Honduras

“Lo menos malo es el triunfo de Rixi Moncada”: Gilda Rivera sobre las elecciones en Honduras

Gilda Rivera, coordinadora del Centro de Derechos de Mujeres de Honduras, analiza unas elecciones atravesadas por la violencia, el machismo y la injerencia extranjera

Honduras
¿Qué votarán las mujeres hondureñas?
Efe

Este 30 de noviembre, Honduras llega a las urnas bajo un clima de tensión política, militarización y desconfianza ciudadana. Las tres principales candidaturas Rixi Moncada (LIBRE), Nasry Asfura (Partido Nacional) y Salvador Nasralla (Partido Liberal), se disputan un electorado fragmentado, mientras persisten las denuncias de fraude y la preocupación por los derechos humanos, especialmente los de las mujeres.

Según datos del Centro de Derechos de Mujeres (CDM) de Honduras, entre el 1 de enero y el 31 de octubre de 2025 se registraron 213 muertes violentas de mujeres y femicidios en el país, además de 27 homicidios múltiples que dejaron 91 víctimas, de las cuales 13 eran mujeres. Estas cifras, basadas en los datos de la prensa escrita y digital, reflejan una realidad alarmante que condiciona el voto femenino y la agenda de género en los comicios. Desde Artículo14 hablamos con Gilda Rivera, coordinadora ejecutiva del CDM para que nos comparta su perspectiva.

Gilda Rivera, coordinadora ejecutiva del Centro de Derecho de Mujeres
Centro de Derechos de Mujeres

El legado de Xiomara Castro

Para Gilda Rivera el estado de excepción impuesto por la presidenta Xiomara Castro ha tenido efectos preocupantes sobre los derechos fundamentales. Señala que “autoriza al gobierno a restringir derechos y garantías constitucionales con el pretexto de garantizar el orden público”, lo que en la práctica “limita la libertad de circulación, autoriza detenciones sin orden judicial y más presencia de fuerzas de seguridad (en su esencia represivas) en las calles”.

Aunque la medida se justifique como respuesta a la criminalidad organizada, Rivera advierte que las organizaciones de derechos humanos “conocen casos de detenciones arbitrarias, allanamientos sin autorización legal y abuso en la aplicación de la fuerza”. Para las mujeres, añade, los riesgos son aún mayores: “han sido víctimas de detención ilegal y tratos discriminatorios de parte de los que deben garantizar su seguridad”. En su análisis, la crisis de seguridad afecta de forma diferenciada a las mujeres, sobre todo a las que asumen roles de cuidado y tienen responsabilidades familiares, porque “dificulta el acceso al trabajo, a servicios básicos y a posibles apoyos en sus comunidades”.

Xiomara Castro
Xiomara Castro, presidenta de Honduras
EFE

Rivera reconoce que el impacto simbólico del gobierno de Castro como primera mujer presidenta es innegable, pero cuestiona su compromiso con las demandas feministas: “El estado de excepción y el no poder o no querer impulsar propuestas de las mujeres organizadas, como la despenalización del aborto o la ley integral contra las violencias hacia las mujeres, relativizan ese legado”. Según afirma, “la estructura económica y social que genera inequidades, violencias y relaciones sociales desiguales se mantiene inalterable”.

Rixi Moncada

Sobre una posible presidencia de Rixi Moncada, Rivera se muestra cautelosa. Reconoce que el triunfo de la candidata oficialista podría significar cierta continuidad en la promoción de políticas públicas sensibles al género, pero advierte que el contexto es adverso. “Un probable triunfo electoral de Rixi Moncada en un contexto con altos índices de violencia, criminalidad organizada y femicidios presenta muchas dificultades”, sostiene, subrayando los obstáculos estructurales como “la cultura política nefasta, el caudillismo, el machismo, el predominio de pensamientos y prácticas patriarcales”.

Mujeres venden verduras en un mercado en el Centro Histórico de Tegucigalpa (Honduras)
EFE

Rivera considera posible que “se fortalezcan algunas conquistas logradas por las mujeres y se logren otras como la reducción de femicidios o la inequidad laboral”, aunque duda de avances en temas más sensibles como “la despenalización del aborto o la garantía legal a derechos reproductivos”. En su opinión, “cualquier esfuerzo no va a ir más allá de algunas reformas que no alteran la estructura fundamental que genera violencia y desigualdad”.

También advierte que el alcance de cualquier política dependerá de la voluntad política y de los recursos disponibles: “De tomarse acciones políticas que pretendan mejorar la vida de las mujeres y disminuir las desigualdades, también serán relativizadas por debilidades presupuestarias”. Para la activista, el cambio requerirá “participación ciudadana muy beligerante, que exija, que sea muy crítica, y la casi necesaria cooperación internacional”.

La oficialista de izquierda Rixi Moncada y los derechistas Salvador Nasralla y Nasry Asfura

Pese a las limitaciones, Rivera concluye que, entre las tres candidaturas principales, “lo menos peor es el triunfo de Rixi Moncada”. Desde su perspectiva, Nasralla y Asfura representan un retroceso en materia de derechos humanos y diversidad: “Claramente ellos se han pronunciado en contra de muchos derechos de estas poblaciones; son admiradores de Milei, Trump y Bukele y atacan lo que para ellos es la ‘ideología de género’”.

La injerencia de Washington

El debate electoral también ha estado marcado por la intervención del presidente Donald Trump, quien respaldó abiertamente a Nasry Asfura, a quien calificó como “el único verdadero amigo de la libertad en Honduras”. Para Rivera, estas declaraciones son un ejemplo de injerencia extranjera inaceptable: “La actual Administración norteamericana ha demostrado un alto nivel de injerencia no solo en el proceso electoral sino en muchos aspectos de la realidad de este país; nos siguen considerando ‘su patio trasero’”.

Si Asfura llegara al poder, advierte Rivera, “es muy probable que se tenga más desconfianza en asuntos de derechos humanos, soberanía nacional y dependencia frente a los Estados Unidos”. Entre las consecuencias que anticipa, menciona la “profundización de la injerencia” y la “entrega del territorio a través de proyectos extractivistas” o la reactivación de las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDES), que considera una amenaza a la soberanía. “Muchos de los condenados por narcoactividad han sido miembros del Partido Nacional, a quien un juez federal norteamericano calificó como una ‘peligrosa organización criminal’”, recuerda.

En un país donde más de doscientas mujeres han sido asesinadas en lo que va del año y la militarización ha desplazado el enfoque en derechos humanos, el voto femenino se perfila como un factor decisivo. La pregunta que nos plantean las declaraciones de Gilda Rivera, no es solo quién gobernará Honduras, sino si el próximo gobierno, sea quien sea, estará dispuesto a romper con las estructuras que perpetúan la violencia y la desigualdad.

TAGS DE ESTA NOTICIA