Ejecuciones en tiempos de guerra: el régimen iraní ahorca a los primeros presos de las protestas de enero

Pese a los duros golpes militares atestados por Estados Unidos e Israel, las autoridades iraníes siguen ejecutando opositores y advierten a los civiles que no aprovechen el conflicto para rebelarse

Manifestación tras la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, en Karachi, Pakistán. EFE/EPA/SHAHZAIB AKBER
EFE

Ni los duros golpes sufridos por la aviación estadounidense e israelí frenan la espiral represiva del régimen iraní. Este jueves, las autoridades de Teherán anunciaron la ejecución pública de los tres primeros presos detenidos durante las manifestaciones del pasado enero, reprimidas con brutalidad por las fuerzas de seguridad. Se estima que miles de iraníes fueron ejecutados y detenidos, en unas protestas desatadas tras el colapso económico del país.

“Los tres condenados fueron ahorcados en la ciudad de Qom tras ser declarados culpables de asesinato y de llevar a cabo acciones operativas en favor de Israel y Estados Unidos”, informó la agencia oficialista Mizan. El régimen de los ayatolás usa los ahorcamientos públicos como una herramienta política de terror y control social, más allá del castigo penal. Tras las protestas “Mujer, Vida y Libertad” en 2022, el régimen incrementó drásticamente el uso de este castigo mortal.

Los tres jóvenes ejecutados fueron Mehdi Ghasemi, Saleh Mohammadi y Saeid Davudi, sentenciados a muerte por el delito recurrente de moharebeh (enemistad con Dios), una acusación habitual para los reprimidos por “alterar” la seguridad pública, ofender al islam o realizar supuesto espionaje para los enemigos de la nación. El viernes, la joven Melika Azizi (18 años), de la ciudad de Rasht -arrestada durante las protestas por quemar símbolos-, también fue avisada de una inminente ejecución.

Desde el triunfo de la Revolución Islámica en 1979, el régimen islamista devolvió las ejecuciones a la vía pública (en plazas o colgados de grúas) como espectáculo destinado a mostrar los largos tentáculos del estado. Acorde a la activista Masih Alinejad, los ejecutados sufrieron previamente “torturas, confesiones forzadas, sin acceso a abogados, procedimientos a puerta cerrada y sin derecho a apelación”.

Además de las ejecuciones, las Guardias Revolucionarias y las milicias represivas Basij readaptan sus tácticas para reprimir un eventual levantamiento popular, el escenario que intentan promover Israel y Estados Unidos con sus ataques que están debilitando severamente las cadenas de mando del régimen. En Teherán y otras ciudades, han desplegado checkpoints permanentes para neutralizar cualquier intenta de rebelión.

Según el medio opositor Iran Wire, fuerzas del régimen en la frontera occidental del país habrían abandonado sus bases, para recolocarse en mezquitas y otros edificios altos en poblados fronterizos. El medio digital apunta que las fuerzas alertaron a la ciudadanía ante cualquier intento de acercarse a la frontera, avisando que cualquier persona que se mueva en la zona sería disparada sin previo aviso. Desde el estallido del conflicto, se especuló con la posible participación de fuerzas armadas kurdas para liderar un enfrentamiento militar desde el noroeste de Irán.

“El traslado de las fuerzas de la Guardia Revolucionaria Islámica a espacios civiles como las mezquitas refleja una táctica común de guerra asimétrica, probablemente destinada a evitar los ataques de alta precisión de Estados Unidos o Israel, que ya han destruido una gran parte de las defensas aéreas fijas de Irán”, destaca Iran Wire. La Guardia Revolucionaria pretende así bloquear una posible invasión procedente del Kurdistán iraquí.

Parte de los ataques israelíes se centran en golpear a las milicias Basij, que según el medio Iran International se esconden atemorizadas ante el estruendo de los cazas de las FDI. En un solo día de ataque el martes pasado, el ejército israelí habría matado a unos 300 comandantes y oficiales de los cuerpos represivos. En uno de los ataques, fue alcanzado un centro de reparación y mantenimiento de una unidad de apoyo de las Basij. En dicho centro se guardaban cientos de vehículos y motocicletas utilizados en operaciones callejeras y patrullas vecinales.

Desde Israel, el primer ministro Benjamin Netanyahu consideró el jueves que hay “muchos signos” que apuntan a un potencial colapso del régimen, pero no aportó garantías de que vaya a ocurrir. “Estamos creando las condiciones para que ocurra, puede que sobreviva o puede que no”, agregó. Desde Washington y Jerusalén se sigue alentando al pueblo iraní para que tome las riendas de su destino y se rebele ante el régimen de los ayatolás, que sigue ahorcando en las grúas a los jóvenes que desafían al sistema.