Durante los últimos años, cada viaje a Costa Rica ha sido distinto para Brenda Alfaro. Periodista, nómada digital y costarricense, regresa a su país varias veces al año aunque cada vez lo nota más cambiado. “Cada vez que voy se siente menos seguro. La sensación de seguridad ha cambiado mucho”, explica en conversación con este periódico.
La de Alfaro, no es una sensación aislada, sino el clima que acompaña, en buena medida, a los más de 3 millones de costarricenses llamados a las urnas este domingo.
Las principales preocupaciones son la seguridad y la economía. “Son los problemas que más me preocupan”, reconoce Alfaro. Un diagnóstico compartido por sus amigas, familiares y conocidos y que desde hace semanas reflejan las encuestas, que apuntan además a un alto nivel de abstención.

Confianza en los candidatos, recelos en los partidos
Entre los principales aspirantes, Alfaro distingue entre las personas y las partidos políticos que las sostienen. “Confío mucho en Claudia, en el sentido de que es una mujer muy preparada”, afirma, refiriéndose a Claudia Dobles, candidata que recibe el mayor respaldo de mujeres y personas menores de 34 años. Aunque pronto la periodista introduce matices. “Su partido político es muy cuestionable, sobre todo en temas de corrupción, pero ella como candidata me transmite seguridad”.
El contraste se repite con el resto de nombres en la lista. “Álvaro Fernández tiene propuestas interesantes”, señala, pero recuerda que “pertenece al partido que lideró muchos años Costa Rica y mucha gente le achaca muchos problemas”.
En el otro extremo sitúa a Laura Fernández, candidata de centro-derecha a la que descarta de inmediato. “No se alinea con mis valores ni en derechos humanos ni tampoco en la transparencia de su partido”.
Costa Rica se queda en casa
Esa falta de identificación clara con las opciones políticas explica, en parte, la desmovilización. “Hay muchísima gente confundida”, insiste. “A mucha gente le gusta Claudia, pero no el partido. Y con Laura Fernández la gente tampoco está contenta”.

Un voto fragmentado
El sistema electoral costarricense permite votar a un presidente de un partido y a diputados de otro. Una fórmula que, en este caso concreto, añade incertidumbre. “Por eso creo que el sistema va a quebrar. Porque el voto se va a romper”, advierte Alfaro.
El trasfondo económico agrava esa sensación. “Costa Rica es muy caro. El salario no alcanza”, resume. Y a ello se suma el tono del debate político. “Tampoco ayuda la forma en la que se expresa Laura Fernández. Lo mismo le pasa al candidato que está ahora”, añade, en referencia al actual presidente, cuya figura sobrevuela la campaña sin presentarse a la reelección.
Seguridad, cansancio y desconfianza
Costa Rica ya tuvo una mujer presidenta, recuerda Alfaro. Se refiere a Laura Chinchilla Miranda, la primera mujer en lograr alcanzar la presidencia del país en el año 2010. Sin embargo, apunta Alfaro, “siempre se ha dicho que nunca la dejaron gobernar y que eran los líderes hombres del partido los que tomaban las decisiones”.
La posición geográfica del país tampoco ayuda. “Estamos situados en medio de países que no tienen el nivel de seguridad y estabilidad que nosotros teníamos”, explica. Un factor que, junto al narcotráfico y el deterioro social, pesa en el ánimo colectivo.
“El ambiente está muy tenso”, describe. “La gente no sabe por quién votar”. Aunque subraya que el voto sigue siendo un valor profundamente arraigado, reconoce el temor de fondo. “Crece el miedo de que perdamos puestos en la democracia”.

Un malestar que viene de lejos
Alfaro no vive de forma directa ese cansancio diario porque reside fuera del país. Pero lo observa de cerca. “Tengo a mi familia ahí, voy constantemente y mi parte económica depende de ellos”, explica. “Yo voy y no me siento segura caminando en las calles en muchos lugares. Eso es culpa de este gobierno y también de muchos anteriores”.
“No creo que lleguemos a una dictadura, pero en Sudamérica debemos tener cuidado con esto”, advierte. “La gente está cansada, le molesta que todo sea tan caro y no confía en el sistema”.
La figura del actual presidente, recuerda, tampoco ayuda a recomponer la confianza. “Tiene una demanda de acoso sexual firme y sigue gobernando. A ese nivel de candidato actual estamos”, lamenta.

Rodrigo Chaves, presidente actual de Costa Rica, ya protagonizó titulares hace años cuando se presentaba como candidato. La campaña de 2022 estuvo envuelta de las acusaciones de las mujeres que trabajaron con él. Su caso, denunciado hasta por nueve mujeres diferentes, se convirtió en el movimiento #MeToo más relevante de América Latina. Toda esta información no impidió, sin embargo, que fuera elegido como presidente.
Este domingo, Costa Rica vota con normalidad institucional, pero con un trasfondo distinto al de otros años. Más inseguridad, y más desconfianza. Está por ver si el malestar se traducirá en cambio político o en silencio en las urnas y una segunda vuelta, salvo sorpresa, prevista en abril.

