos decidiera dar un paso más sobre Cuba, ¿quién sería la figura elegida para pilotar una transición?

Cuando Donald Trump impulsó el relevo en Caracas tras la captura de Nicolás Maduro, sorprendió al designar como interlocutora y encargada de la transición a Delcy Rodríguez. No era una opositora. Era la vicepresidenta del régimen y ministra de Hidrocarburos, una de las carteras estratégicas en un país cuya economía gira en torno al petróleo. El movimiento tenía lógica: experiencia, control interno y capacidad para garantizar estabilidad en el sector clave.

La comparación se repite ahora en las informaciones que siguen de cerca la situación cubana. La isla atraviesa su peor crisis energética en décadas, con apagones prolongados, escasez de combustible y un descontento social que ahoga cada vez al régimen de Díaz-Canel. Si Washington optara por intervenir o forzar un relevo, el perfil buscado no sería necesariamente el de un opositor simbólico, sino el de alguien con poder real dentro del sistema.

Una persona camina por una calle con basura este miércoles, en La Habana (Cuba).
EFE/ Ernesto Mastrascusa

Las quinielas en Cuba

Las primeras quinielas apuntan al núcleo duro del régimen. Alejandro Castro Espín, general de brigada e hijo de Raúl Castro, es uno de los nombres que aparecen siempre. No ocupa un cargo público visible, pero conserva influencia dentro de las estructuras militares y de seguridad. Su apellido y su trayectoria lo sitúan en el centro del aparato.

La lista es demasiado larga. En ella también figura el jefe de las Fuerzas Armadas, Álvaro López Miera; el ministro de Exteriores, Bruno Rodríguez; el titular de Economía, Joaquín Alonso Vázquez; o el ministro de Justicia, Óscar Manuel Silveira. Todos forman parte del engranaje institucional que cierra filas en torno a Miguel Díaz-Canel, pero que, llegado el caso, podría reconfigurarse para garantizar la continuidad del sistema con otro rostro.

Sin embargo, en las últimas semanas ha comenzado a sonar otro nombre. Lo ha puesto sobre la mesa el opositor José Daniel Ferrer. Se trata de Ana María Mari Machado, vicepresidenta de la Asamblea Nacional del Poder Popular y del Consejo de Estado.

Ana María Mari Machado, vicepresidenta de la Asamblea Nacional del Poder Popular.
EFE/ROLANDO PUJOL

¿Quién es Ana María Mari Machado?

Su perfil encaja en una lógica similar a la venezolana. Es una figura del régimen, con décadas de trayectoria institucional, pero con menor exposición internacional que Díaz-Canel o los históricos de la cúpula militar. Conoce las redes internas del poder y ha ocupado responsabilidades en ámbitos clave del aparato judicial y parlamentario.

Nacida en 1963 en Villa Clara, licenciada en Derecho, Machado inició su carrera como asesora jurídica antes de incorporarse al sistema de tribunales. En 2012 dio el salto a la vicepresidencia de la Asamblea Nacional, cargo en el que ha sido reelegida hasta la actual legislatura. Al igual que Delcy, no sólo es un pilar fuerte dentro del aparato cubano, sino una mujer ampliamente formada y conocedora del sistema por el que funciona su país.

La clave es si Washington optaría por un perfil militar, capaz de garantizar el control inmediato del orden interno, o por una figura civil con trayectoria jurídica y parlamentaria que pudiera ofrecer una imagen más institucional de transición.

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Efe/Kiloycuarto

Un movimiento arriesgado

En el caso venezolano, la apuesta por Delcy Rodríguez respondió a una combinación de pragmatismo y estrategia. Era la mano derecha de Maduro, pero también la responsable de la cartera más sensible para los intereses energéticos estadounidenses. En Cuba, el sector clave no es el petróleo, sino el control político, la seguridad y el ministerio de Turismo, principal fuente de ingresos del país.

También es cierto que cualquier movimiento dada la situación que vive la isla podría acelerar todavía más el colapso energético o económico. Un relevo abrupto sin una figura interna con capacidad de mando podría desatar tensiones adicionales.

Ana Mari Machado representa, en ese contexto, un perfil técnico-político. No es una dirigente mediática ni un rostro internacional, pero acumula casi cuatro décadas dentro del engranaje cuabno.

La incógnita es si ese capital institucional sería suficiente para liderar una transición bajo presión externa. También si dentro del propio aparato habría disposición a aceptar un relevo que, aunque controlado desde dentro, estaría condicionado por Washington.

Por ahora, la Casa Blanca no ha dado señales claras sobre un eventual movimiento en Cuba. Pero el precedente venezolano y la presión económica sobre la isla alimentan las especulaciones. En La Habana, el debate ya no gira solo en torno a la supervivencia de Díaz-Canel, sino sobre quién podría asumir el timón si el equilibrio actual se rompe.